«Una religión no es víctima de racismo»

Philippe Lançon

Publicado por

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.

Publicado el 22 Nov 2019

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Philippe Lançon | @ Catherine Hélie / Anagrama Ed.

Sevilla  |  Octubre 2019

 

El 7 de enero de 2015, la mandíbula de Philippe Lançon (Vanves, 1963) fue destrozada por una bala en medio de la masacre perpetrada por los hermanos Kouachi en la redacción del semanario satírico Charlie Hebdo. Dos años y medio, y muchas operaciones después, este escritor y periodista se decidió a contar su trágica experiencia en un libro, El colgajo, que acaba de ver la luz en Anagrama y, después de conquistar los premios Femina, Roger Caillois y Renaudot, está siendo uno de los acontecimientos editoriales de la temporada también en España.

Al otro lado del teléfono, Lançon se expresa en un correcto español. “Aprendí en la calle, en Cuba. Mi primera esposa es cubana, e iba a menudo en los 90. Y luego leyendo poesía. Hubo un tiempo en que, en el metro de parís, siempre tenía un libro de poesía, española o cubana, para aprender vocabulario, desde el Romancero antiguo o Góngora y Quevedo a Lorca o Gil de Biedma. Y la poesía te da la idiosincrasia profunda, el ritmo interior de un pueblo”, explica.

Se habla mucho de la importancia de la memoria. ¿Usted diría que también es importante olvidar?

Yo no pienso las cosas de manera tan general. Cuento cómo se ha desarrollado la memoria en una vida tan perturbada y rota por un suceso, como ha sido la mía. Es un lugar común decir que la memoria está hecha de olvido, pero habría que explicar qué significa esto. A la hora de escribir, dos años y medio después de la matanza de Charlie Hebdo, lo hago quizá con cosas que recuerdo y también que he olvidado. Recuerdo el cuerpo y el cerebro de Bernard Maris, que estaba a mi lado, con imágenes que seguramente vi, pero que luego desaparecieron. En un caso tan violento y extremo, no se sabe muy bien cómo funciona la memoria. Es como sumergirla a 10.000 metros de profundidad, y que sobreviva a eso, pero no se sabe muy bien en qué condiciones. Yo solo podía contar qué es lo que sale a la superficie después de esa inmersión.

¿Sigue ejerciendo Charlie Hebdo su papel de satirizar la vida política como antes?

Es su idiosincrasia. Charlie no es Le Monde, ni el New York Times, ni El País, es un pequeño semanario de izquierda que siempre se ha burlado de todos los poderes, y de todos aquellos que pretenden imponer a los demás un modo de pensar, de vivir, de sentir, de creer.

¿Hay muchos más en Francia que hagan sátira política? Confieso que solo conozco Le canard enchaîné

«Siempre es buen momento para hacer humor, sabiendo que primero hay que burlarse de uno mismo»

Sí, somos los dos antiguos. Luego la sátira está ahora por todas partes, en internet, en Twitter… Hay mucha gente que pasa burlándose de todo, y agrediendo a todo. Pero es gente que va sola. Y yo creo que la sátira es un oficio, y un oficio que se hace en equipo. Jugar solo no lleva a cosas muy buenas. Charlie es un semanario con una larga historia, y sigue con nuevos dibujantes que son seleccionados y acogidos por los veteranos que quedan. Así, uno se da cuenta, cuando conoce cómo funciona Charlie, que el oficio de dibujante satírico es una transmisión de generación en generación.

Dicen que las dictaduras son las mejores coyunturas para hacer humor. ¿Este tiempo que estamos viviendo le parece propicio para ello?

Siempre es un buen momento para hacer humor, sabiendo que primero hay que burlarse de uno mismo. Si hubiera un buen o mal momento para ello, se acabaría el humor. Por suerte no es así, el humor siempre está de temporada. Es una manera necesaria de estar en el mundo. Hacer reír o sonreír a la gente es importante. Escribir, que es lo que yo hago, juega con el humor, la ironía, más bien hacer sonreír. Es una manera de aliviar a la gente. Ayuda a sentirse más libres ante los poderosos y ante una realidad que a veces es desesperante.

Usted ha afirmado repetidamente que le interesan muy poco los hermanos Kouachi, en su condición de gente con la cabeza vacía a la que alguien le ha metido algo. Pero, ¿no deberíamos interesarnos por quienes meten ese algo en las cabezas?

