Breve historia de una prisionera israelí

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Publicado el 13 Feb 2021

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Hallel Rabin proviene de un ambiente privilegiado y habría podido tranquilamente hacer el servicio militar en el departamento de Inteligencia o en la radio del ejército o en cualquier otra unidad alejada de la acción sobre el terreno y lo suficientemente prestigiosa para favorecer su carrera futura. Pero Rabin, que hace poco cumplió 19 años, procede de la comunidad antroposófica de Harduf. No ha comido nunca carne ni pescado y se niega a alistarse porque está en contra de cualquier tipo de violencia. Rabin podría haber buscado un atajo y haber pedido ser eximida de cumplir el servicio militar. Podría haber fingido ser religiosa o tener trastornos mentales. Sin embargo, pidió que el ejército reconociera la legitimidad de su objeción de conciencia.

El 19 de octubre se presentó en un centro de reclutamiento del ejército por tercera vez desde el mes de agosto. Reafirmó su rechazo a convertirse en soldado y su deseo de hacer el servicio civil voluntario. La juzgaron allí mismo y la volvieron a ingresar en prisión. La primera vez que se negó a alistarse pasó una semana en la cárcel. La segunda vez estuvo encarcelada dos semanas.

La primera vez que Rabin se negó a alistarse pasó una semana en la cárcel, la segunda, dos semanas

Rabin está dispuesta a enfrentarse a la prisión militar, “pero no es un camino fácil”, me dijo. “Es un asunto serio. Enfrentarse al poder da miedo. Estoy sometida a las leyes de este lugar, las leyes de la prisión. Tienes que pedir permiso para hacer casi cualquier cosa. Soy una prisionera, me tratan como a una persona que hubiera cometido un crimen.”

En la petición de exención dirigida al oficial encargado del reclutamiento, Rabin escribió: “El homicidio, la violencia y la destrucción se han vuelto algo tan común que el corazón se endurece y hace como si no existieran. El mal es ya como alguien de la familia, de modo que lo defendemos y lo justificamos, cerramos los ojos y negamos nuestra responsabilidad. No estoy dispuesta a participar en una realidad violenta. No estoy dispuesta a formar parte de un ejército sometido a la política de un gobierno que va en contra de mis valores.”

Objeción de conciencia

En agosto la “comisión de conciencia” que examina las peticiones de exención del servicio militar leyó la carta y habló con Rabin. “Parece ser una muchacha con valores”, se lee en la recomendación de la comisión, que con mayoría de votos ha decidido rechazar su petición y asignarle una tarea de formación “gracias a la cual pueda realizar una importante contribución al ejército israelí”. El representante académico del comité, el profesor Yizhak Benbaji, y el representante del departamento de ciencias del comportamiento del ejército, el comandante Moe Segal, sugirieron que se aceptara la petición de Rabin. El presidente de la comisión, el coronel Zvi Gal, junto al teniente primero Daniel Hatwell y el teniente segundo Roy Mor, representantes de la oficina de personal, se manifestaron en sentido opuesto.

La mayoría de la comisión de conciencia “tuvo la impresión de que las motivaciones de Rabin no constituían una objeción de conciencia válida respecto al servicio militar y no reflejaban un rechazo absoluto al hecho de realizar un servicio a favor de la defensa.”

“No trabajaré más en un sistema basado en la desigualdad, el miedo y la incapacidad de ver al otro”

¿Qué significan estas palabras? Significan que, según la mayoría de la comisión de conciencia, Rabin se opone a la violencia del Estado israelí frente a los palestinos. Y en Israel eso no es objeción de conciencia sino una toma de posición política. Pero el punto de partida del razonamiento de Rabin no es en absoluto político. En su petición o en sus respuestas al comité no usa nunca la palabra “ocupación”. Lo mismo ocurre con las palabras “colonialismo” y “apartheid”. Estos conceptos tampoco han aparecido nunca en mis conversaciones con ella.

He aquí algunos pasajes de la petición en la que Rabin alude a la situación actual en Israel: “No trabajaré más en un sistema basado en la desigualdad, el miedo y la incapacidad de ver al otro. Para un joven israelí esto resulta tan terrible como para un joven palestino. No hay nadie, y desde luego tampoco todo un pueblo o una nación, que ame el sufrimiento, que viva por el sufrimiento o que desee el sufrimiento de sus propios hijos. No existe opresión benévola ni racismo justificable.”

¿Realmente cree la mayoría de la comisión que esta muchacha apoyaría la opresión y el racismo en Suiza o en los Estados Unidos, y, por lo tanto, se alistaría en el ejército? Hallel Rabin tiene la valentía de alejarse del camino fácil que su vida cómoda le ha regalado. Tiene la valentía de negarse. Estaría bien que hubiera más personas como ella.

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© Amira Hass  | Primero publicado en Internazionale | 1 Nov 2020 | Traducción: Rocío Moriones a partir de la versión italiana de Andrea Sparacino.

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