Ederlezi en tiempos del ramadán

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Publicado el 21 May 2020

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Avni Mustafa desolla un cordero para la fiesta de Ederlezi en Kosovo (Mayo 2019) | © Miguel F. Ibáñez

 

Plemetina (Kosovo) | Mayo 2019

Son las 8 de la mañana. Avni Mustafa, 31 años, poco pelo, bajo, piel tostada, ya está con una lata de cerveza en su mano zurda y con un afilado cuchillo en la diestra. Despedaza la carne de dos ovejas que cuelgan de una estructura de metal que, salvo en estas señaladas fechas, sirve de columpio para los niños y las niñas de su extensa familia: hoy es Ederlezi, la fiesta de primavera de los romaníes (gitanos) de los Balcanes, que se celebra el 6 de mayo.

Pese a los estruendos de la música, Dai, el hermano de Avni, sigue durmiendo. La madrugada anterior había celebrado el primer día de ramadán: hasta las 4 de la mañana, poco después de su última comida, no se acostó. Cinco horas más tarde, vestido de negro, desciende las escaleras de su casa, en la segunda planta de uno de los edificios que conforman el irregular complejo familiar de los Mustafa en Plemetina, una ciudad de Kosovo habitada en su mayoría por romaníes de fe musulmana.

Ederlezi y ramadán: una contradicción. Porque en ramadán no se pueden ingerir alimentos ni bebidas en lo que dure la luz del día, y hay que evitar pecados en general, como el alcohol. Ederlezi, en cambio, es una orgía de comida, alcohol, música y baile. Como el ramadán, que sigue el mes lunar, se desplaza a través de las estaciones, en 2019, por primera vez en 30 años, Ederlezi cayó en el mes sagrado. Dejará de hacerlo en 2022. La familia Mustafa se enfrenta a la pugna entre costumbre religiosa y tradición gitana.

“Ederlezi es la gran celebración romaní, pero este año cae en ramadán y es un poco rebuscado”

“No tengo hambre, más bien tengo sed. He dormido un par de horas y me siento mejor. Si no fuera ramadán, no podría huir de la carne de esta manera. Pero hoy…”, comienza Dai, de 36 años, que si no mostrara su documento de identidad se diría que es el gemelo de Avni. “Ederlezi es para mí la gran celebración romaní, pero este año cae en el mes de ramadán y es un poco rebuscado. Después o durante el ramadán puede que sacrifique una oveja con mi padre”, propone Dai como solución atemporal.

Mientras, Avni sigue despezando las ovejas. Su mujer, Ramiza, ayuda. Sus hijos pululan alrededor. Sonríen al gadjo (extranjero). La primera en aparecer es Fátima, a la que llaman Tina, que habla un poco de inglés y muy bien el romaní y el serbio. Como otras niñas de esta etnia no sabe albanés, el idioma principal de Kosovo. Luego aparecerán Adis, su hermano, y sus primos Angjelina y Sadri. Durante horas, ellos se apoderarán de la cámara. Tomarán instantáneas.

“Ederlezi es la mayor fiesta para los romaníes, donde encontramos nuestra mayor felicidad”, empieza Avni. Según relata, esta tradición dura cuatro días y su momento principal, el 6 de mayo, coincide con la festividad de san Jorge. Esta se celebra el 23 de abril, pero en el calendario juliano, aún en uso para fines litúrgicos en la Iglesia ortodoxa serbia, esta fecha cae en el 6 de mayo del calendario gregoriano, que rige la vida civil.

La misma fiesta se conoce también en Turquía y países vecinos, donde se llama Hidirellez, un nombre que se interpreta como Hidir-Elias y se explica como una conmemoración del encuentro entre los profetas Hidir (Jidr, solo presente en la tradición islámica) y Elías. En los Balcanes se asocia más a san Jorge y las hojas, hierbas y ramas frescas juegan un papel fundamental en los ritos. Y lo de primavera parece ser más bien una interpretación gadjo: “Los romaníes tenemos verano e invierno. En Ederlezi celebramos el comienzo del verano, momento en el que los romaníes podían migrar. Ahora es otra historia: la gente celebra las posibilidades de poder trabajar y llevar a las familias algo de comida”, explica Avni.

La mujer unta su dedo en la sangre para marcar la frente de todos los miembros de la familia

El 5 de mayo por la mañana, relata el hombre, la principal mujer de la casa hornea pan que será decorado con ramas de árboles. Cuando el hombre se despierta, lo primero que hace es depositar unas monedas sobre ese pan. Luego todos se visten con elegancia para ir, mujeres y hombres, hasta un río. “Hay que coger hojas de sauce de tres árboles diferentes, y se hace un largo camino buscando las mejores. Luego, cerca del río, los niños saltan y el mentor —cabeza de familia— corta hojas que reparte y que se depositan en tres tramos del río”, explica Avni.

Una vez cumplida esta parte del ritual es hora de comer lo que la mujer de la casa ha preparado. En Kosovo, lo normal es que sea flia, una masa de hojaldre rellena de crema de queso. Entonces se bebe, se come y se baila. “Todo el día se bebe y se escucha música romaní de todos los Balcanes. A la mañana siguiente, los hombres tienen que darse una ducha con agua con las hojas de sauce y las hierbas recogidas cerca del río”, dice orgulloso Avni.

