«Los sumerios en cierto sentido eran capitalistas»

David Abulafia

Publicado por

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.

Publicado el 22 Oct 2021

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David Abulafia (Foto promocional) | © Yao Liang / Cedida


Sevilla | Mayo 2021

Alta frente de intelectual, pelo blanco abundante y cuidado, gafas finas sin montura y una dicción inmejorable con tono de docencia, siempre correctísimo y amable… David Abulafia es como uno imaginaría el prototipo del profesor inglés de Cambridge. Y de hecho, fue en Cambridge donde estudio, se graduó y obtuvo su cátedra este historiador, nacido en Twickenham, Middlesex, hoy Londres, en 1949. Lo único poco británico es su apellido: podría significar “Padre de la salud” en árabe.

Porque David Abulafia es sefardí, retoño de una familia expulsada de España en 1492 y desde entonces dispersa por las costas del Mare Nostrum: desde la propia Palestina hasta Salónica y Livorno. Quizás por eso, su campo de estudios es el Mediterráneo, desde su libro Las dos Italias (1977) y el dedicado a Federico II de Sicilia (1988) hasta El gran mar. Una historia humana del Mediterráneo (2011). Pero también conoce a fondo los trayectos trazados sobre el Atlántico, y así lo demuestra en su última obra, The boundless sea (2019). Con motivo del lanzamiento de la edición española, El mar sin límites (Crítica, 2021) David Abulafia ha pasado una hora en la pantalla con MSur. Lee bien el castellano pero para hablar prefiere el inglés.

El océano no tiene límites, sugiere… pero tampoco ley?

Siempre ha habido debate sobre a quién pertenecen los océanos. En el siglo XVII, Grotius hablaba de cómo los océanos son abiertos para todos, lo que crea problemas para ejercer la ley. Hay un libro sobre la ley islámica en el mar y es bastante similar: la cuestión del ejercicio de la autoridad política. Era un asunto importante en la Edad Media y suscita otro problema: ¿en qué consiste el ejercicio de la autoridad en la superficie del mar? Se pueden ocupar ciertas islas: si ocupamos Malta, tenemos una posición ventajosa y podemos controlar el tráfico por el Mediterráneo. Pero controlar grandes partes de mar abierto, eso lo descubrieron los portugueses en el Océano Índico, es físicamente imposible. Especialmente para una nación pequeña como Portugal en el siglo XVI o XVII. Es un desafío continuo

¿Se resolvió?

Una de las manera en la que los dirigentes lo afrontaron en el siglo XVI, XVII o XVIII es dando licencia a piratas. Es piratería, pero tienes un acuerdo oficial de que solo atacarán a unos: si son ingleses solo atacarán a españoles, si son españoles, solo atacarán a buques ingleses; otras naciones se consideraban neutrales. A los armenios se los trataba como neutrales, aunque todo el mundo sabía que llevaban mercancía inglesa y holandesa para mercaderes ingleses u holandeses. Aún así podían navegar por zonas donde había conflicto.

En su libro dice que los verdaderos héroes del océano son los hombres de negocios. ¿Eran el motor de los barcos?

«Los vikingos llegaron a Norteamérica pero no descubrieron nada; no tenían curiosidad por ese lugar»

Lo son en lo que respecta a establecer un contacto continuo a través de los océanos, que funcionaba como un canal de comunicación cultural, garantizaba el movimiento de bienes exóticos de un punto del mundo al otro, es el inicio del proceso que llamamos globalización. Hablar solo del descubrimiento activo, como si fuera lo que contara… Los vikingos llegaron a Norteamérica pero no descubrieron nada, porque no tenían especial curiosidad por ese lugar. Los comerciantes eran quienes convirtieron estas conexiones en permanentes y firmes.

