Crítica

El oficio de remar

Alejandro Luque
Alejandro Luque
· 5 minutos

Guillermo Busutil
La cultura, querido Robinson

 

Género: Ensayo
Editorial: Fórcola
Páginas: 408
ISBN: 978-84-1742-540-1
Precio: 24,50 €
Año: 2019
Idioma original: español

Llevo algunos años dándole la tabarra a Guillermo Busutil para que escriba ese libro. Me refiero a la historia de su familia, originaria de Malta –ya saben, de donde la Orden, el Corto, el halcón, el whisky y todo eso– en su periplo hacia España. Se la he oído contar más de una vez y, al menos sobre el papel –quiero decir, de viva voz– promete ser un novelón. Y estoy seguro de que acabará haciéndolo. Mientras tanto, el hombre no para de escribir otras cosas. Artículos, por ejemplo.

En este, su último libro, reúne un buen número de ellos, junto con crónicas y entrevistas que dan fe de su doble compromiso: por una parte, con el periodismo, y por otra, con la cultura. A ambos ha dedicado sus mejores esfuerzos desde hace más de 30 años, y en ello sigue a pesar de los malos vientos que soplan para los dos. O precisamente por eso.

El viejo mantra según el cual la mejor literatura se hace en los periódicos hace tiempo que fue puesto en entredicho, pero hay quien, como Guillermo, siguen aplicando la voluntad de estilo y la vocación de trascender en esa prensa destinada a envolver el pescado de mañana. Abunda en su prosa el destello poético y aforístico (“Los libros son los tatuajes de la memoria”, “La literatura es la papiroflexia de la imaginación”, “La calle es un álbum de fotografías inéditas”, “París es un beso que se guarda”, “La juventud es la desnudez de la vida”…), pero haría mal el lector en encandilarse con estos efectos y no entrar en el verdadero objeto de estos escritos, que no es otro que reflexionar.

Sabemos que leer es bueno, pero acaso hemos olvidado preguntarnos por qué

Reflexionar sobre la lectura, la educación, lo que observamos a nuestro alrededor y lo que pasas desapercibido. La ambición de Busutil es que, al pasar la página, no seamos los mismos. Que algo haya cambiado, si no en nuestra forma de ser, sí al menos de mirar, de plantarnos ante la vida. El lírico escondido que asoma en estas páginas no desplaza del todo al boxeador –también Busutil hizo sus guantes, aunque ya lo contará él en su novela– listo para lanzar un crochet a la conciencia cuando menos lo esperamos. Un crochet, vale decir, no de los que dejan groggy, sino de los que despiertan.

De los libros al cine, del teatro a la plástica. De Manolo Alcántara, viejo amigo, maestro del oficio y campeón en el trasiego de whiskies hasta el último round, a Kubrick, Martínmorales, Cervantes, Picasso, Humberto Rivas, Aitana Sánchez-Gijón o dos grandes Julios, Verne y Cortázar… Y las entrevistas como género mayor: Muñoz Molina, Fernández Cubas, Javier Marías, Menéndez Salmón, Elvira Lindo.

Sabemos que leer es bueno, que acudir a una sala de teatro o de cine nos enriquece, que un buen concierto es un bálsamo para el alma, pero acaso hemos olvidado preguntarnos por qué. Tenemos más arte que nunca a nuestro alcance, pero la sociedad parece dar obstinadas muestras de estupidez y miseria moral. La crisis, que nos ha convertido a todos en robinsones de un monumental naufragio, tampoco ayuda a ver el asunto con claridad.

Las “crónicas y miradas” de nuestro maltés-granadino, como él las llama, indagan en esa paradoja. Quieren ir más allá de la cultura como objeto de consumo (aunque, para qué engañarnos, debemos contar también con ello), o como pose burguesa, y apuestan por un humanismo del siglo XXI, que tenga lo mejor del viejo y dé respuesta a los problemas más actuales.

Lo confieso: no puedo leer con distancia ni objetividad un libro como este, porque siento que yo estoy en el mismo barco que Guillermo Busutil. Me reconozco en sus preocupaciones como en su ilusión intacta. Con algunos años menos en el oficio, pero dedicando mis mejores años a lo mismo que reflejan estas páginas, a amar la cultura y defenderla como se pueda, a preguntar y preguntar sin tregua, a compartir los descubrimientos que uno hizo en el camino, confiando en que harán mejores las vidas de los otros. Aunque el barco se vaya ahora a pique, lo sentimos: no sabemos hacer otra cosa que remar.

·

¿Te ha gustado esta reseña?

Puedes ayudarnos a seguir trabajando

Donación únicaQuiero ser socia



manos