Del Che a Herodes

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Alberto Arricruz

@Alberto03021962

(Paris, 1962) Hijo de emigrantes sevillanos, trabaja en Francia de funcionario en cuestiones de sanidad publica y personas con discapacidad.

Publicado el 27 Oct 2020

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En 1962, el presidente estadounidense era el joven JFK, el primero en ser presentado por los medios como una estrella de cine. Charles De Gaulle, presidente de la República Francesa, gestionaba el fin del imperio colonial francés.

En una carta personal con cabecera “Le général De Gaulle”, se dirigía a su ministro de defensa, en julio de aquel año: “He constatado, especialmente en el dominio militar, un uso excesivo de la terminología anglosajona. Apreciaría que dé usted instrucciones para que los términos extranjeros sean prohibidos cada vez que una palabra francesa pueda ser utilizada.” Y, al firmar la carta dactilografiada, escribió a mano: “Es decir, en todos los casos”.

2020. Esperamos la elección del presidente de Estados Unidos como si del presidente mundial se tratara. El presidente francés Macron escribe… un tweet. En inglés. Rinde homenaje a la fallecida Ruth Ginsburg, jueza de la corte suprema de Estados Unidos, añadiendo una foto de street-art representándola en alguna calle norteamericana.

Seis décadas son poca cosa en términos históricos. En ese plazo de tiempo, ¿Cómo nos hemos vuelto americanos?

Régis Debray promete la respuesta: “Civilización, como nos hemos vuelto americanos” es el titulo de su ensayo publicado en 2017, completado por el panfleto “¡Alineaos!” publicado en junio 2020 en su “cuaderno de mediología” (a continuación, citamos los dos textos).

Debray acompañó a Che Guevara en Bolivia, fue arrestado, interrogado por la CIA, preso

Debray es todo un personaje en Francia. Nativo del barrio más acomodado de París, alumno de uno de los mejores institutos de Francia, entra en 1960 en la Escuela normal superior, “Normale Sup’”, templo absoluto de la elite literaria y científica francesa, desde Louis Pasteur al nobel de física Pierre Gilles de Gennes, de Jean Jaurès a Simone Weil, de Bergson a Sartre, Foucault o Derrida, de Durkheim a Bourdieu… Allí podía haberse quedado, consiguiendo el estatuto de “caimán”, profesor mítico como Louis Althusser que vivía en la escuela, saliendo solo para comprar tabaco.

Debray eligió otro camino: se fue a Cuba. Su primer ensayo nació de conversaciones con Fidel Castro: en 1967, Revolución en la revolución exponía la estrategia guerrillera del “foquismo”. Pasando a la practica, acompañó a Che Guevara en la guerrilla de Bolivia. Fue arrestado, interrogado por la CIA, preso unos años antes de ser liberado gracias a una campaña internacional impulsada por Sartre.

Salido de la cárcel boliviana, siguió vinculado con Latinoamérica. Entró en 1981 al servicio del presidente socialista Mitterrand, encargado de asuntos internacionales. Una bomba voló su piso en 1982. Fue responsable del pabellón francés en la Expo universal de Sevilla de 1992.

Regresando a la carrera universitaria, y como buen “gran intelectual francés”, Debray ha creado su propia disciplina: la mediología, que trata de “entender el devenir-Mundo de los signos, el devenir-Iglesia del discurso de un profeta, el devenir-Partido de un manifiesto (…) el devenir-fuerzas materiales de formas simbólicas” (Manifiesto mediológico, 1994).

Napoleón y Hitler han fracasado en su proyecto de imponer una civilización al mundo; América lo consigue

Civilización abre con una citación la filosofa Simone Weil, en 1943: “Lo mismo que la hitlerización de Europa prepararía la hitlerización del globo terrestre (…), una americanización de Europa prepararía sin duda una americanización del globo terrestre. El segundo mal es menor que el primero, pero viene inmediatamente después. En los dos casos, la humanidad perdería su pasado.”

Profecía cumplida. Debray lo registra como un hecho antropológico. Valga recordar uno de los maestros de Debray, el marxista Louis Althusser, quien al final de su vida daba como definición del materialismo: “Al fin y al cabo, es dejarse de cuentos.”

Donde Napoleón y después Hitler han fracasado en su proyecto de imponer militarmente una civilización al mundo entero, América lo consigue, según Debray, en un proceso semejante al del imperio romano: sin habérselo propuesto explícitamente, tras una larga cadena de circunstancias y, además, con buenos sentimientos proclamados. Debray repasa las semejanzas entre Roma y Estados Unidos, remarcando que Estados Unidos, ya en su fundación, se refiere al imperio romano.

