¿Enemigo del islam?

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Sanaa El Aji

@SanaaElAji

Socióloga (Casablanca, 1977). Empieza a trabajar como periodista en el semanario Nichane en 2006 con un reportaje sobre chistes irreverentes, por el que se le condena a tres años de cárcel (con pena suspendida). Continúa publicando en diversos medios marroquíes y hasta 2017 fue columnista del diario arabófono Al Ahdath Al Maghribia, uno de los diez periódicos más vendidos de Marruecos.

Publicado el 1 May 2020

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Omar Balafrej, diputado del Parlamento marroquí de la Federación de Izquierda Democrática (FID) publicó este tuit en francés: “Con la obligación de llevar mascarilla y las molestias que conlleva (como la dificultad al respirar) espero que la gente se conciencie del continuo infierno en el que viven las mujeres que llevan burka o niqab” (traducción libre).

Sencillamente por haber publicado ese tuit le han llovido comentarios y acusaciones de traidor, de infiel, de ateo y de islamófobo.

Personalmente, no me interesa la fe o el ateísmo de Omar Balafrej. Es un asunto suyo personal y no considero que tengamos siquiera el derecho de preguntarle. Pero sí creo que toda esta alharaca merece que nos hagamos unas cuantas preguntas y que tengamos un poco de objetividad en este debate.

Primero, el parlamentario del FID no estaba reclamando ni pidiendo la prohibición del uso del niqab, ni del hiyab, ni del litham (tipo de velo tradicional medio translúcido que se ponían algunas mujeres marroquíes en los años 70, junto con la chilaba marroquí; era un trozo de tela transparente blanca, bordada por la parte inferior y que tapaba la nariz y la boca, dejando los ojos al descubierto). Balafrej expresó libremente su opinión, que es su derecho no solo como parlamentario, sino como ciudadano. Es derecho de todos pensar de forma diferente a él, pero nadie tiene derecho a tergiversar sus palabras, ni a tacharlo de traidor ni a prohibirle que se exprese.

¿Cómo va a ser el hiyab una imposición de Dios y llevarlo un acto de libertad al mismo tiempo?

Segundo, según la “argumentación” utilizada por algunos, el niqab y el hiyab forman parte de la libertad personal. Y esto es una gran falacia utilizada en la mayoría de debates sobre el hiyab y el niqab. La interpretación que considera que estos tipos de velo son una imposición de Dios ya dejan de lado la posibilidad de un carácter “libre”. ¿Cómo van a ser el niqab y el hiyab una imposición de Dios y llevarlo se considere un acto de libertad al mismo tiempo? ¿No hay un poco de incongruencia en ello…? ¿Cómo puede ser una libertad llevar hiyab y dejar de llevarlo una aberración?

Tercero, cuando desarrollamos, a lo largo de muchos siglos, un discurso cuya esencia es que la mujer con hiyab es una mujer decente y la mujer “que se deja ver” no es lo suficientemente devota y quiere provocar a los hombres, provocamos que la elección del hiyab sea la única posible. Sencillamente, porque es la opción que preserva el honor o la reputación de la mujer que, de no llevarlo, sería una exhibicionista y una depravada, atractiva para los hombres, que no merece el respeto sino que busca ser acosada.

Además… ¿cómo pueden ser el niqab y el hiyab una libertad personal y la minifalda o el bikini una depravación? Si consideramos el hiyab una libertad (cosa que, en mi opinión, es una falacia, como explica lo dicho anteriormente), también deberíamos respetar la libertad de la mujer que se pone minifalda o bikini, y no considerar el acoso hacia esta última como un acto natural “a causa de su ropa”.

El hiyab representa una ideología obsesionada con el cuerpo de la mujer

Existe otra falacia que pretende comparar el hiyab con cualquier otro tipo de prenda normal, como diciendo: “El hiyab equivale al sombrero que te pones en la cabeza” o “El hiyab es una prenda normal, como el pantalón”. Y esto es otra falacia porque llevar un sombrero o cualquier otra prenda no representa ninguna ideología determinada. Uno puede ponerse un sombrero un día y salir sin él al día siguiente. Uno puede ponerse un día unos vaqueros y al día siguiente un pantalón clásico o, incluso, un pantalón corto. Puede elegir el color y la forma de su ropa según su ánimo y preferencias (salvando las restricciones derivadas de su trabajo, por ejemplo). Sin embargo, nada hace que un hombre que lleve sombrero sea más respetado o menos respetado que uno que no lo lleve. No hay nada que obligue al hombre o a la mujer a ponerse un gorro para no atraer a alguien con su pelo desnudo. No existe una ideología determinada que te obligue a elegir un gorro, un pantalón azul o un short caqui.

Por eso, considerar el niqab o el hiyab como “solo una prenda de ropa normal”, como hacen algunos representantes de la izquierda francesa, por ejemplo, es un tremenda, espantosa, falacia.

Tengamos el valor de reconocer que el hiyab representa una ideología obsesionada con el cuerpo de la mujer, que cree necesario cubrir para que no atraiga a los hombres (exactamente igual que hace un pantalón azul o un sombrero, ¿no es así…?). Eso sin olvidar que representa una mentalidad puramente masculina, como hemos señalado en otro artículo, porque una mujer lesbiana, por ejemplo, se sentirá atraída por el cuerpo de otra mujer: nadie necesita llevar hiyab cuando solo hay mujeres presentes. Igual que las mujeres se sienten atraídas por el cuerpo de los hombres guapos. Y a ellos no se les impone llevar hiyab.

Omar Balafrej tuvo el valor de suscitar un debate que muchos políticos no se atreven a abordar. Por esta razón, y por otras muchas iniciativas, Balafrej es un político que merece consideración y respeto.

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© Sanaa El Aji | Primero publicado en Al Hurra · 23 Abril  2020 | Traducción del árabe: Carmen Gómez Orts

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