Haber cuidado de tu hija

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Hürrem Sönmez

@hurremsonmez

Abogada (Samsun, 1974). Estudió a partir de 1991 Derecho en Estambul, ciudad donde vive desde entonces. Trabaja como abogada desde 1998, sobre todo en el ámbito de la defensa de los derechos humanos y la libertad de expresión.

Publicado el 27 Jun 2019

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Sule Çet tenía 23 años y era estudiante en la Universidad de Gazi. El día de su cumpleaños, la noche del 28 al 29 de mayo, cayó del piso 20 de un edificio de oficinas y se mató.

Las últimas personas que vieron a Şule con vida eran dos hombres, Çağatay y Berk. Dijeron que se había suicidado y fueron puestos en libertad bajo control judicial. En su declaración, Çağatay dijo: “Intenté impedírselo. Intenté agarrarla cuando saltó, pero no lo conseguí.Me hice heridas en los dedos al querer sujetarla mientras se tiraba. Teníamos una relación como de hermano mayor a hermana. Se tiró diciendo: ‘No quiero vivir’”.

Si sus amigos y familiares no se hubieran rebelado contra esa muerte, si no hubieran lanzado una lucha en los tribunales, si no fuera por el rigor con el que trabajaron sus abogados, nunca habríamos conocido la historia de Şule. Habría sido una de esas muchas mujeres cuyo nombre ignoramos y por cuya muerte nadie ha rendido cuentas nunca. Çağatay y Berk, acusados en libertad, habrían seguido paseando por la calle como si tal cosa. Tal vez hasta se habrían reído: “Qué bien hemos salido de esa”, habrían dicho.

Pero resulta que el informe forense encontró pruebas de que Şule había sido violada. Bajo sus uñas se encontraba ADN de dos hombres distintos. Un mes y medio más tarde, Çağatay y Berk pasaron a prisión preventiva.

Ayer tuvo lugar una sesión del juicio. Cientos de personas acudieron al juzgado. Porque el juicio de Şule es un ejemplo para todos nosotros.

Los jueces tienen la convicción de que un hombre que viste traje de chaqueta no puede hacer nada malo

Los acusados entraron en la sala en traje de chaqueta y bien afeitados. Es importante vestir traje de chaqueta. Los jueces varones, como sabéis, tienen la convicción de que un hombre que viste traje de chaqueta no puede hacer nada malo. Con todos los hombres en chaqueta que hemos visto y que dentro llevaban a un asesino o un violador en potencia.

El padre de Şule confirmó durante el juicio que la chica fallecida era su hija. Çağatay le respondió: “Pues haber cuidado mejor de tu hija”.

Esta frase es la que está escondida tras tantos asesinatos de mujeres en nuestro, tras tantas violaciones: “Si hubieras cuidado de tu hija…”

En este país, para que una mujer siga viva, para que no sufra abusos, hace falta que otro hombre la proteja. Lo de cuidar no es simplemente proteger, va más allá: la expresión en turco indica que se requiere una relación de posesión, de ser dueño y responsable. Una mujer sin dueño va a cualquier parte, y luego, claro, le pasan cosas que nadie quiere. Por eso es tan importante que tenga límites, y esos límites los debe poner el padre, el marido, el hermano mayor; siempre hay que tenerla bajo control.

Esta frase de la boca del acusado no solo se dirige al padre de Şule: es una respuesta y una amenaza dirigida a todas nosotras. Es más: esta frase no solo representa al acusado, sino a una considerable parte de la sociedad.

Una mujer que bebe alcohol y que tiene relaciones sexuales es normal que acabe matándose; ese es el mensaje que a diestro y siniestro difunden hombres cual oráculos profundos en sus sermones y sus declaraciones.

Cuidad de vuestras hijas: si no las controláis, podemos matarlas, podemos violarlas cuando menos te lo esperas. Camina con la cabeza gacha, viste con decoro, no te pasees por la calle después de que oscurezca, no vaya a ser que te violemos. Cuando menos te lo esperas, obviamente.

