Unos listos muy tontos

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Publicado el 20 Jun 2020

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Sea de la ideología que sea usted, piense que la única diferencia que tiene con su contrario/opuesto es la distribución de una riqueza. Dicha riqueza es la productividad y en ella están basadas todas las predicciones de los economistas que actualmente están al mando, al volante, de este planeta. Y pienso, deberíamos preguntarnos: ¿Qué sabe un economista de la situación en la que nos hallamos?

En mis años de estudiante de biología me enseñaron algunos términos básicos de ecología que veo fundamental aplicar en la actualidad. Porque en esa ideología de izquierda, derecha o centro, la distribución de la riqueza fluye como en un embudo a una sola especie y eso ecologicamente hablando es más que insostenible: es imposible.

Un ecosistema se define por tres factores: materia, energía e información. A continuación, trataré de explicar en que consiste cada uno de ellos por medio de ejemplos visualmente sencillos, pero será necesario, para que los pueda integrar, que reflexione en su vida cotidiana cuáles son los flujos de estos tres conceptos.

Materia

¿Saben cuál es el ecosistema más productivo del planeta? No, no son las selvas, son las marismas, los humedales. Esas infinitas planchas de agua de poca profundidad, donde la producción primaria, la fotosíntesis, se da a gran escala, hacen que sean ecosistemas de una productividad exuberante. Las historias de la caza y la pesca en Doñana de hace no más de 50 años lo revelan. El problema es que nuestra lógica económica, basada en la predación y consumo de recursos naturales, no tiene en cuenta los ciclos naturales cerrados, y vemos en una selva, con esas inmensas masas de materia, en forma de madera y minerales enterrados, una oportunidad de negocio. Negocio= esquilmar.

¿Entiende? Esto no ha cambiado mucho desde que estudiamos en primaria lo del sol, las plantas y las vacas. Los avances tecnológicos aún no han creado materia por ciencia infusa, esta en primera instancia sigue proviniendo de las plantas. ¿Sabrán esto los economistas?

¿Podemos criar un buey irlandés en Cádiz? Por supuesto que sí: el ser humano es capaz de la mayor  estupidez

Cuando desde el coche, camino a El Palmar, una bella playa de Cádiz, le decía orgulloso a mi querido amigo Fernando: Mira Fernan, esas son las vacas retintas… su contestación fue un casi despectivo: ¡Buf! ¿Eso?. Era obvio que a un vasco no le puedes decir que una vaca en medio de una dehesa puede dar una carne mejor que rodeada de los pastos del norte. Eso, es materia, eso es productividad. ¿Podemos criar nosotros un buey irlandés en la costa de Cádiz? Por supuesto que sí, el ser humano es capaz de la mayor de las estupideces, lo que pasa es que nos cuesta un buen dinero en pienso, entre otras muchas cosas. Cuando el precio del pienso está barato, especulo y crío el buey, cuando está caro, me vuelvo a la retinta. De hecho ya hay muchos ganaderos que hace tiempo hicieron sus números e irreversiblemente se dedican a criar vacas retintas, no ganan tanto, pero al ser animales más adaptados a nuestro clima sus ganancias son más estables.

Cuando hablamos de producir —materia, biomasa—, la genética es fundamental y de ahí que se hable siempre de la importancia de su diversidad, no sólo por cuando vienen las pandemias, sino porque cuando vienen las “vacas flacas” (sequía, inundación, subida del crudo, crisis financiera) hay algunas razas no adaptadas que mueren como chinches y la ruina es tremenda. Un ecosistema da lo que da, produce lo que puede producir; cuando estás sacando mayor beneficio del que naturalmente te daría, gracias a entradas de materia externa, avances tecnológicos y la contaminación barata del medio (barata para el que contamina, claro está), estás expuesto a las fluctuaciones del mercado. Tu negocio es una burbuja. Esto si creo que lo saben los economistas.

Días después, en Vejer de la Frontera, a Fernando le dí a probar el queso de cabra payoya… fue mi venganza, que ahora se estará enterando. Claro está que por mucho que quieran los ingleses, asturianos o gallegos, el queso de vaca, por muy Stilton que sea, deja de ser queso cuando pruebas uno de cabra. Todo no se puede tener. ¿Y por qué no crían cabras en el norte? Teniendo agua y pastos “de gratis”, no se van a meter en un animal cuya productividad viene de sacar riqueza donde no la hay…en principio. ¿Se han preguntado alguna vez que significa “riqueza”? Con poco que googleen se darán cuenta que los economistas saben mucho de este concepto.

Un sencillo experimento para entender la materia es darse un paseo por el supermercado y observar los precios. Por regla general, el arroz y la pasta son más baratos que un filete y este más barato que un trozo de tocino. El precio está en la cantidad de materia y recursos que se ha necesitado para generar cada uno de ellos; de hecho será directamente proporcional a la cantidad de ejercicio que tendrás que hacer para transformarlo en energía.

