«Los gitanos nunca te señalan por tu origen»

Concha Buika

Publicado por

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.

Publicado el 22 Oct 2019

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Concha Buika | Foto promocional


Sevilla  |  Octubre 2019

Concha Buika (Palma de Mallorca, 1972) no puede esperar para contar la anécdota: “Nada más aterrizar en Sevilla, cogí un taxi para llegar al hotel. ‘¿De vacaciones?’, me preguntó el conductor. ‘No’, le dije, ‘vengo a cantar’, al Maestranza. ‘¿Y qué va a cantar?’ ‘Flamenco’, respondí. Y casi para el taxi: ‘¿Cómo que a cantar flamenco? ¡En todo caso vendrás a aprender! Me quedé muerta, tuve que explicarle que era broma”, recuerda, y estalla en una carcajada contagiosa.

El buen humor no parece nunca abandonar a esta artista, hija de emigrantes guineanos afincada en Miami después de un largo tiempo en España, que en 20 años de andadura y con una docena de discos ha logrado dar otro sentido al tan traído y llevado mestizaje musical, para finalmente dar forma a un sonido único e inconfundible. Decidida a cerrar una etapa e inaugurar una nueva, esta noche actúa en el citado coliseo sevillano para hacer repaso a los hitos de su trayectoria. “Un par de temas de cada disco”, anuncia. “Lo mío es lo ecléctico, papi”.

 

El hecho de haber nacido en Mallorca, ¿le ha dado a usted cierta vocación de isla?

Evidentemente, el lugar en el que naces y te crías te da otra sangre para todo lo que hagas. Nos influye mucho. Una se siente afortunada de haber nacido en Mallorca, que es una tierra maravillosa, pero tampoco me hubiera importado nacer en Sevilla, ¿eh? Habría sido otra bendición.

En Sevilla también habría podido acercarse a los gitanos, como hizo con las del barrio mallorquín de Son Gotleu. Mucha gente las considera comunidades muy cerradas, ¿usted lo desmiente?

¿Cerradas las comunidades gitanas? ¿Desde cuándo? Los gitanos nunca te señalan por tu origen o tu aspecto, aunque a mí me llamaban “la paya de color” [risas]. Pero han sido maravillosos siempre, y sigo muy vinculada a ellos. Doy gracias a dios de poder formar parte de la familia de los Porrina, de tener a un “padre” como Ramón el Portugués, que tan importante ha sido en mi vida. Me refuerza en mi amor al flamenco, a ese color, a esa pureza…

El flamenco también es considerado a menudo un coto vedado. ¿A usted le han pedido las credenciales para colarse en él?

«Como el jazz, que fue acogido por todo el mundo, el flamenco se ha expandido en todas direcciones»

Yo soy muy descarada, lo reconozco. Y además, no puedes cerrarle la puerta a quien viene a amarte. Hoy el flamenco es universal, y puedo decirte que en las cinco giras mundiales que llevo, ¿quieres creer que, allí donde llegues, hay una comunidad rendida totalmente a esa música? En México, en Colombia, en Japón, donde vayas hay grupos de flamencos intentando respirar, gente que se esfuerza muchísimo por aprender, con muchísimo respeto. El flamenco debería estar orgulloso. Como el jazz, que fue acogido por todo el mundo, el flamenco se ha expandido en todas direcciones.

Ya que menciona el jazz, usted ha tocado con monstruos como Chick Corea. ¿En esas ocasiones se le exige estudiar más, o usted se suelta y que todo fluya?

Estudiar es importante siempre, pero lo más importante es el pellizco. Hay que ser valiente, tener gallardía, y no olvidar de dónde vienes cuando te toca salir al escenario con esas fieras. Y pensar que si te han escogido, es por algo. En el flamenco pasa a menudo una cosa, y es que te hacen creer muy temeroso de los muertos, te meten en la cabeza que nunca serás tan bueno como los que se fueron. Y el miedo no es un buen consejero. A los maestros hay que tenerlos presentes, pero también entender que este es nuestro momento.