O sea que todo es por dinero…

Sí: era la búsqueda de ganancias. Podríamos pensar en ellos com protocapitalistas. Los pueblos de lo que es hoy Iraq del sur, los sumerios, viajaban en barco a Bahréin y luego salieron del Golfo Pérsico para llegar a las ciudades en el valle del Indo. Es la primera conexión marítima entre dos imperios de la Edad de Bronce. Y sí, en cierto sentido eran capitalistas. Enviaban expediciones, buscaban ganancias, invertían estas ganancias en nuevas expediciones, se hacían más y más ricos. Algunos perdieron su dinero cuando sus barcos se hundían: asumían este riesgo. No sé si este tipo de protocapitalismo es bueno o malo, simplemente estoy describiendo lo que hacían

El año 1492 rompe una frontera definitiva entre Este y Oeste ¿o habría contactos con América antes?

Soy muy escéptico. Acepto desde luego que vikingos, o mejor digamos escandinavos, porque vikingos sugiere un idea de guerreros, llegaban a Norteamérica, eso lo sabemos. Estaban en Terranova alrededor del año 1000. No se quedaban mucho rato, pero seguían yendo de visita desde Groenlandia. Iban a Labrador y otras partes de Canadá para recoger madera, lo hacían durante siglos porque se quedaban en Groenlandia al menos 400 años. No creo, en cambio, que hubiera viajes a través de la parte más ancha del Atlántico.

Hay quien cree que los fenicios sí pudieron llegar a América.

«Si buscamos a mujeres que cruzan el mar en grandes números tenemos que fijarnos en las esclavas»

Bueno… pero incluso si los fenicios llegaron, no se lo contaron a nadie. Tendría que deducirse de minúsculos fragmentos arqueológicos. Y no son muy convincentes. En las Azores creo que han encontrado monedas fenicias, así que sí puede ser que cruzaron parte del Atlántico. Pero una vez pasados los Azores aún falta mucho para América. No creo que ninguna de las así llamas pruebas sea convincente. Lo que es muy interesante son las leyendas.

¿Cómo cuáles?

Tenemos leyendas sobre monjes irlandeses que salieron al Atlántico en la temprana Edad Media y encontraban islas. Algunas se recordaban durante siglos, como la isla de Brasil, que no tiene nada que ver con el país de Brasil. La isla de las siete ciudades. Luego los portugueses descubrieron las Azores. Hubo una expedición más allá en 1486, que desapareció. Había cierta conciencia: a Colón le contaron historias sobre países al otro lado del mar. Esto le confirmó su idea de que al otro lado del Atlántico estaban China y Japón. Se demostró algo distinto: que había dos enormes continentes por descubrir. Eso era más o menos impensable. Cuando Colón llega al Caribe, incluso después de haber puesto pie en tierra firme en Centroamérica, lo sigue sin admitir. Amerigo Vespucci poco a poco se da cuenta de que es otra cosa.

Es difícil encontrar a mujeres en la historia de los oceános. ¿Por qué?

¿Por qué es tan difícil escribir una historia de las mujeres en el mar? En parte porque tradicionalmente —eso ha ido cambiando ya— se ha escrito la historia de la Marina. Y aunque hay incluso algunas mujeres comandantes de buques, como la reina Cleopatra de Egipto, son muy infrecuentes. Es solo en el siglo XXI que la marina británica, no sé si la marina española, da competencias a mujeres y ellas pueden sumarse a la acción, digamos, en combates navales. Aunque ya no hay mucho combate naval. Es un punto. Otro es por qué la gente cruzaba el mar: eran mercaderes. Y hay muchas mujeres mercaderes, eso no admite dudas, en la Génova medieval, muchas mujeres invertían en comercio marítimo. Pero ¿viajaban? ¿estaban dispuestas a ir por su cuenta, quizás con el marido? Quizás iban como peregrinas a Jerusalén, de esto tenemos pruebas en la Edad Media temprana. Se embarcaron en un viaje que sabían que era arriesgado.

Pero siempre eran pocas ¿no?