«Una cultura construye lugares, y una civilización construye carreteras»

El núcleo de Civilización es un intento de aclarar la diferencia entre cultura y civilización. “Una cultura es soltera, cuando una civilización tiene descendencia.” “Una cultura construye lugares, y una civilización construye carreteras. Tiene política exterior. Actúa, es ofensiva mientras una cultura reacciona, es defensiva. Con exactitud hablaríamos de civiliz-acción (…). No hay civilización que no tenga raíces en una cultura, pero tal cultura no se hace civilización sin una marina militar y una ambición, un gran sueño y una fuerza móvil.”

Para Debray, la civilización no puede ser otra cosa que imperialismo. Según él, Huntington, autor del ensayo The Clash of Civilizations publicado en 1996, ha acertado al ver que “detrás de tantos enfrentamientos contemporáneos, muy por debajo y más allá de los intereses económicos y de las luchas políticas, algo está en juego que se refiere a lo arcaico: la persistencia de las civilizaciones.”

Constata que Francia y Europa han pasado de ser, al inicio del siglo XX, una civilización de la cual Estados Unidos parecía una variante cultural, a que Estados Unidos sea hoy la civilización, y Europa un conjunto de culturas. “En ajedrez, dice, a eso se le llama un enroque. En un campo de batalla, una derrota.” Entonces busca las diferencias fundamentales entre Europa y América: “Poco espacio y demasiados tiempos acumulados por aquí. Mucho espacio y pocos tiempos allí, donde los relojes se han puesto en marcha más tarde (casi ningún arte paleolítico).”

Por lo que en Europa tendríamos Pueblos, conjunto de herederos de una misma historia, cuando en América solo habría población, conjunto de personas sin historia ocupando un gran espacio. Me ha recordado lo que decían los viejos rojos, de que Estados Unidos no tiene historia ni pasado. ¿A qué vienen esos yanquis a mandar cuando no tienen solera?

Y yo me pregunto: ¿A partir de cuantos siglos de pasado una población puede ser elevada a la categoría superior de Pueblo? El historiador Fernand Braudel definía América como proyección de Europa occidental, a semejanza de Siberia proyección de Rusia: civilizaciones abriéndose espacio. De acuerdo con Braudel, América tiene un pasado: el de los pueblos nativos y el de Europa que allí se ha proyectado.

Si bien es verdad que la URSS ganó la II Guerra Mundial, EE UU ha ganado la paz

Debray me convence más cuando apunta la novedad del imperialismo americano, clave de su superioridad. Si bien es verdad que la URSS ganó la II Guerra Mundial, EE UU ha ganado la paz, conquistando los corazones e impregnando las culturas. “Victorioso, Vietnam se ha americanizado”, constata.

“El nuevo imperio nos envuelve por arriba y por abajo.” Estados Unidos son “el orden y la disidencia. Mainstream y Underground. El poder machista y el orgullo gay. Obesidad y dieta para adelgazar. Cultura conforme y contracultura. Sueño de los perdidos y modelo de los pijos. Wall Street y Occupy Wall Street…”

Con el reino del automóvil y de la autopista, con el lavarropa y el lavavajillas, EE UU también difundía Hollywood. “La marginalización de Europa no hubiera sido posible sin la marginalización de la cultura escrita por la cultura visual. El cine ha creado Estados Unidos.”

Hoy, con internet y las redes sociales, América tiene al oeste europeo hipnotizado (en francés se dice “médusé”). Cuando tres décadas han sido necesarias para importar las identitypolitics y otro decenio para importar la Gay Pride en París, la versión francesa de #metoo solo ha tardado un mes en encontrar traducción. Y cuando ocurrió el homicidio de Georges Floyd, en veinticuatro horas teníamos importados el lema y el gesto simbólico de arrodillarse.

“Cuando el presidente Macron escucha La Marsellesa llevando la mano al corazón, cuando el oponente Mélenchon se arrodilla [en una mani Black Lives Matter], cuando la alcaldesa Hidalgo ofrece el más bonito sitio de París a los tulipanes de bronce de Jeff Koons, o cuando un narcotraficante saluda a los jueces con “Su Señoría”, no están necesariamente conscientes de imitar cualquiera. Solo quieren estar en sintonía.”