No tanto como para investigar sobre ellos. Leo artículos, claro, pero no puedo decir que me interesen mucho. Son rutas absolutamente llenas de ideología, como siempre hubo, y siempre pasan por lo mismo: una idea radical y sangrienta de la religión, de la patria y de la raza. Las tres cosas que siempre han permitido desarrollar el odio de un pueblo contra otro. Para mí es muy claro. No estoy en contra de las religiones en sí, pero sí del uso de la religión como un poder para fomentar el odio y aislar a una parte de la Humanidad. Es lo que me interesa del islamismo, como del racismo o el nacionalismo.

¿Tres elementos comparables?

Es interesante estudiarlo, porque el contexto no es el mismo de los años 30, o del caso Dreyfus a finales del XIX, o el franquismo en España… Es un nuevo contexto, mundializado. Circula como la información, y como los plátanos que vienen a Francia o España desde Perú. Todo circula, mucho más rápido que antes, y las malas ideas más que las buenas. Pero no es un fenómeno nuevo. Como escritor, me interesa lo que te enseña algo sobre el ser humano.

Las críticas al islam político se publican en Francia, sobre todo, en medios de derecha o centro-derecha. A Charlie se le acusa también de ser de derechas, por criticar. ¿Qué responde?

«Parte de la izquierda cree que si cuestionas su religión, estás contra los pobres de la tierra y eres de derechas»

Lo sé, quien acusa de eso es una parte de la izquierda. ¿Por qué esta acusación? Primero, confunde a los musulmanes con los árabes. Una religión no es víctima de racismo, es una población la que lo sufre. Existe racismo, sí, en Francia, pero contra los árabes, no contra los musulmanes. Pero una parte de la izquierda cree que si cuestionas su religión, estás contra los pobres de la tierra y eres de derechas. Me parece demasiado simple. Lo que pasa es que Charlie siempre ha desconfiado de cualquier poder religioso. Se ha burlado de los católicos durante 30 años, pero hoy los católicos no tienen tanta importancia en la representación política, o es muy marginal. Se oponen al matrimonio homosexual, pero que yo sepa, no ponen bombas. Hago una distinción entre gente que expresa una opinión, aunque yo no esté de acuerdo con ellos, y que empiecen a matar homosexuales en la calle. Ahí sí habría un problema.

¿Ha dejado la izquierda de ser anticlerical en un país, Francia, que alguna vez se enorgulleció de guillotinar a obispos?

El problema de una parte de la izquierda no es la religión, es luchar para los pobres. Hoy eso es muy complejo. Una parte de esos pobres son los hijos de los africanos y los magrebíes que viven en los suburbios, en condiciones nada fáciles, sin trabajo y con una sociedad muy racista. En Charlie lo sabemos, lo hemos dicho, escrito y dibujado. El problema es que una parte de esa población, para sentirse mejor, busca una identidad a través de la religión, y cada vez lo hacen más. Una religión que se desarrolla de manera especial, muy política. Es eso: ponen más el foco en la pobreza, no en la religión, pero está ahí.

Otra solución habitual es tachar de islamófobo a cualquiera que critique algún aspecto de esa religión, ¿no?

Para mí es una palabra trágica, impide pensar la realidad como es. Y confunde una vez más a los musulmanes con los árabes, e impide analizar la situación. La islamofobia es un arma política, pero no entro a discutir porque no estoy de acuerdo con el uso que se le da. En un debate no solo importan las ideas, sino también los términos del debate. Si los términos son falsos, no hay que entrar en el debate, al menos es mi posición. En Francia el debate está en un momento muy rígido, las voces con matices casi no se pueden hablar.

A una superviviente de la redacción de Charlie Hebdo, Zineb El Rhazoui, han vuelto a amenazarla de muerte los islamistas. Lo gracioso es que también la acusan de ser de derechas. ¿Usted la conoce bien?

«Zineb El Rhazoui es una luchadora, una combatiente por el feminismo en el mundo árabo-musulmán»

Claro, Zineb tiene su propia trayectoria de mujer que conoce muy bien lo que significa el islam, en el Magreb, porque viene de allí. Es una luchadora, una combatiente por el feminismo en el mundo árabo-musulmán. Y ha pagado un precio muy duro. Los que la juzgan no saben ni de dónde viene, ni lo que ha vivido. Son críticos pequeñoburgueses, que viven en su mundillo y etiquetan para descalificar, sin saber. Zineb vino a verme al hospital, y por supuesto leo todo lo que dice. Y lo que dice es que quiere más libertad. Si tengo alguna idea diferente a las de ella, se lo digo estrictamente en privado.

Otra compañera de Charlie, Catherine Meurisse, no sufrió el ataque, pero publicó un libro, la levedad, en el que explicaba las secuelas psicológicas. ¿El dolor físico puede haberle protegido a usted del psíquico?