«Mi abuelo vino de Tiberias y hacía negocios desde Londres a Gibraltar, comerciaba con Marruecos»

Si buscamos a mujeres que cruzan el mar en grandes números tenemos que fijarnos en las esclavas. El mayor contingente, con diferencia, de mujeres que cruzan el mar, hasta el siglo XVIII o XIX, serían esclavas, ya sea a través del Mediterráneo o el Atlántico o el Índico. Luego, en el siglo XIX, incluso antes, en el XVII, está el flujo de familias a Norteamérica. Pero tomemos los asentamientos en Islandia en la Edad Media temprana, en el siglo X: no son mujeres escandinavas las que acompañan a los vikingos a Islandia.

¿De dónde son, entonces?

Muchas parecen ser esclavas recogidas en Irlanda. Las pruebas de ADN sugieren que la componente femenina de los ancestros es más bien irlandesa y la componente masculina, escandinava. Eso refleja las restricciones que había respecto al movimiento de las mujeres. Pero no es un asunto estudiado. Me gustaría que alguien escribiera un libro sobre esto: la historia de las mujeres en el mar. Aunque no sé lo largo que tendría que ser el libro…

¿Cree que su apellido, Abulafia, le predestina a estudiar el Mediterráneo?

Probablemente sí. Porque mi familia empieza en España y viaja través del Mediterráneo; sale de España en 1492. Uno de mis ancestros directos llegó a Safed en Galilea. Se quedaron en Safed, Tiberias y Jerusalén durante siglos. Muchos siguen allí. También se movían ida y vuelta por el Mediterráneo, a Livorno y Salónica. Mi abuelo vino de Tiberias y también hacía negocios desde Londres a Gibraltar, comerciaba con Marruecos. Pero sí hay cierta sensación de conexión con estos mercaderes de los que escribo porque mi familia está conectada con ellos.

Los sefardíes ¿son una cultura panmediterránea?

En muchos aspectos lo son. Los sefardíes eran un colectivo global, con actividades en el Atlántico, asentamientos en la costa de África occidental, judíos portugueses casándose con familias de África negra, algo bastante extraordinario, luego volviendo a Amsterdam… En el Océano Índico había historias similares, con familias llegando a India y conectando con judíos que ya estaban allí. Era una historia global, sí. Pero dentro del Mediterráneo son una cultura distintiva, y uno de los aspectos más fascinantes de esta cultura es que los sefardíes preservasen el idioma español, aunque ahora está desapareciendo, el ladino. Pero existe aún y ahora hay movimientos constantes de convertirlo otra vez en una lengua viva.

¿Diría que el conjunto asquenazí judío ha erradicado de alguna manera esta cosmovisión sefardí?

«La vida judía desarrollada en Europa central y oriental no era el mundo judío entero»

Sí, creo eso, de hecho, ocasionalmente escribo de esto, quejándome. Creo que es uno de los efectos de la creación del Estado de Israel. El movimiento sionista lo componía, no enteramente pero en gran parte, gente de Europa central y oriental, gente que no sabía mucho de los judíos del Mediterráneo o en Oriente Medio. Esto, especialmente en las primeras épocas de Israel, causaba inmensos problemas, porque había una inmigración masiva desde África del Norte, desde países al este: Iraq, Yemen etcétera. Esa gente no eran estrictamente sefardíes, pero tenían bastante en común con ellos en sus prácticas religiosas. Romper con esto y reconocer que la vida judía —no hablo solo de la religión sino de la cultura, la cultura literaria— que se había desarrollado en Europa central y oriental no era el mundo judío entero, eso es algo que hasta hoy mucha gente no hace.

¿Esto crea tensiones?

