«En Grecia se canta la buena poesía»

Aurora Luque

Publicado por

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.

Publicado el 9 Oct 2019

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Aurora Luque | Cedida por la autora


Sevilla  |  Noviembre 2011

Son días de agitación y esperanza a partes iguales. El ¡Indignaos! de Stéphane Hessel figura en lo más alto de las listas de libros más vendidos en España, desde el mes de mayo la Puerta del Sol de Madrid es el epicentro de un movimiento social sin precedentes en la democracia española, y todos los informativos muestran cómo arde la plaza Syntagma de Atenas en los enfrentamientos entre el pueblo desesperado por la crisis y las fuerzas del orden. ¿Qué puede decir una poeta antes esa coyuntura? Si la poeta es Aurora Luque (Almería, 1962), mucho.

En el momento de la entrevista todavía no ha publicado Personal & Político ni Los limones absortos, pero es ya dueña de una obra con notables títulos como Carpe noctem, Transitoria o La siesta de Epicuro, y ha hecho de la mediterraneidad y de su filiación grecolatina una bandera no solo estética, sino también un modo de navegar en los turbios tiempos que corren.

Ahora, con motivo de la concesión del premio Loewe a la autora por su libro Gavieras, M’Sur recupera esta conversación.

Grecia, que para muchos ha sido la cuna de la civilización, hoy es noticia solo por la crisis. ¿Cómo lo vive una amante de Grecia como usted?

Hay que tener mucho cuidado con las noticias, porque las malas suelen ocultar la realidad de los países. Me ha pasado hace poco en México, adonde viajé muy alarmada por los últimos sucesos, y es verdad que hay una situación de inseguridad preocupante, pero también una vida cultural de una vitalidad y una pujanza envidiable. En Grecia puede que esté sucediendo lo mismo, lo que está fallando es un modelo de economía y de entender la gestión que tiene que revisarse. Hay poetas como Jorge Riechmann que desde la poesía están haciendo análisis muy lúcidos en ese sentido. Pero creo que la vida cultural, en lo más profundo, lleva un camino distinto al que nos venden.

¿Cree que puede estar a salvo del temporal?

Si nos pusiéramos en el día a día de la vida de los escritores de allá, nos llevaríamos algunas sorpresas. Tal vez no les afecte tanto en sus procesos de creación. Por otro lado, me produce melancolía esa mala prensa, ese estar en boca de todos de Grecia, porque afecta al prestigio del país. Estaba levantando cabeza con el turismo, llevaba unos años de florecimiento de la vida cultural, con mucha actividad en los barrios, que ahora ha quedado paralizada y sustituida por un sentimiento de culpa y desgana que conocemos en España, y que nos paraliza. Las ideas creativas no cotizan en bolsa, los buenos argumentos de novela o los versos van a seguir ahí y van a dar incluso una crónica muy palpitante de lo que está pasando. Grecia tiene muy buenos poetas, muy buenas editoriales, y no creo que eso se vaya perder.

Si preguntamos a lectores de poesía sobre autores griegos, o bien se van a la antigüedad clásica o bien se quedan en Cavafis, Seferis y Elytis. ¿Hay algo más actual?

Claro, pero ese muro invisible se tumba con la curiosidad. Creo que hay más curiosidad por parte de los países pequeños hacia los grandes que al revés. Somos muy ombliguistas, hay mucha onphaloscopia, tendemos a no interesarnos demasiado. Allí puedes encontrar ediciones muy cuidadas de autores españoles. Y la obra completa de Elytis fue un best-seller allí, algo inimaginable en España con un poeta. Hay también algo muy interesante, y es una gran cantidad de poesía cantada, mientras que aquí el cantautor es todavía un ser muy sospechoso. Hay discos enteros de Seferis, de Elytis, de Cavafis, se canta la buena poesía. Se trata de tener curiosidad, individual al menos.

Ahora, viendo las noticias, da la impresión de que allí uno solo va a tropezarse con disturbios, ¿no?

Sí, y seguramente están solo en Atenas y muy localizados. En cambio, yo recomiendo pasar por las calles que hay alrededor de la universidad, llenas de librerías con un buen gusto increíble. Hay que ir a conocer eso. También está el problema de la lengua, pero se habla mucho español y mucho inglés, y ellos hacen un esfuerzo por comunicarse y acercarse a nosotros.

Ahora que Luis García Montero y otros compañeros defienden que la poesía tiene que hacer política y venir al rescate, no de los bancos sino del alma humana, ¿qué cree que puede hacerse desde este oficio?

Yo recomendaría a todos los indignados que leyeran la obra de Jorge Riechmann. Es un poeta muy comprometido y que realmente propone soluciones aplicables y de una inteligencia asombrosa. Su último libro, El común de los mortales, en Tusquets, podría ser un breviario para los indignados a los que a veces se les reprocha falta de ideas. Son textos serios y responsables que dan soluciones, caminos y propuestas a la crisis, y para que los jóvenes tomen nota.

