Teólogos del sexo

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Sanaa El Aji

@SanaaElAji

Socióloga (Casablanca, 1977). Empieza a trabajar como periodista en el semanario Nichane en 2006 con un reportaje sobre chistes irreverentes, por el que se le condena a tres años de cárcel (con pena suspendida). Continúa publicando en diversos medios marroquíes y hasta 2017 fue columnista del diario arabófono Al Ahdath Al Maghribia, uno de los diez periódicos más vendidos de Marruecos.

Publicado el 2 Nov 2019

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Hubo uno que escribió, con cierta sorna: “Si el problema del aborto lo sufrieran los hombres en sus carnes, las píldoras abortivas se venderían en las fruterías”.

Aparte del tono burlón que subyace en la frase , esta visibiliza un problema fundamental de nuestras sociedades y que tiene que ver con la la posición y la imagen de la mujer en numerosos debates sobre los derechos humanos.

Vamos a considerar tres ejemplos: el aborto, las libertades sexuales y la presencia de las mujeres en diversos organismos o entidades públicas.

Hace varias días se otorgó en Marruecos el Premio marroquí al Libro. Y aunque es posible aceptar que todos los ganadores sean hombres – porque el premio hay que recibirlo por mérito y no por pertenecer a un sexo determinado – ¿cómo nos explicamos que en el jurado solo hubiera dos mujeres en un total de 9 miembros? ¿Cómo explicamos que la única mujer sobre el escenario durante la fiesta de entrega de los premios fuera la presentadora? Todo eso, cuando las voces femeninas tienen una fuerte presencia en el panorama cultural marroquí.

Cuando hay una relación sexual libremente consentida, consideramos responsable a la chica

Justo lo contrario ocurre, por ejemplo, en las Facultades de Medicina de Marruecos: desde hace algunos años, la mayoría de los estudiantes son chicas, en una proporción que ya supera los dos tercios. Y resulta que algunos responsables de la Universidad han empezado a pensar en aplicar medidas de discriminación positiva a favor de los varones.

Es decir: que haya pocas mujeres no molesta a nadie. Pero cuando hay mayoría de mujeres en alguna institución importante, entonces sí que nos ponemos a pensar en la discriminación positiva para limitar el espacio que ocupen ellas.

¿Y por qué no aplicamos la misma lógica a las profesiones que consideramos más despreciadas y en las que trabajan habitualmente una gran mayoría de mujeres? ¿Por qué no pensamos en aplicar medidas de discriminación positiva en los oficios de limpiadoras de casas o de empresas? Ah, no… la mayoría de mujeres solo molesta en profesiones como la Medicina, la Arquitectura, la Administración o los oficios creativos.

Vayamos al segundo caso: ¿Somos conscientes de que decimos que la religión prohíbe las relaciones sexuales sin matrimonio, pero que en la realidad cerramos los ojos a las relaciones que tengan los hombres? Cuando hay una relación sexual libremente consentida, consideramos responsable a la chica. Si se queda embarazada sin estar casada, la responsable es ella. Incluso cuando la violan o acosan, consideramos que ¡la responsable es ella!

Si ella decide poner fin a un embarazo porque no se siente preparada para ser madre, la consideramos una criminal degenerada y le negamos el derecho al aborto, mientras que nadie juzga al hombre. Pero si, en cambio, decide tener el bebé, también la consideramos una degenerada de vida disoluta y la castigamos imponiéndole un montón de restricciones. Mientras que nadie habla de la responsabilidad del hombre en la relación, y ni siquiera de su responsabilidad por haber abandonado a ella y a su hijo o hija.

¿Será que las relaciones sexuales de los hombres son lícitas y las de ellas, ilícitas según la fe? ¿O será que envolvemos nuestros usos y costumbres en el manto de la religión solo para reprimir mejor el cuerpo de la mujer?

Hace unos días salió a la palestra el teólogo Ahmed Raissouni, miembro y presidente de la Unión Internacional de Académicos Musulmanes, mediante una larga carta que humillaba los derechos de las mujeres. En uno de los párrafos, Raissouni escribió: “Últimamente vemos a algunas mujeres perdidas levantar pancartas en las que proclaman que han tenido sexo ilícito y que han cometido un aborto ilícito. Es lo que les han dictado. Pero es obvio por su mal aspecto que no tienen manera de acceder al sexo, ni lícito ni ilícito”.

Primero: ¿cómo puedes considerarte teólogo y un hombre de la fe y burlarte de la creación de Dios? ¿Estás mofándote de la creación o del creador? ¿Qué ética y qué devoción son estas que te permiten ofender de esta forma impúdica a quienes tienen una opinión distinta a la tuya?

¿Creías, venerable señor teólogo, que el sexo es solo para las mujeres guapas?

Por otra parte, no nos sorprende este famoso teólogo con su comentario respecto a las libertades individuales, porque no se aparta de la misoginia (el odio a las mujeres) común a la gran mayoría de los teólogos. No hace más que poner de manifiesto su obsesión con las mujeres, a sabiendas de que también hay hombres que defienden las libertades individuales y que han suscrito el manifiesto “Estamos fuera de la ley”, confesando sus relaciones sexuales sin matrimonio.

Tampoco se distingue gran cosa de la mayoría de los teólogos cuando limita su preocupación por las mujeres al detalle de su belleza y su aspecto. ¿Creías, venerable señor teólogo, que el sexo es solo para las mujeres guapas? ¿Es esto lo que te enseña tu religión? Además, ¿las guapas según qué baremo? Pero lo fundamental: ¿por qué te metes en la vida sexual de quienes tienen opiniones distintas a la tuya, por qué te interesa lo que ocurre en su dormitorio? Porque solo hablas de las mujeres en relación a las libertades individuales… como si afirmaras de forma implícita que el hombre no puede cometer transgresiones al ejercer sus “libertades”, ni importa el aspecto que tenga para poder ejercerlas.

Señor teólogo, ¿te enfadarás si te copio tu estilo e ideario para decirte que tenía dudas sobre tu obsesión con el sexo y las mujeres, y si sería similar a la de algunos de los profesionales de las prédicas religiosas, semejantes tuyos… y que tú, con tu carta, has reemplazado todas mis dudas por la certeza?

Nuestra vida sexual, sea la que sea, no es asunto tuyo. Pero sí es asunto nuestro tu ideario. Porque nos reafirma en que nuestra lucha contra la ignorancia, el atraso y la represión es más legítima que nunca.
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© Sanaa El Aji | Primero publicado en Al Hurra · 31 Oct 2019 | Traducción del árabe: Ilya U. Topper

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