El yihadista fake

Publicado por

Imane Rachidi

Publicado el 5 May 2020

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Primer capítulo. España. Septiembre de 2016.

Han pasado dos años desde que un grupo terrorista liderado por Abu Bakr al Bagdadi haya proclamado un Califato en territorios arrebatados a las autoridades de Siria e Iraq. Los pretende llenar de seguidores llegados de todas partes del mundo y sus sucesivos hijos, y para eso mantiene activa una maquinaria propagandística en la red, en bastantes plataformas e idiomas. Casi tantos como la propia ONU. El día 7 aparece un video que enseña cómo adoctrinar a niños pero, además de eso, incluye algo especial. Recoge la primera imagen explícita sobre España, aunque no contiene una amenaza concreta, dirá la prensa.

Horror. Están cerca. Movilizamos a todas las autoridades. Los responsables de la lucha antiterrorista en España veían venir algo así. Mierda. El grupo yihadista no había dejado de hacer mención a Al Andalus y todas sus variantes. Y si aparece la Alhambra de Granada en el vídeo, entonces la cosa va en serio. Se encienden todas las luces rojas, es Al Hamra, el símbolo del paso de los árabes por la península. Hay que leerse todos los comentarios en el vídeo, en las redes, saber a quién tiene este grupo terrorista en España. ¿Quién le ayuda a difundir su propaganda, alentando a la violencia en territorio español?

Segundo capítulo. España. Noviembre de 2019.

“Usted decía: “Levántense en armas y acaben con los españoles para liberar las tierras del norte”

—¿Es usted un yihadista?— pregunta el magistrado.
—¡No! ¡por favor! ¡Cómo osa!— responde al juez Juan José, tuitero, nini y treintañero alicantino, sentado en el banquillo de los acusados.
(La sala pone cara de sorpresa)
— ¿Es usted musulmán?— pregunta el juez.
—¡Qué Dios nos pille confesados! ¡Claro que no!— niega el acusado.
—Pero usted estuvo dos años distribuyendo propaganda yihadista en las redes sociales. Decía, y leo literalmente: “Reconozcan al Estado Islámico como nación libre y soberana”. “Levántense en armas y acaben con los españoles para liberar las tierras del norte y devolver Andalucía a Marruecos…”… lee el magistrado, ojiplático ante semejante llamada a destruir España.
—Pero señor juez… ¿¡no se habrá usted creído esas tonterías?!
—Miles de personas han marchado a Siria e Iraq creyéndose eso que usted llama tonterías. Han cortado cabezas, han quemado pilotos, han violado mujeres, han destruido vidas, han puesto bombas. Sin ir más lejos, aquí mismo, en Barcelona.
—Pero no las he puesto yo. Las han puesto unos idiotas que se creen tonterías.

Al juez no le queda más remedio que coger su mallete, dar un golpe y declarar el caso visto para sentencia.

Y ahí empieza el dilema.

¿Cuánta culpa tiene la campaña de dos años en la que Juanjo justificó asesinatos, violencia y terrorismo?

Este joven alicantino había estado distribuyendo propaganda terrorista entre junio de 2016 y enero de 2018. En medio de su campaña, se la creyera o no, lo hiciera como un trabajo a tiempo completo o solo para pasar el rato, muchos hacían caso a sus llamamientos o a otros similares. Un ejemplo fueron los atentados de Barcelona y Cambrils de agosto de 2017. Las imágenes que horrorizaron a toda España, y al mundo entero. Asesinaron a al menos 16 personas y se registraron 152 heridos, sin contar a los propios terroristas. Esto ocurría a 400 kilómetros de la casa de los padres de Juanjo, que están en Elche. Varios “tontos” que se habían creído este tipo de “tonterías” acumularon explosivos y arrollaron a viandantes con una furgoneta, para “acabar con los españoles” y para “liberar las tierras del norte”, en favor del Estado Islámico.

¿Cuánta culpa tiene la campaña de dos años en la que Juanjo justificó asesinatos, violencia y terrorismo e instó a cometer atentados desde el ordenador de su casa? Nunca lo sabremos, pero dos años son muchos años para un califato que sobrevivió, imponiendo el horror y lo peor de la humanidad, durante algo más de cuatro años.

¿Cuánta culpa tienen los otros “yihadistas” que, creyendo en la causa y siendo musulmanes (conversos, nacidos, perdidos, ¡qué más da!), compartieron en las redes el mismo material que Juanjo y escribieron argumentos que justificaban la existencia del Estado Islámico?