¿Qué ha pasado con los materiales en los últimos 10 años que ahora ni a los ricos les duran los botines?

Es difícil no mezclar materia y energía. El filete, como usted sabe, contiene proteínas, igual que las legumbres. ¿Cuántas veces come usted legumbres a la semana? ¿Cuántas veces come usted carne a la semana? ¿Cuántas veces comía su abuelo o abuela garbanzos a la semana? Pregúnteles. ¿Cuantas veces se comía en casa de sus padres un entrecot, un churrasco o un filete de lomo? Ya no a la semana, más bien habría que preguntar al mes o quizás ¿llegó usted a comer un entrecot cuando era pequeño?

Así es, usted puede consumir carne de manera relativamente barata, para su bolsillo, tremendamente cara para los ecosistemas. Sociedades excedentarias, estados de bienestar… Todo muy democrático, igualitario y equitativo, para nuestra especie por supuesto.

Cuando era chico e iba al cole era consciente de que mi ropa —botines, mochila y chubasquero— no eran de marca. Me encantaban los objetos caros, a veces heredados del hermano mayor: estaban gastados, resistían el paso del tiempo, humanizados. A mitad de curso yo había cambiado de botines, a mi mochila se le había roto un asa y el chubasquero había dejado de ser impermeable, pero los que vestían de marca los seguían teniendo intactos.

Lo tuve claro cuando empecé a trabajar profesionalmente en la fotografía: siempre intenté comprar lo mejor. Aún conservo, en perfecto estado y funcionamiento, una cámara analógica que compré de segunda mano, hace ya 25 años ¿Qué es lo que ha pasado con los materiales en los últimos 10 años que ahora ni a los ricos les duran los botines?¿Qué habrá pasado para que todos podamos vestir de marca? Ya no hablamos de la obsolescencia programada, es decir, productos que tienen fecha de caducidad, sino de la locura impuesta por el mercado a la innovación.

¿Saben cuántas cámaras digitales he tenido que comprar en mis últimos diez años de profesión? Muchas y ninguna sirve ya para nada. Esnobismo, consumo, rapidez, usar y tirar. Materia como fuente de riqueza, de esto también saben los economistas.

Energía

La diversidad cultural es casi tan importante como la genética. Estas cosas que parecen pajas conceptuales son las que en el fondo, aún sin saberlo algunos de sus protagonistas — partidarios y detractores— se debaten cuando se habla de la riqueza cultural que tenemos en esta España de autonomías. ¿Recuerdan el apartado anterior? El vasco y el andaluz, la vaca y la cabra. Cuando un arquitecto construye en Sevilla un edificio donde no puedes tender la ropa, es porque quizás se saltó los primeros años de carrera en la que se estudiaba la arquitectura andaluza o quizás es porque a base de ser cool pensaba que la ropa tendida afearía su maravillosa fachada y era mejor que la secadora viniese, igual que los armarios empotrados, integrada de serie. Eso se llama despilfarro energético y de eso saben los economistas, sobre todo los de las grandes empresas energéticas.

Cuando un arquitecto construye en Sevilla un edificio donde no puedes tender la ropa, ¿en qué piensa?

Cuando los alcaldes de los ayuntamientos descuidan su arbolado urbano y tratan de mitigar las altas temperaturas con aires acondicionados, soluciones constructivas o microdifusores de agua, es porque la energía les sale barata, para su bolsillo, no para el bienestar de las ciudades que, dicho sea de paso, también son ecosistemas. En Andalucía lo tenemos claro, desde al menos… nuestro pasado musulmán: La humedad es el mayor amortiguador del clima y eso, energéticamente hablando, sólo lo puedes conseguir con vegetación y agua. Todo lo demás es negocio, productividad, riqueza… para los economistas.

La comida asiática se trocea mucho para que tenga mayor superficie de contacto y se cocine con rapidez. El objetivo: tener energía para dar de comer a millones de personas. Que en España o no sé donde esté de moda la cocina asiática es un ahorro energético. Que exista una pequeña clase media incipiente (millones de personas) en China a la que le dé por encender un horno para hacer un pavo a la americana es cuanto menos preocupante. ¿Recuerdan la que se liaba en casa de nuestros padres cuando encendíamos el horno en navidad? ¿Desde cuando no hay telarañas en los hornos?

La energía es necesaria para producir materia, aquello del sol y las plantas. Cualquier agricultor entiende el coste real de esa energía. Entre 20 y 25º, los procesos biológicos se aceleran de manera optima, de ahí que por muy megaavanzados, inteligentes, tecnológicos, eficientes y sobre todo costosos que sean los invernaderos en Holanda, producir un pimiento en Almería es incuestionablemente más barato y rentable.