No es casualidad que se parezcan tanto los discursos de defensa en los juicios por crímenes contra mujeres. Ella bebía alcohol con hombres que no conocía, paseaba por la calle a solas a horas nocturnas, cambiaba mucho de novio, no se sabe con quién se acostaba y con quién se levantaba…

La ‘solterona’ que acaba de mudarse al barrio se convierte en una amenaza: no tiene dueño

Todo esto se vuelve un argumento en boca de los abogados a la hora de defender al acusado, porque ante algunos jueces puede servir de atenuante. Lamentablemente también una parte de las mujeres acepta esta regla no escrita de la comunicación entre hombres. La ‘solterona’ que acaba de mudarse al barrio se convierte en una amenaza: no tiene dueño. Antes de establecer relaciones vecinales con ella se hará una prueba: es de temer que haya venido para embobar a los buenos padres de familia. Se pregunta qué viste, con quién habla, cuándo, aunque nadie pregunta nunca por la hipocresía de esos mismos buenos padres de familia cuando no paran de mirar a esta mujer que vive sola o cuando directamente la acosan.

Hace poco se filtró a la prensa lo que ocurrió en una entrevista de trabajo entre una joven y un ex agente de policía nombrado director de una empresa municipal de Mardin, donde la alcaldía está intervenida por el Gobierno. Con la excusa de que ocupaba el sillón de dirigente, el señor acosaba a la chica: “Este trabajo lo quiere mucha gente, pero yo tengo una debilidad por ti, si me dices vale, te doy el puesto”, le dijo. Pero sin dejar de remachar: “Yo tengo muchas mujeres, tengo conquistadas a unas cuantas mucho más guapas que tú, pero tengo debilidad por ti”. En otras palabras: No te lo creas mucho, si te he escogido a ti es un favor que yo te hago”.

Después del juicio de ayer vi un mensaje que un colega de trabajo de Şule había difundido en las redes sociales. Decía así: “Şule no tenía una vida bonita pero tenía esperanzas”. ¿No te llega al corazón? Porque eso lo conocemos todas, hayamos vivido mucho o poco. Millones de mujeres en este país no tienen una vida bonita; lo que hay es una vida que acorrala a las mujeres que quieren vivir una vida bonita sin que les insinúen a cada paso el honor femenino. Esto es una realidad que no cambia por diferencias sociales como vivienda, nivel de educación o poder económico. Las mujeres se ven expuestas a la humillación y al maltrato por parte de los hombres tanto en las urbanizaciones de lujo de los distritos nobles como en los barrios menesterosos de los suburbios.

Las mujeres de Irán que se quitan el velo para ondearlo cual bandera de la libertad son nuestras hermanas

Pero al mismo tiempo, este punto compartido de la amenaza de “Controla a tus hijas” es una rama a la que agarrarnos: si hay una esperanza para millones de mujeres que quieren tener una vida bonita es la empatía, la hermandad de mujeres, algo que nos lleva a decir “No estoy sola en este mundo cruel”. La actitud de los hombres y los poderosos hacia las mujeres es desde hace mucho la prueba del algodón de la civilización, y serán las mujeres que sobre esto edificarán una nueva civilización que convierta el infierno en paraíso.

Las mujeres valientes de Irán que pese a todas las presiones, frente a todas las amenazas, se quitan el velo de la cabeza para ondearlo cual bandera de la libertad, estas mujeres que no conocemos son nuestras hermanas. Mina Mangal, una de las mejores periodistas y feministas, que ha luchado a favor del derecho de la educación de las mujeres en Afganistán y contra los matrimonios forzosos y que fue asesinada hace pocos días, es hermana nuestra.

Tenemos que hablar por todas estas mujeres que están en alguna parte del mundo que no conocemos, cuyo nombre, rostro e idioma ignoramos. Es más, a los miles de hombres que, como si no bastara con las alusiones y chistes sexistas diarios, dicen sin sonrojarse frases como “hablar por detrás como una mujer”, nosotras vamos a decirles cara a cara: “Nadie tiene que controlar a nadie. Lo que ustedes tienen que hacer es aprender a ser persona”.
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