En estos cuatro días de tradición romaní, los colores rojo y verde son significativos. El primer día, las niñas y los niños visten prendas verdes, color que acerca la felicidad. El segundo día comienza el festival de la carne: primero las entrañas para el desayuno, para la cena las partes más apreciadas de la oveja, al día siguiente una sopa de carne… y así hasta el cuarto día. La oveja la debe sacrificar el hombre mayor de la familia y se corta en tantas piezas como hay varones en el hogar.

Avni mata una por él y otra por su hijo Adis. Una vez degollada la oveja, parte de la sangre derramada será recogida por la mujer de la casa en un amplio plato de metal. Luego untará su dedo índice para marcar la frente de todos los miembros de la familia. “El rojo es salud y energía positiva”, asegura Avni. El tercer y cuarto día de Ederlezi están marcados para las visitas de amigos y familiares, agrega.

Romaníes en Kosovo

Los romaníes llegaron a Kosovo probablemente en el siglo XIII, quizás antes, y el hecho de que provienen originalmente de la India —al menos su idioma forma parte de la rama india del tronco indoeuropeo— puede explicar tal vez ese punto rojo sobre la frente. Al igual que otros romaníes repartidos por los Balcanes, en Kosovo, los romaníes han adoptado el islam. Acusados de colaborar con los serbios durante los años de opresión que desembocaron en la guerra de Kosovo de 1998-99, hoy son visto con recelo por la mayoría albanesa que dirige el país. Por eso no es extraño que romaníes y serbios convivan en las mismas regiones de Kosovo. Habitan los mismos guetos y compartan un futuro incierto.

“Antes, todos los romaníes de varias aldeas solían juntarse en un campo para celebrar Ederlezi”

En Plemetina, municipio de poco más de mil habitantes a una decena de kilómetros al noroeste de Pristina, con su vía del tren que parte la urbe en dos, hay romaníes ricos y pobres, musulmanes conservadores y heterodoxos, serbios ortodoxos, traficantes de droga, trabajadores por cuenta propia y por cuenta ajena. En sus calles sobre todo se ven niños que alucinan con el periodista gadjo. Hay dos colegios: el serbio y el albanés. Los pequeños —niños y niñas— de la familia Mustafa van al centro escolar serbio. Por eso Tina no sabe albanés. Y puede que nunca lo aprenda, lo que aumentará los problemas de adaptación a la mayoría albanesa de Kosovo. “Aún no sé por qué vamos a colegios diferentes”, comenta Tina señalando el colegio serbio.

Plemetina, a 15 kilómetros de Pristina, es una zona contaminada que se ha caracterizado por surtir la demanda de mano de obra de las centrales térmicas Kosovo A y Kosovo B. Precisamente, la vida de Dai dio un vuelco con la guerra. Como muchos otros jóvenes de Plemetina, su camino parecía destinado a un trabajo extenuante en las centrales térmicas. Buen estudiante, comenzó su formación como asistente médico, pero no pudo terminar el curso porque tuvo que casarse por deseo de su padre. Años más tarde, tras probar con todos los médicos especialistas posibles, se divorció de su mujer porque ella no era fértil, la mayor losa que puede sufrir una romaní.

Entre medias, Dai recibió formación como técnico de minas para poder trabajar en las centrales térmicas. Pero entonces llegó la guerra de 1998-1999, y un flujo incesante de entidades internacionales se asentaron en Kosovo. Necesitaban traductores, gente que pudiera penetrar en la hermética comunidad gitana. Dai, avezado, aprendió inglés. De esta forma pudo forjarse un futuro diferente al que su padre tenía en mente. Hoy, colabora con una ONG que trabaja con romaníes, gjupci (‘egipcios’) y ashkalíes, tres grupos gitanos que en Kosovo se consideran colectivos distintos, pero que para Dai y Avni son solo uno: todos son romaníes.

Avni también trabaja en una organización que lucha por los derechos de los romaníes, pero subraya que nunca contrataría a su hermano para evitar el tráfico de influencias. Indignado, arremete contra esas entidades que solo buscan los jugosos fondos comunitarios y que no luchan con seriedad por cambiar la delicada situación de los kosovares. Su mujer, Ramiza, habla un inglés decente. Parece muy divertida. Chapurrea castellano gracias a la telenovela Kassandra, que puede haber sido la herramienta cultural más efectiva para extender el español en los Balcanes. La casa en la que habitan Avni y Ramiza, la planta baja de un chalé, es en realidad propiedad de Dai, que pudo “juntar mucha plata” gracias a la comunidad internacional.

