Paris sera toujours Paris

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Alberto Arricruz

@Alberto03021962

(Paris, 1962) Hijo de emigrantes sevillanos, trabaja en Francia de funcionario en cuestiones de sanidad publica y personas con discapacidad.

Publicado el 28 Nov 2019

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En marzo de 2020, los franceses (también los residentes de la Unión Europea debidamente inscritos en las listas electorales) votarán para renovar sus alcaldías.

Se cuentan unos 36.000 municipios en Francia. Tal cifra vuelve locos a los “altos” tecnócratas, al ejemplo del insoportable e insumergible Jacques Attali, que reclaman acabar con tantos electos: entre municipios y departamentos tenemos algo como 200.000.

Pues qué bien funcionaria este país, dicen, qué competitivo sería en la globalización, si las decisiones pudiesen ser tomadas por gente cualificada y competente, sin depender de tantos representantes del pueblo. Es que eso de la democracia les jode de verdad.

Trabajando en municipios y departamentos (equivalentes a las diputaciones españolas, pero con elección directa de los ediles), he conocido a electos de izquierdas y de derechas: ser consejero municipal o departamental equivale, para un 99% de ellas y ellos, en gastarse las tardes después del trabajo en reuniones y encuentros de barrio, en sacrificar muchos sábados y domingos en demás encuentros, fiestas y competiciones deportivas, en ser considerado como responsable del agujero en la calle y de la cagada del perro, o de que no se tenga trabajo o casa.

La gente que se dedica a eso, en su gran mayoría trabaja al mismo tiempo; una minoría acepta liberarse, arriesgando así su carrera profesional, incluso siendo funcionario porqué nadie te espera, incluso siendo medico o veterinario porque luego casi tienes que empezar de cero. La gente que he conocido tiene, en su gran mayoría, un punto común: se mete en tal lío con la idea de dedicarse a la colectividad y hacerlo bien que muchas veces llega agotada al final de su mandato.

La primera vez que se celebraron elecciones municipales parisinas en el siglo XX fue en 1977

Por eso, la descalificación de los electos llevada a cabos por “altos” tecnócratas con los mismos argumentos que cualquier facha, para justificar los recortes masivos de presupuestos hasta llevar los municipios a la irrelevancia, es un atentado gravísimo a la democracia.

A pesar de todo, la figura del alcalde sigue siendo importantísima en Francia. Aquí se vota cada seis años, lo que me parece bien: mientras al acercarse las elecciones municipales se congelan muchas decisiones por miedo a la pelea mediática electoral, en los dos o tres primeros años de mandato, los ediles gobiernan sin estar siempre pendientes de elecciones próximas.

Aquí vamos a abrir una serie de columnas, desgranando la cuenta atrás hasta el día de votar (que serán dos: se vota en dos vueltas). Y por supuesto vamos a centrarnos en la madre de esas elecciones: las municipales de París.

El alcalde de París es, lógicamente, uno de los personajes públicos y políticos más importantes del país. La alcaldía de París, que es al mismo tiempo un municipio y un departamento (el numero 75), es la administración local con mayor presupuesto de Francia.

Pero no siempre ha tenido alcalde. Parece increíble, pero la primera vez que se celebraron elecciones municipales parisinas en el siglo XX fue en 1977.

La figura del alcalde de París se inauguró al día siguiente del asalto de la prisión de la Bastille: el 14 de julio 1789 fue un gran día de rebelión popular, y aquel día perdió la vida el ultimo “prevôt des marchands”, es decir el jefe de los comerciantes que dirigía la ciudad (así era desde el siglo XIII).

Durante el periodo revolucionario, los alcaldes duraron poco, y cuando fue derrocado Robespierre en 1794, el gobierno contrarrevolucionario ejecutó al alcalde de París y suspendió esa función.

Las clases dominantes de diferentes épocas han compartido el mismo miedo al pueblo de París

El pueblo parisino tuvo que esperar hasta febrero de 1848, cuando su alzamiento revolucionario acabó con la Monarquía y restauró la República. París tuvo alcalde durante cuatro meses y otra vez se suspendió. El alcalde reapareció el 4 de septiembre 1870, cuando cayó el régimen imperial de Napoleón III, hundido en la guerra contra Prusia. Eso duró menos de un año, porqué en junio de 1871, cuando la tropa francesa al mando del gobierno instalado en Versalles aplastó la revolución comunista de París en la “semana sangrienta” (con el apoyo del ejercito prusiano llegado a las puertas de la capital), otra vez se suspendió la función de alcalde de París, y otra vez pasó a dirigir la ciudad un gobernador nombrado por el gobierno (el Préfet de Paris).

Las clases dominantes de esas diferentes épocas han compartido un mismo sentimiento: el miedo absoluto al pueblo de París. Han querido evitar a toda costa que salga de ese pueblo una figura tan potente como podría ser un alcalde revolucionario, hablando a todo el país desde la capital.

Con cuatro sublevamientos populares derrocando gobiernos, de 1789 a 1871, claro que le tenían miedo. Y, ya en la época moderna, la insurrección parisina de 1944 en contra de la ocupación nazi, a la vez que permitió al general De Gaulle venir de su exilio en Londres para tomar el poder en Francia (en contra de la voluntad americana), mantuvo ese recelo de las clases dominantes hacia el pueblo de París.

