«La gente no va al cine como quien va a misa»

Jeanne Balibar

Publicado por

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.

Publicado el 3 Dic 2019

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Jeanne Balibar (Cannes, May 2017) | © Borde-Jacovides-Moreau / Bestimage

Sevilla  |  Noviembre 2019

Su voz al teléfono empieza sonando algo insegura, como si necesitara tiempo para aclimatarse. Jeanne Balibar (París, 1968), actriz y cantante, uno de los rostros de referencia del cine de autor en Francia, es hija del filósofo Étienne Balibar y de la física Françoise Balibar, ha trabajado con grandes del celuloide francés contemporáneo, desde Assayas a Rivette, pasando por Desplechin, Honoré o Biette, así como con directores internacionales como Michael Winterbottom o Pawel Pawlikowski. Pero también se la conoce por intervenir activamente en el debate político y social de su país.

A menudo se refieren a usted como una mujer libre, a la hora de hablar, de trabajar, de hacer su camino. ¿Se siente usted como tal?

¿Sí, dicen eso? No sé, yo lucho por tener esa libertad, pero no creo que pueda sentirme especialmente libre, la verdad es que no [risas]. Quizá tengan esa opinión porque sienten que es algo importante para mí, lo ignoro.

Hija de un filósofo y de una física. ¿Ha aprendido usted algo de esas disciplinas que le haya aprovechado en su trabajo como actriz?

Mmmmm… haces preguntas difíciles, ¿eh? Cuando era niña, cosía mucho con mi madre, hacíamos vestidos. Mi madre me enseñaba a hacerlo de un modo muy matemático, usaba mucho las matemáticas para cortar los patrones, etc. Eso me ha ayudado mucho, pero la Física no. Y respecto a la Filosofía… A lo mejor me ha influenciado en el sentido de que, cuando me gusta una película o una obra de teatro, me gusta cuando tiene algo filosófico. Eso no significa que tenga que ser nada complicado, pero si no hay un sentido filosófico en la película o la obra de teatro, no me interesa. Pero eso es todo, creo.

¿Nunca trataron sus padres de convencerla de hacer algo diferente con su vida?

«Cuando me gusta una película o una obra de teatro es cuando tiene algo filosófico»

No, no, se mostraron muy sorprendidos cuando decidí que quería dedicarme a esto, pero no intentaron hacerme cambiar de idea. Cuando era niña quise ser bailarina de ballet, y se opusieron bastante, pero no se mostraron en contra de que fuera actriz.

Ha trabajado usted con grandes directores. ¿Cree que tienen algo en común?

No creo que tengan nada que ver unos con otros. A veces puede haber algún detalle parecido, pero no diría que hay nada que hagan todos los directores con los que trabajo. Son muy distintos entre sí. Y es difícil contestar a esto, también, porque no los valoro a todos de la misma forma… ¿Podría hacerme otra pregunta? [risas]

Una muy sencilla: ¿cómo fue en concreto la experiencia con Pedro Costa, que filmó su experiencia como cantante en Ne change rien?

Sí, pero ¿sabe?, no fue exactamente una experiencia para mí, porque estuvimos poco con él, grabando los discos y en las actuaciones, pero él fue muy, muy discreto, filmaba haciendo el documental, pero de una manera que difícilmente sabías que estaba allí. Es distinto de la experiencia de trabajar directamente con un director. Tenía un equipo muy pequeño, él solo y el técnico de sonido, eso era todo. Fue muy especial, eso sí.

El año pasado Cold war fue una de las películas más aclamadas del cine europeo. Aunque su papel es pequeño en el filme, ¿pensaban que tendría esa repercusión?

Yo nunca espero ningún éxito, la verdad, y en efecto mi papel en esa película era muy pequeño. Me gusta mucho el trabajo de los protagonistas, especialmente el de Joana, pero no puedo contar demasiado porque fueron solo tres días de rodaje para mí. Y las cosas que vi en aquel set no me gustaron mucho, así que prefiero no opinar sobre ello…

Ser directora, ¿le ha enseñado algo a la actriz Jeanne Balibar? ¿Deberían todos los actores probar alguna vez la dirección?

¡Oh, no! [risas] Supongo que sí, que he aprendido que la dirección entraña muchísimo más trabajo que el de actriz. Y es mucho más cansado. Y a la hora de editar, cae sobre tus hombros una responsabilidad mucho mayor, está en tus manos el trabajo de toda la gente que ha trabajado para el filme, actores, productores, técnicos… Eso me ponía muy nerviosa. Pero no, realmente no puedo decir que me haya hecho mejor actriz.

Usted se ha mostrado muy crítica con Sarkozy. ¿Es mejor la situación con Macron?

«Hay una fervorosa desregulación fiscal que permite evadir impuestos a los bancos y las industrias»

No, creo que es peor. Porque Macron recibe muchos consejos de Sarkozy. Por ejemplo en los impuestos, no solo en Francia, sino en todo el mundo. Hay una fervorosa desregulación fiscal que, está probado y estudiado, permite evadir impuestos a la gente con dinero, los bancos y las industrias, el capitalismo, de una manera nunca vista. Y las consecuencias son catastróficas, especialmente en Francia, donde hay una sistemática distracción de recursos de los servicios públicos y cualquier actividad que no sea rentable económicamente. Y eso está arruinando nuestra sociedad de una manera peligrosa. Por encima de todo, pienso que Macron es muy hipócrita y juega a juegos muy peligrosos con la extrema derecha.

Es curioso, he hablado con muchos intelectuales franceses y están encantados con Macron. ¿Qué le verán?

¿Lo están? Estoy segura de que lee mucho y es un hombre cultivado, pero eso nunca ha impedido a nadie ser un criminal, por desgracia.

