La mentalidad medieval y el ADN

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Sanaa El Aji

@SanaaElAji

Socióloga (Casablanca, 1977). Empieza a trabajar como periodista en el semanario Nichane en 2006 con un reportaje sobre chistes irreverentes, por el que se le condena a tres años de cárcel (con pena suspendida). Continúa publicando en diversos medios marroquíes y hasta 2017 fue columnista del diario arabófono Al Ahdath Al Maghribia, uno de los diez periódicos más vendidos de Marruecos.

Publicado el 15 Dic 2019

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El islam invita a utilizar la ciencia, y Occidente solo ha podido avanzar gracias a las ciencias que desarrollaron los musulmanes.

Todo eso está muy bien. Pero entonces ¿por qué estamos hoy atrasados hasta el extremo de lo imaginable? ¿Por qué esperamos que el Occidente infiel invente cosas, solo para asegurar acto seguido que esto ya está mencionado en el Corán? ¿Por qué no nos adelantamos a los infieles de Occidente, basándonos en esa incomparable ciencia que tanto abunda entre nosotros? ¿Por qué no deslumbramos a Occidente y Oriente con nuestra ciencia y nuestra cultura, cuyo pasado lloramos con tanta nostalgia?

La verdad es que aquello de que la religión invita a usar la ciencia es un bello lema del que nos enorgullecemos, pero que rechazamos aplicar en la vida real. El ejemplo más obvio es el recurso a los periodos de la menstruación o al ácido desoxirribonnucleico (ADN) para determinar la paternidad.

Hace unos meses, un juez de la ciudad marroquí de Tánger decidió establecer la paternidad de una niña recurriendo a los resultados de una prueba de ADN. Esto era un antecedente excelente, todo un triunfo de la razón, la lógica y la ciencia. Pero el juez de apelación decidió rechazar todo y llevarnos de vuelta varios años de luz hacia atrás, sentenciando que “el hijo es de la cama en la que nace”. Ni análisis médicos ni ciencia y que todos se regocijen. El Profeta dejó dicho que el hijo es de la cama en la que nace, entonces ¿para qué habría que recurrir a la ciencia?

Somos un pueblo que tiene respuestas absolutas, así que no hay cuestiones legítimas

Aquella niña (y decenas de miles como ella) no eligió nacer fuera del marco del matrimonio. Pero tanto la ley como la sociedad están decididas a castigarla por un pecado que no cometió. Y aunque hoy día, la ciencia podría dar amparo a sus derechos (aunque rechacemos las relaciones sexuales sin matrimonio ¿qué culpa tiene la niña?), nosotros preferimos recurrir a normas que fueron aceptables hace siglos, pero que hoy deberían estar superadas por lo que diga la ciencia al respecto. ¿No decíamos que el islam invita a utilizar la ciencia? ¿O es que esta norma es opcional?

Utilizar el periodo de menstruación para determinar la paternidad es otro retraso. Se distingue el concepto según se trate de una mujer divorciada o una viuda. Esto ya debería suscitar preguntas en primer lugar. Pero somos un pueblo que tiene respuestas absolutas, así que no hay cuestiones legítimas.

En el caso de la mujer divorciada hay que esperar tres ciclos menstruales para que pueda volver a casarse. Y ahí se enfrentan las corrientes teológicas, discuten y polemizan: ¿se refiere a que tenga tres veces la regla (según creen Abu Bakr, Othman ibn Affán, Omar ibn Jattab, Ali ibn Abu Talib, Ibn Mas’ud y otros) o a que tenga tres periodos de ausencia de regla (interpretación de Malik, Shafeí, Aicha, Zeid ibn Thabit y otros)?

La divorciada que no tiene la regla (porque es demasiado joven – esto es otro debate – o porque es de edad avanzada) tiene un periodo de espera de tres meses. Pero la divorciada que no haya tenido relaciones sexuales con su exmarido no necesita ningún periodo de espera.

¿Estigmatizamos a un niño porque un dicho del profeta de hace unos 15 siglos así lo declara?

Luego está el periodo de espera de la viuda. Ahí se diferencia entre si está embarazada o no. Si no lo está, el periodo de espera es de cuatro meses y diez días (¿y por qué es diferente a la divorciada? ¿cuál es la lógica tras esta distinción?). No obstante, la viuda embarazada tiene que esperar hasta el parto. Es decir que si estaba embarazada de un mes, no puede volver a casarse antes de que hayan transcurrido los otros ocho meses (lo que es opresivo para ella si quiere volver a casarse tras fallecer su primer marido). Ahora, si da a luz al día siguiente de morir su marido, pues se puede casar de inmediato tras el parto (lo cual tampoco tiene lógica).

A todo este debate de muchos años entre los teólogos y sus desacuerdos debería poner fin hoy día la ciencia (esa a la que invita a recurrir el islam, según decimos). Si la sociedad musulmana necesitaba en remotos siglos fiarse de la menstruación, su ausencia, el embarazo y el parto, hoy día la ciencia nos permite tratar con las circunstancias de la vida de una manera más fácil, preservando la dignidad y la intimidad del individuo.

¿Recurrimos a la ciencia, pues, para determinar si una mujer está embarazada o no en los primeros días tras un divorcio o tras fallecer su marido? ¿O nos basamos en interpretaciones o hasta versos coránicos que serían adecuados en una época histórica determinada, antes de que la ciencia pudiera encontrar la solución a ciertos dilemas?

Además ¿qué pasa si decidimos recurrir a la ciencia para determinar la paternidad? ¿Es más justo si sentenciamos que “el hijo es de la cama en la que nace”, le vetamos todos sus derechos y lo estigmatizamos con la vergüenza pública, porque un dicho del profeta haya declarado esto hace aproximadamente quince siglos? ¿O es mejor que utilizamos la ciencia para garantizar a ese niño sus derechos en lugar de castigarlo por un pecado que, de existir, no lo ha cometido él y del que no es responsible?

Es fácil cantar esloganes sobre el islam que invita a descubrir la ciencia… hasta que nuestra vida cotidiana se convierte en rehén de unos conceptos religiosos que están a años luz de la ciencia.
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© Sanaa El Aji | Primero publicado en Al Hurra · 21 Nov 2019 | Traducción del árabe: Ilya U. Topper

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2 comentarios en “La mentalidad medieval y el ADN

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