La revolución de las urnas

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Sanaa El Aji

@SanaaElAji

Socióloga (Casablanca, 1977). Empieza a trabajar como periodista en el semanario Nichane en 2006 con un reportaje sobre chistes irreverentes, por el que se le condena a tres años de cárcel (con pena suspendida). Continúa publicando en diversos medios marroquíes y hasta 2017 fue columnista del diario arabófono Al Ahdath Al Maghribia, uno de los diez periódicos más vendidos de Marruecos.

Publicado el 23 Sep 2021

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Podemos estar de acuerdo con las transformación política que tiene lugar estos días en Marruecos o podemos oponernos. Pero lo cierto es que las elecciones que se celebraron el 8 de septiembre pasado merecen que nos paremos a pensar. Porque con certeza constituyen un hito fundamental en la construcción de la democracia en Marruecos (con sus fallos, con la confusión reinante, y a veces con sus frustraciones).

Muchos pronosticaron un retroceso del Partido de Justicia y Desarrollo (hablamos del marroquí, ¡no del turco!) en las elecciones. Hubo quien vaticinaba que se iba a quedar de segundo, y quien pensaba que bajaría hasta el tercer lugar. Algunos optimistas aseveraban que la base electoral del partido seguía siendo fuerte y que era todavía imaginable que volviera a ganar las elecciones.

Pero lo que no se imaginaban ni los más pesimistas es que el partido que dirige el Gobierno bajara del primer puesto hasta el… octavo. Sacando 13 diputados en lugar de los 125 que obtuvo en 2016. Y eso que fue el primer partido que superó el umbral de los 100 escaños en las elecciones de 2011.

En los comicios de 2021 hubo observadores electorales marroquíes además de los internacionales. Durante la campaña electoral, algunos candidatos utilizaban el dinero y durante la propia jornada de votación se dieron a conocer algunas irregularidades aquí y allá… pero no se puede decir que hubiera una falsificación de los resultados a favor de algún bando frente a otro.

Los islamistas llegaron al Gobierno en 2011 porque los marroquíes estaban buscando algo nuevo

Los observadores internacionales y europeos estaban presentes para certificar el proceso completo. Por lo tanto podemos decir: Los islamistas llegaron al Gobierno en 2011 por votación popular, porque decenas de miles de marroquíes estaban entonces buscando algo nuevo en el panorama político. Y por votación los han vuelto a echar del cuadrilátero del juego, con una sonora derrota.

Marruecos vive una experiencia realmente excelente en el traspaso del poder (o de parte del poder, porque la monarquía sigue jugando un papel fundamental en la gestión del país) de los islamistas a otro partido, sin tanques ni revoluciones, sin violencia ni sangre. Los islamistas en Marruecos han dejado la jefatura del Gobierno únicamente por las urnas.

La tasa de participación, en cambio, exige una reflexión prudente: alcanzó el 50,16%. Con esto nos alejamos mucho del ambiente de los 96% o 98% habituales en los años ochenta y noventa y que vemos hasta hoy día en algunos países… Pero esto confiera el mismo tiempo legitimidad a los resultados. En un momento en el que muchos pronosticaban una participación ínfima o un “rechazo popular a la participación”, no han votado todos los marroquíes, pero el porcentaje sigue siendo muy razonable para establecer la legitimidad de los resultados.

De la misma manera, la tasa de participación en las regiones meridionales oscila entre el 58,30% y el 66,94%, y esto también es un rechazo popular al ideario separatista… un rechazo que anula mucha propaganda ilusoria.

Pero la lección más certera sobre la que debemos reflexionar todos es lo que cantaba en su tiempo Nass El Ghiwane: “Nada es para siempre”.

Las chiquilladas de los dirigentes islamistas han desacreditado incluso los eslóganes de puritanismo

La gestión del Gobierno es una cuestión de conseguir cosas, de incidir realmente en la vida de los ciudadanos. Los lemas populistas o religiosos de los “valores de la familia” o “la comunidad islámica” pueden impresionar durante meses o durante unos pocos años, pero la mala gestión —y la gestión en las anteriores dos legislaturas era catastrófica en algunos aspectos— y la sumisión a los dictados del Banco Mundial a costa del bienestar del pueblo, así como la improvisación a la hora de tomar decisiones… todo eso ha motivado una revolución democrática básica: la que se hace en las urnas.

Eso sin olvidar las chiquilladas de varios dirigentes del partido islamista en historias de sexo y poligamia (en la sociedad el porcentaje de matrimonios polígamos no supera el 0,34%) y viajes al extranjero con sus amantes… chiquilladas que han desacreditado a ojos de la sociedad incluso los eslóganes de devoción y puritanismo (porque no puedes oponerte a las libertades individuales y defender los valores tradicionales en público y al mismo tiempo traicionarlos en secreto).

Por eso, entre la alegría de unos y el regocijo de otros, recordemos que las elecciones no son un fin en sí mismo. Los resultados de los comicios deben ser el anuncio de una nueva etapa. El futuro Gobierno, con sus posibles coaliciones, ¿propondrá soluciones a los problemas económicos y sociales de los marroquíes? ¿Qué propuestas tiene en materia de derechos humanos y libertades individuales? ¿Continuarán con el apoyo al sector privado en educación y salud o serán capaces de crear soluciones para sanear estoas dos áreas? ¿Se contentarán con invertir en los proyectos de gran envergadura o estarán también atentos a los problemas de la ciudadanía y la convivencia?

Esperamos respuestas realistas a estas preguntas y a unas cuantas más. Y deseamos que sean respuestas que supongan una verdadera transformación de la estructura democrática, económica y social marroquí. Caso contrario, dentro de cinco años cantaremos de nuevo con Nass El Ghiwane: “Nada es para siempre…”

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© Sanaa El Aji | Primero publicado en Al Hurra ·  9 Sep 2021 | Traducción del árabe: Ilya U. Topper

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