Cuando en el 2000 viví durante un año en Venezuela, todo lo que había estudiado en biología me explotó en la cabeza: la productividad de aquellos ecosistemas era brutal, los ciclos de materia eran rapidísimos. La temperatura, la humedad y las 12 horas de sol durante todo el año hacían que el tiempo se acelerara.

Hay un término, que me chocaba y que entendí tras ese año. Se les aplica/avisa/alarma a los europeos que van a vivir allá: la tropicalización. Es el efecto de estar en una hamaca tirado todo el día de manera contemplativa. Cuando la naturaleza es exuberante y provee más de lo que uno necesita, ¿que necesidad hay de producir nada?

Un economista con aporte externo de energía —aire acondicionado— puede pensar que la siesta es de vagos

Eso es riqueza tangible y real, pero a los economistas no les parece suficiente, por eso a los tropicales se les tacha de vividores. La siesta también es eficiencia energética: en el sur a partir de mayo las peonás se empiezan casi de noche para estar recogido cuando el sol aprieta. Desde una oficina, un economista, con aporte externo de energía en forma de aire acondicionado, puede pensar que la siesta es de vagos.

Cuando hablamos de energía deberíamos hablar de entropía. Piense en su dormitorio: ¿cuánta energía gasta en desordenarlo cuando llega reventado por la noche? ¿Cuánta energía le cuesta ordenarlo a la mañana siguiente? Siempre gastamos más energía en generar orden que en el caos, de ahí que las guerras sean rentables: destruir una ciudad a base de bombas sale relativamente barato comparado con lo que costará su reconstrucción: hemos generado un negocio con poca inversión…

Acabo de hablar cómo un economista. Cuando rompe un vidrio en el deposito de reciclaje —porque de hecho están diseñados para que se rompa— también está generando negocio y le aseguro que no es pensando en el medio ambiente.

Siempre es más barato conseguir el caos que el orden; en este caso también se apoya lo de usar y tirar que comentábamos en el anterior apartado: la materia. Es más rentable para las empresas destruir y volver a vendértelo que reparar, pero ¿cuánta energía vamos a necesitar para darle orden a esa enorme isla de plástico que surca nuestros mares? ¿La asumimos ya como parte de nuestro Planeta Mierda? Isla de Plástico, se han quebrado la cabeza para nombrarla… nada es inocente, quizás Isla Basura habría causado más impacto y reflexión, no suena tan aséptico.

¿Recuerdan la imagen que acaban de ver de su cuarto ordenado y desordenado? ¿Cómo piensa que suelen terminar los pisos con problemas de diógenes? Efectivamente, salen ardiendo. Son inercias de la energía, de la termodinámica.

Información

Este apartado es el que más poder/dinero maneja. Al igual que los dos anteriores ha sufrido una aceleración y empobrecimiento en los últimos diez años, nunca antes conocido… Piense en su hijo delante de la tablet viendo el Tik Tok.

Cuando un iluminado creó una aplicación de móvil de Semana Santa, todo el mundo alabó su ingenio

Cuando era joven podía pasar días redactando una carta de amor a una compañera de clase: no sólo era el proceso de escribirla e incluso ilustrarla, sino reunir el valor de dejársela de manera furtiva en su maleta. ¡Buf! ¡Menudo subidón te pegaba! Después estaba la larga e interminable espera de la respuesta, cuando la había… Actualmente nuestros adolescentes por medio del móvil pueden flirtear antes del primer recreo, sentir que están saliendo a media mañana y cortar la “relación” antes de irse a casa ¡sin tocarse! Todo va muy rápido, más rápido de lo que nuestra cabeza es capaz de asimilar y nuestro ecosistema de soportar. Todo esto es información.

Me gusta pensar en mi cuerpo cómo un ecosistema, con la edad me doy cuenta de que mi cuerpo no acompaña a mi cabeza. De hecho hace años que en momentos determinados debo tomar algo para dormir y no es valeriana precisamente. Necesito que la información que se genera en mi cabeza pare, se ralentice. Si no, siento que acabaría con mi cuerpo. Exactamente esto es lo que está pasando a nivel planetario. Quizás me esté yendo a un abordaje muy conceptual, así que volvamos a lo práctico.

Todos hemos visto a los osos del Canadá pescando salmones, o al menos nos hemos quedado dormidos con ellos de fondo. Imaginen por un momento que hubiese un wifi gratis que avisara a todos los osos de este recurso, el lugar y la fecha… se generarían enormes conflictos, pero sobre todo no habría salmones para todos y ante todo no habría salmones al año siguiente. Eso también es información.