¿Y la izquierda francesa, qué hace frente a eso?

¿La izquierda? Ha desaparecido, está desintegrada en Francia en este momento. El partido socialista tiene un 6 por ciento, los comunistas un 4… No, la izquierda en Francia ya no existe. Al menos de momento.

Su compatriota, el director Robert Guédiguian, me decía esta semana que teníamos que escribir el Manifiesto comunista de esta época, ¿Usted qué opina?

Creo que el primer Manifiesto comunista sigue siendo valioso. No creo que tengamos que cambiar muchas palabras de ese texto para aplicarlo al siglo XXI.

En España, la extrema derecha ha logrado muchos votos advirtiendo de los peligros de la emigración. ¿Qué pueden decirnos ustedes, los franceses, con mucha más experiencia en ese campo?

[suspiro] Pienso que lo primero es recuperar esos miles de millones que se han evadido y reconstruir la solidaridad entre las personas, el sistema sanitario, garantizar que hay trabajo y educación para todos. Eso significa aprobar leyes contra la evasión de impuestos. Veríamos que somos un continente muy rico que puede ayudar a muchas personas.

Los políticos suelen decir que no hay para todos…

Es obvio que estos políticos quieren construir muros entre las personas que han nacido en Europa y quienes vienen de fuera, entre hombres y mujeres. Pero todos estos muros son maneras de distraer nuestra atención del principal problema, que es que hay ladrones y criminales que son responsables de que haya personas muriendo en todo el mundo. No hacen nada con ese dinero, lo guardan en paraísos fiscales donde ese dinero se apila como un montón de mierda que nadie utiliza. Son criminales y responsables de muchas muertes. Alguien debería ayudarlos a parar y recibir ayuda mental para curarse. Es mi opinión.

¿Daría algún consejo a los españoles para combatir la extrema derecha?

No, no. Mi madre es alemana y recuerdo visitarla en Alemania, y estar feliz porque en Alemania nadie hablaba de la extrema derecha. Era un auténtico alivio porque en Francia llevábamos 25 años hablando del Frente Nacional y no sabíamos qué hacer con eso. Pero ahora es lo mismo en Alemania, en Italia, en España. No sé qué decir, no creo que los franceses podamos decir nada porque nosotros mismos hemos fracasado. No me atrevería a dar consejos a nadie.

¿Piensa que el cine sea un buen arma para defender la libertad y los derechos humanos?

«Las grandes obras de arte son un momento en el tiempo en el que experimentas la libertad»

No, no lo creo. El cine no puede servir para eso. En primer lugar, el cine es una industria, y ninguna industria sirve para eso, sería una mentira. En un 98% de su producción, consiste en hacer funcionar una industria, es un esclavo del dinero, como cualquier industria. Cuando hay algún trabajo que intenta escapar de esto, habla de algo más que de derechos humanos, intenta crear un pequeño espacio en el mundo en el que la libertad tenga sentido por un instante. Antes me preguntabas sobre mi sentido de la libertad. Yo no me siento para nada libre. Pero cuando estoy en el escenario o en un rodaje intento experimentar la libertad durante un rato, y esa es toda la libertad que disfruto. Pienso que las grandes obras de arte son un momento en el tiempo en el que experimentas un momento de libertad, y también de justicia. Pero es difícil expresar con palabras. En todo caso, no es un arma muy poderosa, por desgracia.

Entonces, ¿el propio Guédiguian o Ken Loach no tienen muchas opciones de cambiar el mundo?

Me pone dos ejemplos muy particulares, porque son directores que abordan en sus filmes problemas sociales, y ambos están muy orientados hacia la izquierda. Yo creo que han hecho grandes películas, pero no porque traten de problemas sociales, o porque sean de izquierda, sino porque son buenos en lo suyo. La gente no va al cine como quien va a misa, son cosas distintas. Ni tampoco como quien va a la escuela, es otra cosa, en mi opinión.

Usted recuerda la polémica en torno al movimiento #MeToo en Francia, con aquellas polémicas declaraciones de Catherine Deneuve y otras celebridades. ¿Cuál es su posición al respecto?

Mi posición… mmm… Creo que es una cuestión muy, muy difícil. Porque es una gran verdad que las mujeres han sufrido abusos y se han expuesto a ser menos consideradas por su condición sexual. Pero creo que la verdadera pregunta es quién tiene el poder, quién tiene el dinero, quién está en condiciones de dar trabajo a otra gente. Porque al final todo el mundo tiene que comer. Creo que el punto central es la industria cinematográfica como un ámbito en el que la gente solo tiene contratos de corta duración. Sería interesante dejar de ver esa industria desde el binomio hombre-mujer, y contemplar la industria del cine como cualquier otra del siglo XXI: una industria donde hay muchos contratos temporales, de dos, tres meses.

Lo que dura un rodaje…

Por otro lado, es una industria donde la gente en general trabaja como autónomo. Y eso es algo realmente horrible, y gente como Macron insiste en eso: no seas un empleado, sé tu propio jefe. Eso es muy hipócrita, porque la gente no sabe cómo hacerlo, no tienen la fortaleza necesaria ni el apoyo de los sindicatos. La industria del cine debe pensar en esto, no sólo en la situación de las mujeres. Hay mucho bla bla bla sobre lo que dicen actrices fascinantes. Pero solo hablan las que no tienen miedo a perder su trabajo. Es muy hipócrita. Por eso pienso que es muy necesario hablar de la estructura del empleo en la industria del cine, que tiene mucho en común con otros trabajadores en nuestra sociedad.

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© Alejandro Luque  | Primero publicado en eldiario.es   (29 Nov 2019)

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