Tradición

Para Jimmy, el tercer hermano de la familia Mustafa, es la primera vez que sacrifica una oveja. Ramiza ayuda, le enseña la mejor manera de atravesar la carne sin desgarrar las entrañas. Jimmy lo hará bien dentro de poco. Tiene buenas manos: es músico y está grabando un álbum junto a su grupo ‘Jimmy Mustafa Band’. Él celebra Ederlezi, como su mujer, pero tampoco es el alma de la fiesta. No canta ni se desquicia cuando la música comienza o para. A diferencia de Avni, Jimmy no bebe en exceso. Como Avdyl, el último hermano, espigado y de sonrisa eterna a sus 32 años, que es quien más se divierte cuando juega con los pequeños. Es también quien más énfasis pone en la música. Se sienta cerca del altavoz. Reconoce que no come mucha carne roja, que nunca prueba la casquería. No le gusta: es un romaní que aprecia el pollo y las verduras, que no guarda ramadán y celebra un Ederlezi descafeinado, sin carne de oveja.

“Hoy, la gente sigue la religión musulmana, y el islam prohíbe la celebración de Ederlezi, la considera haram

La tradición de Ederlezi, al menos en Plemetina, poco se parece a la imagen romántica que dibujó Emir Kusturica en El tiempo de los gitanos (1988) que además inmortalizó en el imaginario colectivo la canción popular ‘Ederlezi’. Aquí ni siquiera se observa esa unión familiar de clanes y linajes característica de esta comunidad. La tradición en Kosovo está mutando. “En el periodo de mis antepasados, todos los romaníes de varias aldeas solían juntarse en un campo para celebrar Ederlezi. Montaban chozas al aire libre. Ahora todos están en sus casas bebiendo”, reconoce Dai. “No hacemos los rituales como antes de la guerra: las familias romaníes iban a celebrar Ederlezi cerca de una tumba sagrada. Sé que en la época de mi abuelo, todos los bugurdji —el clan de los Mustafa— iban allí. Esa unión de amigos, familiares y personas queridas es para mí el gran significado de Ederlezi”, añade Avni en el salón de su casa después de comer carne con ensalada y beber vino.

Puede que todo sea culpa de la desilusión que siguió a la guerra, de la cada vez mayor desunión entre los clanes o de la no menos importante penetración del islam en Kosovo. Tal vez una mezcla de todo. “La tradición ha cambiado mucho: al principio, toda la gente de Plemetina celebraba Ederlezi. Pero hoy es diferente, la gente sigue la religión musulmana, y el islam prohíbe esta celebración, la considera haram”, explica Avni. Incide en el efecto negativo del islam ortodoxo: “Quienes conozcan la importancia de la tradición tratarán de equilibrar la influencia entre religión y tradición étnica. Yo creo en Dios, pero tengo que marcar una fecha en la que se me reconoce como romaní. Porque si una nación no celebra esa fecha que define a su comunidad, se convierte en otra cosa que no sé describir… ¿Por qué no celebrar algo que es romaní?”

Ramadán

Son las 19.30 horas del 6 de mayo. Sadri, de 60 años, el patriarca y faro de los Mustafa, padre de Avni, Dani, Jimmy y Avdyl, espera sentado en la mesa junto a su mujer, Fatime. Lo acompaña Dai. El sonido del pollo friéndose domina la escena. La televisión por cable emite sermones religiosos en árabe. Ellos son los únicos que han guardado ramadán, pero la familia de Jimmy está presente. Como siempre, los niños revolotean. La joven Sara, de un año, llora después de darse un golpe con la mesa. Su padre, Jimmy, la calma. El sol ha caído. Es hora de beber un vaso de agua y, acto seguido, comer un dátil y un dado de lokum, un dulce turco típico en Kosovo. Luego una sopa que equilibre el estómago. Una ensalada. Y carne. Dai tiene una imponente bandeja con la carne sacrificada por Jimmy durante la mañana. Sin embargo, Sadri y Fatime comen el pollo frito.

“Mi padre hace ramadán, pero todo este conocimiento de Ederlezi me lo transmitió él”

“Mi padre no quiere comer esta carne. Come en Ederlezi, pero este año, como ayuna, tiene mala conciencia si toca este plato”, explica Dai. “Una oveja es una oveja, y es un ritual similar al Kurban Bayram (Fiesta del Cordero musulmana), por eso yo sí como”, añade. Dai refleja un islam heterodoxo: bebe de vez en cuando alcohol, va dos veces al año a la mezquita y es capaz de celebrar ramadán y Ederlezi el mismo día. Su padre, en cambio, parece más conservador. Pero no lo es: no prohíbe a sus hijos beber alcohol ni fumar, y acepta que en pleno ramadán esté sobre su mesa una carne que se ha sacrificado sosteniendo con la otra mano una lata de cerveza. En una familia fundamentalista sería impensable.

“Mi padre hace ramadán, pero todo este conocimiento de Ederlezi me lo transmitió él. Como antes hizo mi abuelo y ahora hago con Adis. Si no existiera una tradición que te dice lo que eres, estaríamos poniendo nuestra etnia en peligro”, concluye Avni, orgulloso de su padre. Es medianoche, y los Mustafa enfilan hacia sus respectivas casas. Ha sido un día de festejo para todos: las familias de Avni, Jimmy y Avdyl no se despertarán hasta mañana; Dai, Sadri y Fatime se reunirán en un par de horas para comer y beber antes de que salga el sol sobre Plemetina. La fiesta, ya sea de tonos étnicos o religiosos, continúa.

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