Especialmente en países como Estados Unidos o Gran Bretaña, donde los sefardíes son una minoría exigua en la población judía, hay una especie de lucha: no, nosotros no hablamos yiddish, no comemos sopa de pollo los viernes por la noche, cosas así. Hay un serie de estereotipos a los que hay que resistirse. Recuperar esta diferencia cultural mediterránea es importante. Ha habido ciertos avances, sobre todo en el ámbito de la alta cocina. No sé si conoce a [Yotam] Ottolenghi: crea una cocina diferente. Su familia viene de Italia, trabaja con palestinos… Así tiene un sabor muy mediterráneo, de Oriente Próximo, y eso lo hace muy popular. Ahora parece haber una lucha entre los israelíes y sus vecinos: ¿quién inventó el hummus? No creo que fuesen los israelíes…

Hoy día pensamos en el Mediterráneo como una separación entre dos mundos, pero ¿lo era siempre? El agua ¿separa o conecta?

Puede hacer ambas cosas. Durante el siglo XX, el Mediterráneo estaba, de hecho, fragmentado. En los años después de la I Guerra Mundial vemos una fuerte unificación, pero eran las mismas fuerzas que ejercían el poder de la colonización. España participa solo en una pequeña parte, pero Francia, Italia y Reino Unido se repartían toda África del Norte, Francia y Reino Unido se repartían las costas de Siria y Palestina. Así, los lazos entre ambos lados del Mediterráneo eran muy estrechos, pero también habia algo de exclusividad. En Algeria había una clara separación entre la población árabe y la francesa. La universidad de Argel era para los franceses, no para la población nativa.

Hasta que se acabó el colonialismo…

«Pensamos que Túnez era un protectorado francés, pero la población italiana, siciliana, era enorme»

Con la descolonización, se cortaron muchos de estos lazos, por un resentimiento quizás comprensible. Los argelinos ya no querían mirar a Francia y se acercaron mucho más a la Unión Soviética. Egipto rompió con Gran Bretaña, hubo una guerra en 1956, Gran Bretaña junto a Francia invadió Suez. La ruptura de las relaciones y la explotación de estas tensiones por parte de potencias externas, sobre todo por la Unión Soviética en los años 50 y 60, es lo que realmente contribuyó a fragmentar el Mediterráneo. Luego también está el problema de la relación de Israel con sus vecinos, que también incrementa las tensiones. La inmigración también tiene que ver con esto hasta cierto punto.

¿La cuestión de la migración es un proceso histórico o un fracaso político?

Estamos frente a una especie de revolución demográfica. Sobre todo en la parte occidental del Mediterráneo, con gente que viene de África subsahariana. Pocos se fijan en que hubo una enorme explosión demográfica en países como Nigeria, en parte consecuencia de una enorme mejora en los servicios de salud, de manera que la mortalidad infantil es muchísimo menor. Sobrevive más gente y, en general, la mejora del nivel de vida, incluso siendo un país en conjunto pobre, ha hecho que la gente normal tenga aspiraciones de ir a la universidad… Lo vimos también en la costa mediterránea, hace diez años, justo antes de estallar la primavera árabe en Túnez: jóvenes hombres y mujeres que habían ido a la universidad pero no tenían posibilidad de hacer una carrera en su país. Así, claro, la atracción de convertirse en médico o ingeniero en Europa es muy potente.

No es fácil homologar estudios nigerianos ni tunecinos para una carrera en Europa.

La gente a veces haría cualquier cosas para conseguir algo. Pero ¿cómo tratar con esto? Estos países necesitan ayuda y respaldo, deben ser capaces de satisfacer las necesidades de su población. Y también debemos ofrecer asilo a los que están huyendo de una persecución, que es el problema en el Mediterráneo oriental: yezidíes, cristianos sirios… huyendo del desastre en Siria, Iraq… Creo que es un problema irresoluble, no desaparecerá. Hay que pensar en soluciones a largo plazo y reestructurar la economía de gran parte de África subsahariana, grandes partes de Oriente Próximo etcétera.

Hasta la independencia de Argelia en 1962 siempre había países con territorio en ambos lados del Mediterráneo. ¿Lo hemos olvidado?