Cuando un iluminado creó una aplicación de móvil de Semana Santa, apoyada por la implantación de geolocalización de los pasos cofrades, todo el mundo alabó su ingenio: “Qué crack ¡lo ha petado!” No había que ser un capillita, así es como se llama en Sevilla a los entendidos sobre el tema, para saber cuáles eran los sitios más bellos y mágicos donde ver según qué cofradía, no había que ser un capillita para calcular la hora a la que la procesión pasaría por ese sitio y el tiempo que te demorarías en atravesar la bulla. ¿Qué es lo que pasó? Las calles del centro de Sevilla no son avenidas precisamente, así que daban para lo que daban: para soportar la ya multitud de personas que tenían la información antes de esa “inteligente” aplicación… y nunca más hubo salmones.

Somos tremendamente listos, tan listos que ya estamos pensando en otros planetas donde vivir

El conocimiento de los capillitas, trasmitido de abuelos a nietos, no sólo dejo de tener valor sino que dejó de existir. ¿Imaginan un recolector profesional de setas que compartiera en web las geolocalizaciones y fechas en las que fructifican los hongos? Sería un listo muy tonto ¿no? Además, con esa información podríamos hacer una app para que un urbanita pudiera ir a recoger setas los fines de semana… Sería un tonto muy listo ¿no? Al final listos somos todos, no cabe duda, pero setas quedan pocas. Eso es información.

¿Cómo valoramos la información? Cualquiera que tenga una empresa y le esté comprando a Google la información de sus potenciales clientes lo sabe perfectamente. Esto quizás sea muy abstracto para entenderlo, así que volvamos a meter las manos en la tierra. La cultura es la información que necesitas para sobrevivir en un ecosistema determinado, o como se implantó tras la Ilustración: es la información que se necesita para explotar un medio determinado. Es aquello que los anglosajones definen como el “know how”. Fijémonos como ejemplo en el corcho.

El corcho es un material estratégico, ¡y tanto! Sólo se produce en la cuenca del Mediterráneo y se necesita en todo el planeta. Los trabajadores que extraen el corcho, los corcheros, portan un conocimiento muy valioso y costoso, es una maestría. Se necesitan un mínimo de tres años para ser maestro corchero, es decir, extraer el corcho de manera que no hagas daño al árbol. Dañar un árbol significa echar al traste una espera de 30 años. ¡Menuda responsabilidad! El problema está en que el sistema económico en el que vivimos no entiende de maestrías y de saberes populares, o más bien, me corrijo, no entiende cuando estos pertenecen a estratos socieconómicos bajos, como los camperos. El conocimiento, según la lógica del mercado, cuesta dinero y se adquiere haciendo másters.

Los corcheros, lejos de regalar su conocimiento como hizo el capillita de la app, se empoderaron hace años en el Parque Natural de los Alcornocales, exigiendo un sueldo digno que casi duplicaba lo ganado el año anterior. Propietarios, empresarios y la propia administración les dijeron que eso era imposible… pero cuando el conocimiento que uno porta es tan valioso, lo imposible se convierte obviamente en posible. La asociación que lo consiguió fue ACOAN (Asociación de Corcheros y Arrieros de Andalucía).

Paralelamente a este suceso se estaba desarrollando, con decenas de cientos de miles de euros de financiación pública, una máquina que descorcha. ¿Saben cuántos maestros corcheros se pueden formar con ese dinero? ¿A quién beneficia esa máquina? ¿Cuál es la lógica que ha llevado a pensar que la solución a un problema de información en el ecosistema era prescindir del conocimiento de sus protagonistas? Nuevamente la del mercado, tratando de imponerse, como elefante en cacharrería, en un sistema natural que necesita 30 años de espera y todo un entramado cultural para que funcione.

Ninguno de los tres apartados que acabamos de abordar de manera superficial habían estado tan desacoplados de la naturaleza, de la realidad, como están actualmente. Nunca en la historia de la humanidad. De ahí que no, no se engañen, no se dejen engañar: esto no es la Peste, ni la Fiebre Yankie. ¿Cómo hemos llegado a esto? Listos, somos tremendamente listos, de hecho somos tan listos que ya estamos pensando en otros planetas donde vivir, ya que somos tan tontos que damos este por perdido.

¿Qué diferencia hay entre ser listo o ir de listo? Cada uno de nosotros podríamos hacernos esa pregunta antes de que una nueva pandemia nos vuelva a gritar la respuesta.

¿Siguen pensando que los economistas controlan la situación?¿Alguien al volante?

Todo esto ya lo sabía, quizás le incomodaba de manera difusa. He tratado de ofrecerle una herramienta con la que analizar y ordenar ese malestar que nos generan los economista y políticos. Usted ya intuía que le robábamos a la naturaleza y puede ahora valorar, mediante estos tres sencillos conceptos, lo que nos podría regalar si el futuro fuese distinto.

¿Cómo va el PIB?

Ya saben: todo puede ser peor. En el próximo artículo bajaremos a las profundidades.

Feliz vuelta a la normalidad.

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© manutrillo | Especial para M’Sur

 

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