Recuerdo que una tienda de discos de Estambul mantuvo un poster suyo de tamaño natural durante varias temporadas. ¿Oirán los turcos lo mismo que los estadounidenses cuando suena una canción suya?

Sin duda, todos estamos unidos ante la música, hermanados por una canción. Tanto que borra todas las diferencias. Por un momento, mientras escuchamos música, somos iguales. Es un milagro, como nosotros lo somos también. Lo ves sobre todo en un teatro, donde todos estamos juntos escuchando a la vez y las barreras desaparecen.

¿Lo mismo sucede cuando canta usted con otros artistas, como la griega Elefthería Arvanitáki, la portuguesa Mariza, o la luso-canadiense Nelly Furtado?

Sí, ahí se trata de que dos voces suenen como una sola. No es fácil, pero los artistas estamos acostumbrados a los retos.

Volviendo al flamenco, los Grammys han eliminado la categoría de flamenco por falta de candidaturas. Usted, que ha ganado ese premio, ¿quién cree que pierde más?

El flamenco es tan grande que no necesita una candidatura, el premio más grande es estar en el corazón de todo el mundo, que la gente siga escuchándolo y asuma como algo natural esos ritmos tan complejos. Es eso lo que lo hace más vivo que nunca. Son los Grammys los que pierden con la eliminación de esa categoría, y dejando estilos que, con todos mis respetos, no son gran cosa.

Afirma que nunca sabe a ciencia cierta qué cantará en sus espectáculos. ¿Su banda tiene que ir con el repertorio completo preparado?

«Yo soy como el toro que sale a la plaza, hasta que no estoy ahí no sé por dónde voy a tirar»

Sobre todo tienen que estar abiertas a la improvisación. Los escenarios están muy vivos, la gente te va guiando en una u otra dirección. Y yo soy como el toro que sale a la plaza, hasta que no estoy ahí no sé por dónde voy a tirar.

Por cierto viene con una banda formada íntegramente por mujeres. ¿Por qué no se verán más de esas?

No lo sé, es un misterio. Mujeres haciendo música hay desde hace muchísimos años, tocando genial, con un sonido muy bueno, pero curiosamente sigue llamando la atención una banda como esta. Yo las escogí no por nada, sino porque tocan muy bonito, pero causa extrañeza. Cuando van solo hombres, nadie te pregunta. Yo creo que las audiciones para hacer bandas tendrían que ser a ciegas, solo escuchando. Por suerte, la visión está cambiando.

¿Hay entre ustedes una complicidad particular en los ensayos o en el escenario, o daría igual que fueran varones?

«En lo único en que se nota que la banda son mujeres, es que después del show todas estamos durmiendo»

En lo único en que se nota que son mujeres, es que después del show todas estamos durmiendo [risas]. Los chicos se te despistan un poquito, sobre todo si son flamencos, o cubanos, o africanos… bueno, todos [risas]. Digamos que con las chicas las mañanas son diferentes. Bromas aparte, no veo muchas diferencias, estamos rendidas a algo más grande que nosotras, que es la música. Esa es la que reina.

Hace unos años reveló usted aspectos de su vida privada que causaron un gran revuelo. ¿Le sorprende que siga escandalizándose el personal por vivir con un hombre, con una mujer o con ambos?

Creo que el mundo entero ya no tiene posibilidad de escandalizarse, y cuando finge hacerlo, lo que hace es el tonto. Toda la vida ha habido de todo, lo que pasa es que no se ha contado. No hay nada especial en eso. Este mundo es muy viejo. Y no hace falta ponerse delante del micro y ponerse como alguien impecable, que nunca huele mal, porque no existe el blanco, ni el silencio. Animo a todo el mundo a ser como es; mientras seas buena persona todo está bien.

¿Sobra hipocresía?

Sí, y ya está bien de hacer que tengamos miedo. Hay muchas personas que escuchan más las voces de fuera, pero las de dentro son más fuertes. A eso nos enseña el flamenco, a tener gallardía, a tener el valor de contar la verdad. Somos seres maravillosos, y con esa verdad tenemos que caminar.

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© Alejandro Luque  · Especial para M’Sur

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