¿Se está dando en Grecia una reacción parecida?

No lo conozco, ahora hace tiempo que no voy, no por falta de ganas. Lo que da miedo es que se disuelva el movimiento de los indignados, que no tenga una plasmación política. Tomás Segovia, que ha muerto hace unos días, en un homenaje que se le dio en Morelia se le preguntó por eso y quiso dejar muy claro que las protestas no van contra la política, sino contra un modo deshonesto de hacer política. Cualquier intento de separar las protestas de la política como herramienta legítima es una voluntad de ensuciar la postura de los que protestan. No se está contra la política, sino contra quienes la han hecho de manera fraudulenta y engañosa. Lo dijo con mucha vehemencia, y ahí creo que está la clave. Puede haber un cauce más político para esas protestas, en España como en Grecia. Que no quede todo en manifestaciones callejeras. Antes de venir estuve en Nueva York, vi a la gente del movimiento Occupy Wall Street, era todo muy hippie pero con mensajes bastante radicales.

Hablando de indignados que reivindican democracia real, siempre la he oído sugerir hacerlo volviendo sobre Tucídides y otras fuentes clásicas…

Pues sí, precisamente Tucídides es muy lúcido y adecuado para entender las trampas de la democracia que dice una cosa y hace otra. Y cómo a veces bajo la legitimidad de la democracia se adoptan posturas de fuerza intolerables. Eso en tiempos de guerra se ve muy bien. Pero también lo vemos ahora con presiones sobre los ciudadanos que poco o nada tienen que ver con la democracia. Se hace muy bien en protestar y buscar el sentido original del poder del pueblo. Ahora parece que está mal vista la palabra “pueblo”, parece cargada de un discurso de izquierdas que nos obstinamos en ver anticuado, cuando en realidad es el que puede dar una respuesta clara a lo que pasa.

¿Es pues, más que nunca, el momento de volver a esos clásicos?

Los clásicos siempre dan pistas, también sobre la opción de vivir… Ahora estoy retomando a Ovidio con la traducción de Gonzáles Iglesias. Y se ve cómo se le castigó por diseñar su propia vida, según sus propios principios y de un modo nada seguidista de los programas de Augusto. Es disidente por individualista. Deberíamos reclamar el derecho a diseñar nuestra propia vida, sin someternos al dictado del Estado. En el caso de Ovidio, es su propio hedonismo y su propia tarea literaria lo que defiende, y por eso sufre destierro. Hay mucho que aprender, y para cada época unos autores u otros nos dan sugerencias muy ricas y valiosas.

En los años 70 y 80, la poesía española volvió la mirada hacia ese mundo clásico, más o menos tópico, desde Villena y Rossetti hasta otras más jóvenes como Mercedes Escolano o usted misma. La tradición grecolatina fue un espejo de independencia y de sensualidad. ¿Cómo lo vivió personalmente? ¿Había ahí una fuerza transformadora de la sociedad, o solo lo vemos a posteriori?

Yo veía como algo muy grato que otros poetas recurrieran a autores que a mí me estaban deslumbrando conforme los descubría. Pero fíjate, es con el paso de los años como te das cuenta del valor que tienen los clásicos como herramientas. Hemos hablado de Tucídides y de Ovidio, pero es que toda la tradición que va de Epicuro, Lucrecio, todos los elegíacos latinos, que viven realmente el carpe diem, que no es una idea retórica, no creen en providencias ni nada… Ese compromiso con el mundo presente, y no con el más allá, es también muy necesario.

¿Qué nos enseña?

No olvidar que no podemos dejar la justicia, el arte, la solidaridad o la democracia para después de la vida. Hay que aplicarlos aquí y ahora, y que no nos vendan otras soluciones. Hay que vivir el día en toda su plenitud, con toda la responsabilidad y con toda la belleza. Es una lección horaciana, vive tu día, que no sabes si va a haber otro. Con el placer y con la obligación.

Muy apropiado para los años de la Transición y posteriores, ¿no?

Ahí había, en efecto, una lección que intuíamos en los 80. Ese camino materialista –otra palabra muy desprestigiada ahora– invita a no aplazar las soluciones. Hay un prestigio renovado de las religiones, de todas, y sin embargo parece que vivir prescindiendo de la visión religiosa del mundo ha caído en un descrédito, y eso es muy peligroso. Quizá los poetas, los clásicos y los de hoy, puedan dar bastantes sugerencias desde el ángulo social, ecologista… A veces hay mensajes demasiado programáticos, pero cuando se conserva el lirismo, el resultado es impresionante.

¿Qué libro dejaría en la mesita de noche del nuevo primer ministro griego?

Vuelvo sobre Tucídides, por supuesto. El Libro Segundo.

© Alejandro Luque 

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