En cierta manera sí. No el dolor, sino la lucha física de los heridos. No tienes ni tiempo ni energía para hundirte en el dolor psicológico. Todas mis fuerzas se movilizaron en mi reconstrucción física, es una de las pocas cosas buenas que encuentras en medio de un desastre como éste. El herido no tiene sentido de culpa, sí como ocurre a veces al que no fue, o estaba por llegar, como Catherine, y que un minuto después del atentado, cuando se marchan los dos hermanos, siguen con su cuerpo intacto. Por supuesto, la vida no sigue igual, sus amigos y compañeros de trabajo han desaparecido en dos minutos. Pero estás intacto ante ese horror. Yo como herido no seguía mi vida: tenía otra, completamente distinta.

Seguir saliendo al kiosco a la semana siguiente de la masacre, como hizo Charlie, ¿fue un modo de mantener la dignidad ante el pelotón de fusilamiento?

¿Qué puede hacer gente que ha dedicado su vida a dibujar y escribir, cuando pasa algo así? Seguir dibujando y escribiendo. Es el mejor acto de vida que puedes hacer. Riss, el jefe actual, tenía el hombro totalmente roto por una bala, sufría bastante. ¿Qué hizo? Dibujó y escribió. Catherine hizo su libro, Luz hizo su libro, yo hice primero mis crónicas para Charlie y mis crónicas para Libération, y dos años y medio escribí mi libro. Si hubiera sido carpintero, se hubiera puesto a hacer sillas y mesas cuanto antes.

¿Cree que la polémica en torno a Sumisión, la novela de Michel Houellebecq, hizo daño al debate?

«Dijeron que Houellebecq es islamófobo, pero todo lo contrario: es islamófilo, y de lo más reaccionario»

No, la polémica ya existía y sigue existiendo. Yo lo escribí en Libération, precisamente antes del atentado: Sumisión es una novela. El problema es que como es un buen novelista, Houellebecq huele el mundo en el que vive. Cuenta historias, no discursos. Historias que se desarrollan con la imaginación. Una novela está hecha para dar libertad de imaginación y pensamiento al lector, no para decirle: usted tiene que pensar así. Lo que pasa es que el libro es analizado por políticos, sociólogos, que quieren hacer de una novela lo que no es. Una novela es a la vez menos y más que eso. Pero estamos en un mundo de publicidad, y Houellebecq, cuando da entrevistas, cambia el registro y a menudo da su opinión. Y los que leen luego la novela, lo hacen desde esos puntos de vista. Él sabe perfectamente jugar a eso. La polémica da deseo a la gente de comprar el libro, pero el libro es mejor, es mucho más ambiguo. Y hay mucho humor. El humor siempre significa distancia de las cosas. Ese tipo que encuentra perfecto el nuevo poder islámico, con las mujeres dedicadas a la cocina y a abrir las piernas… Dijeron que Houellebecq es islamófobo, pero todo lo contrario: es islamófilo, y de lo más reaccionario además. Pero si uno escribe una novela, ya digo, no es para dar un discurso.

Una portada reciente ha satirizado al independentismo catalán. ¿Cómo se ve Cataluña en este momento desde Francia?

Desde Francia no sé, desde mi punto de vista parece un callejón sin salida. De un lado, un poder político central, sobre todo el de derechas de Rajoy, que fue muy torpe y rígido. No creo que hubiera que hacer de esa gente presos políticos. Y luego, claramente, hay un nacionalismo exagerado y loco, que como siempre se pone exclusivamente como víctima. Es muy raro, cuando vas a Cataluña, creer que esa gente es víctima de nada: es un sitio muy libre, con mucha autonomía, todo el mundo habla catalán… Pero la victimización es una característica del nacionalismo. Acuérdate de la guerra de Yugoslavia, aquellos serbios justificando todos los horrores bajo el argumento de que eran víctimas del mundo entero, de los croatas, de los musulmanes de Bosnia… Todo era una pantalla, una construcción ideológica total. Por supuesto, no estoy comparando los independentistas con los serbios, aunque yo desconfío en general del nacionalismo, venga de donde venga. No vaya a decir que los he comparado con los serbios, pero el mecanismo mental es el mismo: lleva al odio.

Descuide, quedará claro.

Gracias. Cuidado sobre todo con eso. Esa gente luego “te caen arriba”. Una vez escribí una pequeña crónica burlona en Charlie, y no puedes imaginar las cartas que recibí. Son gente peligrosa, manejan muy bien internet. Mire, yo soy socialdemócrata. Busco siempre un compromiso para que la gente pueda vivir junta. Espero que los catalanes encuentren ese compromiso.

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© Alejandro Luque  | Primero publicado en eldiario.es   (30 Oct 2019)

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