El poder y la sombra

Publicado por

Ilya U. Topper

@ilyatopper

Periodista (Almería, 1972). Vive en Estambul, donde trabaja para la Agencia Efe.

Publicado el 6 Oct 2021

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Javier Cercas
Independencia

Género: Novela
Editorial: Tusquets
Páginas: 400
ISBN: 978-84-9066-929-7
Precio: 21,90 €
Año: 2021
Idioma original: castellano

 

¿Que usted todavía no ha leído Terra Alta de Javier Cercas? Pues debe de ser el único, aparte de mí. Y aparte de Melchor Marín, el policía de cuyas hazañas en la Cataluña rural trata aquel libro, y que se encuentra ahora en todas partes con gente que lo mira raro porque no lo ha leído todavía (ni tiene intención de hacerlo). Según me han contado, todo lo que cuenta es falso, suele responder Melchor. El tal Cercas se lo ha inventado todo.

Por supuesto, conforme avanza Independencia —la novela, no la de Cataluña, esta es agua pasada— nos entra la sospecha de que lo que cuenta el tal Cercas en Terra Alta sobre la juventud de Melchor, su infancia como hijo de una prostituta, sus andanzas como delincuente al servicio de una mafia de narcotraficantes, antes de meterse a policía, no está para nada inventado: el pasado siempre está ahí para atrapar a uno. Pero no: en esta novela será, por una vez, al revés: será Melchor Marín quien atrape el pasado. Para eso es policía.

El pasado es un daño colateral, aunque Javier Cercas consigue, con buen oficio, ir torciendo el arco narrativo hasta que acabe de piedra final de la bóveda. Para eso es escritor. Dice una lectora con varios cientos de kilómetros de novela policíaca a sus espaldas que desde la página treinta se sabe por dónde va a salir aquello; yo no lo supe. Pero además, tampoco importa, bueno, vale, sí importa, porque Independencia no es un pretexto para contar otra cosa, es una novela negra clásica y bien narrada, y por lo tanto importa el desenlace. Pero además es curioso e iluminador lo que Independencia cuenta de la independencia. La de Cataluña, esta vez sí, cuál va a ser.

Cercas perpetra, con encantadora ligereza, el truco de contarnos el Procès cuando ya forma parte del pasado, cuando las fuerzas vivas del país —las fuerzas vivas en Cataluña son los empresarios, nadie más, no hay otras— pueden analizar con la condescendencia que da un whisky caro en la mano la historia del tipo ese, Carles Puigdemont, que precisamente no era empresario ni tenía para whisky caro y por eso se creyó realmente el discurso de la independencia hasta el punto de declararla y todo. Una astracanada. Errores que pasan, casi inherentes al sistema: en política solo se meten los que no tienen suficiente cabeza para dedicarse a gestionar el país, o sea Cataluña, desde los puestos de poder. Es decir, desde la empresa privada.

Quien tiene el poder se puede permitir la impudicia; tal vez sea esto lo que nos quiera decir Cercas

Estamos en el futuro, sí, aunque por muy poco. Justo para que la alcaldesa de Barcelona a la que extorsionan con un vídeo de una orgía que se corrió en su juventud —sí, esta es la trama de la novela, la principal, no quiero hacer un spóiler, imagino que viene en la contraportada del libro— haya mutado de activista de izquierdas, del amor libre y de defensora de refugiados a posturas de respaldo a los valores de la familia y la preservación de la sociedad autóctona frente a la invasión de inmigrantes. No, es una Ada Colau distópica, Ada Colau era la anterior, recuerda alguien; no duró gran cosa.

Quizás la escena del empresario explicando con detalle el funcionamiento del reparto del poder en Cataluña —el poder para los empresarios, el teatro para los políticos— a un corresponsal británico no me lo crea del todo: nadie hablaría así ante una grabadora. ¿O quizás sí? Quien tiene el poder se puede permitir la impudicia; tal vez sea esto lo que nos quiera decir Cercas. Porque el poder es el protagonista de la novela, y la atracción que ejerce a quienes no lo tienen; peor: a quienes saben que no lo tendrán nunca, pero que intentan pegarse a él para al menos sentirlo cerca. Quien a mal árbol se arrima, mala sombra le quema.

Nota alta también a los personajes secundarios, sobre todo a aquellos que no importan en la novela, a los sketches de encuentros, cenas y diálogos que no son necesarios para la trama y justo por eso la enriquecen: son necesarios para el personaje de Melchor. Aquí se muestra el, repito, excelente oficio del autor, aparte de su inventiva, sus dotes de observación y su toque de ternura.

Lo que no sé qué quiere decir es la palabra cinco en lugar de cuatro cuando hablamos del desenlace. Cuando lo lean, díganme: ¿sospechan también ustedes que Melchor no es un hombre de palabra?

Tampoco entiendo qué pinta el tráiler, aquellas diez páginas trepidantes antes de que empiece el libro, con Melchor Marín bebiendo whisky en un garito de putas. Desarmado, con solo unas esposas en el bolsillo. No tiene relación con la trama, diría uno. Pero eso quizás me parezca a mí porque soy el único de la novela, aparte Melchor Marín, que no ha leído Terra Alta.

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