Por eso hubo que espera nada menos que hasta 1977 para que se pudiera elegir al alcalde de París. Y ese alcalde tuvo que esperar hasta 2002 para que el Préfet de Paris compartiera parte de los poderes que hasta ahora mantenía sobre la gestión de la capital.

En 1977, la potente transformación sociológica de París iniciada veinte años antes permitía al presidente de la República, Giscard d’Estaing, considerar que el peligro de un alcalde rojo ya no existía. Pero la verdad es que entonces la derecha salvó la alcaldía de París gracias a la candidatura de Jacques Chirac, que desafío al candidato seleccionado por Giscard, el muy aristocrático D’Ornano. De no haberse presentado Chirac, con su tirón electoral popular, habría ganado el comunista Henry Fiszbin, obrero de origen judío polaco, típico hijo del París popular de Belleville que ya no existe.

En París, todos creen que la socialista Anne Hidalgo perderá en marzo. Salvo ella

Chirac utilizó la alcaldía de París como base para conquistar la presidencia de la República. Tardó 18 años en conseguirlo. Cuando ganó las presidenciales en 1995, acababa de ser reelegido alcalde, por lo que dejó el puesto a su primer teniente Jean Tiberi para los seis años de mandato. Tiberi consiguió altas cuotas de impopularidad, por lo que Chirac seleccionó para las elecciones municipales de 2001 a una gran figura de la derecha, a la que se le suponía un gran tirón electoral, Philippe Seguin… quien perdió, permitiendo al desconocido y muy subestimado socialista Bertrand Delanoë hacerse con la alcaldía.

Delanoë escogió a Anne Hidalgo para el puesto de primer teniente de alcalde. Hidalgo, nacida española en San Fernando (Cádiz) y naturalizada francesa en 1973, sucedió a Delanoë en 2014, ganó las elecciones municipales aquel año y permitió al partido socialista, aliado con los verdes y los comunistas, quedarse al frente de la alcaldía durante 19 años.

¿Seguirá esa dominación? El partido socialista (PS) ha pasado de ser la fuerza ultradominante de la política francesa en 2012 (presidente de la República socialista con mayoría absoluta en el Congreso, gran mayoría de las alcaldías, departamentos y regiones en sus manos), a estrellarse en 2017 con un 6,3% de votos obtenidos por su candidato en las elecciones presidenciales. Desde entonces ha vendido su sede, gran parte de sus barones se han ido al servicio de Macron (él mismo viene del PS), y ahora muchos alcaldes socialistas se descubren “macronistas” por miedo a perder tan estrepitosamente en marzo 2020 como su candidato presidencial en abril 2017.

En París, todos creen que Anne Hidalgo perderá en marzo. Salvo ella, que intenta reconducir su alianza actual con los verdes y los comunistas (que sin ella desaparecen).

Macron pretende hacerse con la alcaldía, y para eso ha escogido a su candidato: el joven Benjamin Griveaux. Pero con esa decisión, Macron ha conseguido enfadar al diputado Cedric Villani, quien se presenta ahora como disidente “macronista”, aliado a tránsfugas del equipo de Hidalgo. Villani, matemático titular de la medalla Fields, vestido de forma excéntrica y bastante popular, parece querer hacerle un “Chirac” a Macron, aprovechando la absoluta mediocridad del candidato Griveaux. Como buen matemático, confía en una constante: el candidato oficial del presidente de la República pierde en París.

Los Verdes parisinos, que han conseguido un resultado espectacular en las recientes elecciones europeas, pretenden romper la alianza con los socialistas para disputarles la alcaldía.

La derecha no ha escogido aún a su candidato. Cuesta verla ganadora en marzo próximo, porque Macron le ha quitado buena parte de su espacio electoral. Pero la muy conocida y peleona Rachida Dati, alcaldesa del 17ème arrondissement (si, hay 20 alcaldes de barrios también) piensa dar un paso al frente. Si lo hace, traerá buenas portadas para los periódicos.

También tenemos a Danielle Simonnet, la candidata de France insoumise, el partido de Mélenchon, que ha montado un “tique” con el exfutbolista Vikash Dorasoo. Pero francamente, a pesar de querer reproducir el método de la aventura Ahora Madrid de 2015, no tienen opciones de competir para ganar.

Y, por fin, tenemos al muy folclórico Marcel Campion, el “rey de los feriantes”, propietario de la gran Noria que pretendió mantener plaza de la Concorde a pesar de no seguir teniendo autorización. Campion no dudó en emprenderlo a hostias contra la policía y a movilizar a los feriantes – que en gran parte dependen de él pues es el promotor de las principales fiestas en donde pueden trabajar – para bloquear la plaza. Su noria acabó desmontada en 2018, después de tres años de “resistencia”, y desde entonces Campion se declara candidato para “liberar” París.

Ya están los actores preparando la función entre bastidores. De aquí a marzo, en una serie de seis o siete crónicas, hablaremos un poco de ellos, pero mucho de París, su demografía, sus transformaciones, su crisis profunda como todas las grandes megalópolis mundiales… y también su inacabable belleza, que vence toda la mediocridad que esa campaña electoral promete arrastrar.

Continuará…

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© Alberto Arricruz |  Noviembre 2019 · Especial para M’Sur

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