Solo nos quedaría gozar de una americanidad alegre, segunda naturaleza para todas las culturas

Todo no resulta de la Divina Providencia, y Debray recuerda como la embajada americana en París, con Obama, se ha adentrado en las “banlieues” para seleccionar figuras prometedoras a quienes financiar seminarios de antirracismo, campos de verano “decoloniales” y de “diversidad”, formación para ser profesionales en los medios. Controlar de forma preventiva lo que podría oponerse al sistema es una muestra de gran sentido estratégico, y capacidad de utilizar la cultura para dominar.

Paul Valery preguntaba: “¿Acabará Europa siendo lo que es en realidad, un pequeño cabo del continente asiático? ¿O seguirá siendo lo que parece, la parte preciosa del universo terrestre, la perla de la esfera, el cerebro de un ancho cuerpo?”

Debray admira a Paul Valery, pero no cree en su Europa. No cree en el porvenir o la consistencia de la Europa política tal como se ha ido construyendo. Solo le interesa Francia, su país, que ha sufrido “pseudomorfosis”: termino científico utilizado cuando un mineral se sustituye a otro guardando la misma forma. Francia parece ser el mismo “gran país”, miembro permanente del consejo de seguridad de la ONU, con bandera, ministerios, embajadas, prefecturas… pero se ha achicado dentro de la misma apariencia.

Solo nos quedaría entonces gozar de una americanidad alegre, segunda naturaleza para todas las culturas. Entre hoy, Estado libre asociado (2020) y mañana, futuro Estado federal (2120), tenemos tiempo para reinventarnos, dice, echándole valor. Lo dice con sorna y algún cabreo, esa americanización no le hace la menor gracia. “No es necesario querer al mundo que viene para verlo venir” decía Chateaubriand.

Pero también valora que la americanización también la ve sinónimo “de emancipación de las mujeres, igualdad de sexos, liberación sexual, libertad de expresión (…). Hay dos Américas, esa es la suerte de los americanizados del exterior.”

Debray desaconseja la respuesta antiimperialista en la que él mismo tomó parte en su juventud

Debray desaconseja la respuesta antiimperialista en la que él mismo tomó parte en su juventud: la de los zelotas que luchan, cueste lo que cueste, contra la nueva civilización. Esa es una de las dos formas de respuesta del débil al fuerte que identifica el historiador británico Arnold Toynbee. La otra forma es la de Herodes: el rey de Judea actuando bajo control de Roma. Dice Toynbee: “El herodiano actúa según el principio siguiente: la mejor forma de defenderse del desconocido es dominar su secreto (…). Cuando el zelotismo es un arcaísmo provocado por una presión extranjera, el herodianismo es una forma de cosmopolitismo provocada por el mismo agente exterior.”

Debray sueña para Francia con inteligencias herodianas dotadas de un carácter de zelota. Leyendo eso, no podemos evitar pensar en De Gaulle.

De Gaulle, figura mítica de la liberación de Francia de los nazis, fue un político de gran calado y suma habilidad. Sentó Francia entre las potencias victoriosas del nazismo a pesar de haber sido aplastada militarmente en 1940, ocupada por Alemania y liberada por los ejércitos norteamericano, británico, canadiense y australiano (donde cabían republicanos españoles). Los norteamericanos se quedaron en bases francesas de la OTAN, hasta que De Gaulle los expulsara en 1966, algo que ningún otro país se ha atrevido a hacer. Herodes con carácter de zelota.

Muchos de los que, como Debray, fueron en su juventud firmes oponentes de izquierda al viejo general muestran hoy su admiración por él. Ahora se define a sí mismo como “gaullista de extrema izquierda”.

Yo creo que se ha ido para siempre el gaullismo. Con el Che, con el aliento que recorría Francia y el mundo en los “seventies”. Con la figura del intelectual francés “engagé”, del que Régis Debray es el ultimo exponente, casi un siglo después de Albert Camus.

Después de él, esa figura del intelectual francés “engagé” pasará definitivamente a formar parte de la leyenda de las letras, como los sabios griegos, los artistas del Renacimiento o los filósofos de la Ilustración.

La secuencia antropológica de americanización del mundo se habrá completado. No importa que gane Trump o Biden este 2020. Lo mismo que la romanización no sufrió del reinado de Calígula o Heliogábalo, nos recuerda Debray, la americanización no depende de un efímero “padre Ubu” en la Casa Blanca.

Pero, con carácter de zelotas, seguiremos leyendo a rebeldes, a pesar de Donald Trump, YouTube y Hollywood.

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© Alberto Arricruz |  Octubre 2020 · Especial para M’Sur

 

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