El amor es cosa de tres

Publicado por

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.

Publicado el 13 Mar 2021

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Dacia Maraini

Trío. Dos amigas, un hombre y la peste en Sicilia

Género: Novela
Editorial: Altamarea
Páginas:  100
ISBN: 978-84-1220-428-5
Precio: 17,90 €
Año: 2020
Idioma original: italiano
Título original: Trio. Storia di due amiche, un uomo e la peste a Messina
Traducción: Raquel Olcoz

 

Ustedes recuerdan aquel cuento de Borges, La intrusa. La chica cuyo amor enfrenta a dos hermanos, hasta que al final de la historia –atención, spoiler– uno de ellos resuelve el conflicto con aquella frase espantosa que al parecer le sugirió a Borges su propia madre, doña Leonor: “A trabajar, hermano. Hoy la maté”.

Así se las gastaban en materia amorosa y fraternal en la Argentina del cuchillo y del coraje, dicen. O así creía el viejo y genial escritor que se podría solucionar un problema entre hermanos, literariamente hablando, hacia 1966, cuando vio la luz el citado cuento. Lo cierto es que la Historia de la Literatura está llena de triángulos amorosos que acaban mal, es decir, en muerte o heridas graves: de uno, de otro, del tercero o de los tres. Porque el amor, según los preceptos sociales más arraigados, es cosa de dos, y ya dice el sabio refranero español que tres son multitud.

También decía Jardiel Poncela que las cadenas del matrimonio son tan pesadas que hacen falta al menos tres personas para llevarlas, y esa broma tan seria se ajusta mucho más al contenido de esta novelita epistolar de Dacia Maraini, veterana escritora italiana que está siendo objeto de una decidida reivindicación por parte del joven sello Altamarea. Trío, subtitulado Dos amigas, un hombre y la peste en Sicilia es una nouvelle epistolar en el que dos mujeres de buena familia sicilianas, Agata y Annuzza, hablan de su amor compartido por el marido de la primera, Girolamo, con el telón de fondo de la peste que en 1743 se abatió sobre la desdichada ciudad de Messina.

Agata se protege de la epidemia en una villa cercana a Messina, mientras que Annuzza hace lo propio en un pueblo próximo a la capital siciliana, Palermo, donde también están subiendo de forma alarmante el número de infectados. Este escenario, tan familiar por desgracia al lector actual, proporciona una sensación de distancia y aislamiento idónea para que las protagonistas intercambien sus sensaciones y, lo que es más importante, sellen una y otra vez su pacto sagrado: la figura de Girolamo, tan adorada por ambas, no interferirá jamás en su amistad. El cariño que una y otra se profesan siempre estará por encima de cualquier otra cosa.

Lo hacen por ellas, claro, pero también por Girolamo, para quien quieren lo mejor. Y lo mejor para él es, según piensan, “ser libre y al mismo tiempo permanecer atado”. Es decir, tener la estabilidad de una familia y al mismo tiempo autonomía para vivir sus aventuras amorosas lejos del hogar. De algún modo, saben que entre los tres apuntalan un precario equilibrio, que la ausencia de cualquiera de las partes implicadas acabaría con todo.

No nos sirve el sistema monógamo heredado, pero tampoco tenemos un modelo alternativo

Alguna vez he puesto por escrito que nuestra generación —la nacida en las últimas décadas del siglo XX— se halla en un curioso dilema: no nos sirve el sistema monógamo heredado de nuestros padres, abuelos y bisuabuelos, pero tampoco tenemos un modelo alternativo claro que nos garantice la felicidad amorosa.

¿Podría serlo la figura formada por Agata, Annuzza y Girolamo? Decididamente no: lo sorprendente es que, a pesar del amor recíproco que destilan las mujeres, su civilizadísimo modo de sobrellevar la situación no les ahorra sufrimientos. Si el fin de la pareja convencional no es tanto proporcionar la felicidad de sus miembros, sino durar, perpetuarse en el tiempo —pues no se mide de otro modo el éxito de la empresa matrimonial—, el de este triángulo viene a ser el mismo: que no se altere el estado de cosas, que todo siga estando como está.

Quizá corro el riesgo de alejarme de la trama de esta novelita, pero como buena literatura que es, me deja muchas preguntas. ¿Es realmente un trío la comunidad que forman nuestros personajes? ¿Qué sentimiento es ese que afecta a las mujeres, que se niegan a llamar celos? ¿Cómo influiría en la historia la entrada de otra mujer? ¿Y de otro hombre? Y sobre todo, ¿qué tiene Girolamo que decir al respecto? ¿No nos falta un poco su opinión?

Claro que, si obtuviéramos respuesta a estas cuestiones, saldría otra novela diferente. O muchas otras. Al menos la literatura nos ayuda a enfocar un asunto que está ahí, tanto como la pandemia, aunque a aquel se le dedique menos espacio en los medios. Y aunque para muchos la amistad entre Agata y Annuzza pueda sonar a ciencia ficción, no hay que olvidar que este género ha anticipado muchas cosas que hoy forman parte de nuestra cotidianidad. Quizá se trate solo de una cuestión de tiempo.

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