“Ni siquiera es musulmán. Se finge miembro del Estado Islámico”, dice la Justicia de Juanjo

Última cuestión. Imaginemos que Bagdadi nunca llegara a apretar personalmente un gatillo, ni a activar una bomba. Que su papel al frente de uno de los grupos más sangrientos de la historia de la Humanidad se había basado en la retórica, en interpretaciones religiosas, en producir propaganda ideológica para animar a los muyahidines que luego se hacían con un kalashnikov para matar a tantos inocentes. En poner sobre la mesa argumentos para lanzar a los homosexuales desde lo alto de los edificios. A convencer a tantas mujeres que marcharon estos años al Califato para sembrar con sus hijos un territorio basado en una visión radical del islam.

No sabremos qué sentencia le habría caído a Bagdadi, hoy hecho un fiambre que preferimos olvidar. Tampoco sabremos mucho más del resto de fans de Bagdadi que distribuían y enaltecían sus ideas en todo el mundo. Pero sí sabemos qué le ha pasado a Juanjo, el treintañero de Elche que no se creía los mensajes que él mismo distribuía en las redes sociales.

(El diálogo de arriba es ficticio. O eso espero. Lo que viene ahora son declaraciones literales de una sentencia judicial).

La Audiencia Nacional, en un fallo en apelación, consideró que Juanjo no es ni yihadista, ni nada que se le parezca. “Ni siquiera es musulmán. Se finge miembro del Estado Islámico”, dice la Justicia, en un sentencia reproducida por El País. Lo condena a seis meses de prisión –que no tendrá que cumplir, claro— porque, de alguna manera, ha justificado la violencia terrorista, aunque sea —como alegaba la defensa— porque pretendía adquirir “notoriedad mediante la provocación”.

“…Invita a que se mate a españoles o se trate de acabar con catalanes católicos, sustituyendo las cruces de las iglesias por medias lunas… Estos comentarios no son aislados, sino que se repiten y se reiteran desde junio de 2016 a enero de 2018”. Vamos, que ni Juanjo se creía el cuento del yihadista mártir que quería reinstaurar el verdadero islam y recuperar Al Ándalus, pero le molaba ser influencer especializado en yihadismo.

A ver si lo entiendo mejor. Sí, la Justicia española entiende, argumenta, subraya y reconoce que el acusado, Juanjo, instaba a ccometer “un acto criminal”, con la intención de “desencadenar un reflejo emocional de hostilidad” y promoviendo el “odio y la intolerancia”.

“¡Era todo una coña! ¿De verdad alguien se ha creído eso del islam verdadero, el paraíso y el califato?”

Pero como solo es un falso yihadista, que se llama Juan José (un nombre poco moro, todo hay que decirlo, quizás si le ponemos Abu Juanjo suena más creíble) y que dice que no cree en eso de que inmolándose vaya a acabar rodeado de no sé cuántas vírgenes en el paraíso, entonces le tenemos que creer y solo le caen seis meses de prisión. Ah, y una multa de 200 euros, lo que a mi por aparcar el coche en línea amarilla.

Me imagino la misma secuencia repitiéndose con un Abu Husein el Elcheni, un parado, nini, que vive con sus padres y que se dedica a retuitear propaganda yihadista y pedirle a la gente abrazar la “verdadera religión”. Me imagino la misma secuencia con el difunto Bagdadi.

—“Venga, señoría, no se creerá usted que yo iba en serio con todo el lío ese. ¡Si hasta me salía una sonrisa cuando decía eso de Allah u Akbar! ¡Era todo una coña! ¿De verdad alguien se ha creído todo eso del islam verdadero, el paraíso y el califato? ¡No me jodas!” alega el terrorista.

— “Hombre, usted dirá, señor Bagdadi. La gente ha matado, violado, torturado y arrasado con poblaciones enteras en su nombre y gracias a su discurso”, le reprocha el juez.

—“Ya, señor juez, pero usted convendrá conmigo que la gente es gilipollas. ¿Qué culpa tengo yo de eso?”, le contesta el yihadista real. “¡Pero señor juez, si incluso hay gente dispuesta a inyectarse desinfectante contra el nuevo coronavirus solo porque lo diga Trump!”, concluye el acusado.

Al juez no le queda más remedio que coger su mallete, dar un golpe y declarar el caso visto para sentencia.

“No se merece mucho más de seis meses. Vamos, que esto del yihadismo no se lo creía ni Bagdadi. Él solo quería ser un influencer”, me imagino que deliberan los jueces del caso. Y eso que, con la broma, acabó siendo el terrorista más temido del mundo. Y eso que, con su propaganda, Juanjo tiene sobre su conciencia, mínimo, a las víctimas de los atentados en Cataluña.

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