«Los musulmanes eran reticentes a adoptar la imprenta y esto ralentizó mucho el desarrollo científico»

Efectivamente, Argelia era técnicamente una parte integral de Francia. O así lo veían los franceses para ejercer su poder colonial. Pero sí, tiene razón. Esto es un mundo perdido. Algunas de las ciudades portuarias, como Alejandria, eran patria de griegos, italianos, judíos, turcos, malteses… Túnez tenía una enorme población italiana. Pensamos que era un protectorado francés, pero la población italiana, siciliana, era enorme. Y la maltesa; no sorprende, vivían cerca. Toda esta diversidad se ha perdido. El precio del nacionalismo ha sido bastante alto, en términos de la destrucción de esta cultura tradicional mediterránea.

Cuando hablamos de la cultura europea judeocristiana ¿olvidamos la contribución de la cultura islámica al Renacimiento?

Tenemos la cuestión de la transmisión no solo del legado musulmán sino del griego, traducido al árabe, y el rol que jugaban los cristianos de Toledo, los mozárabes y los judíos, en la traducción de estas obras que tendrían una influencia enorme en siglos posteriores, obras aristotélicas… Luego están los otomanos, Mehmet II, el conquistador, tenía un enorme interés en la cultura italiana y era muy consciente de sí mismo como sucesor del emperador de Roma, como conquistador de Constantinopla, y se trajo a Gentile Bellini a su corte, que pintó su retrato.

¿Por qué, si el mundo islámico transmitió esta civilización a Europa, luego la perdió?

Había una diferencia fundamental entre la mayor parte del mundo musulmán y Europa occidental: la falta de interés en la imprenta. Quienes trajeron imprentas al Imperio otomano eran judíos y armenios, y probablemente también cristianos siriacos. Pero los musulmanes eran reticentes a adoptar el arte de la imprenta, y esto ralentizó mucho, tenía un efecto negativo en el desarrollo científico en esa parte del mundo.

¿Cree que la llegada de los musulmanes al sur de España era una misión militar o una expansión natural de una cultura y religión?

«Hay divergencias respecto a cómo de islámicos eran lo invasores de Al Andalus y cómo de árabes eran»

Es una cuestión muy difícil, y hace solo unos días que lo discutí con alguien que ha escrito un libro sobre la conquista árabe de Al Andalus. ¿Podemos hablar siquiera de una conquista árabe, cuando los ejércitos incluían un gran número de bereberes norteafricanos, ¿y cómo de islámicos eran los bereberes? Porque en esta fase, muchas de las leyes del islam todavía no se habían desarrollado o no se enseñaban todavía. Había que esperar a los almorávides y los almohades en el siglo XI y XII, para que se impusieran prácticas islámicas estrictas en el Lejano Oeste, en Marruecos y Al Andalus.

¿Qué motivó entonces este proceso?

Creo que no lo deberíamos considerar una guerra de conversión. Era una guerra con el objetivo de difundir la palabra de Dios, sí, tenía el fin de crear un marco global para la nueva religión. Pero los musulmanes tempranos se daban cuenta de que si convertían a todo el mundo iban a erosionar su base de impuestos, porque cobraban impuestos especiales a los dhimmis, a los judíos y cristianos. En fin, más que un movimiento planificado parece algo que simplemente se fue expandiendo. Conquistaron Egipto en 640, el sur estaba bloqueado, los grandes ejércitos tenían entusiasmo de difundir el islam, así que fueron hacia oeste y convirtieron algunos pueblos bereberes, no todos. Convertían a los paganos, pero dejaban a los cristianos y judíos. Era un proceso lento.

Pues setenta años para llegar de Egipto hasta España no parece muy lento en términos históricos…

Crearon un impulso que los llevó hasta Ceuta y luego a través del Estrecho. Pero si ahí había realmente un plan de acción es muy difícil de reconstruir, porque las fuentes para las épocas tempranas de Al Andalus son mucho más tardías. Las fuentes escritas para esa época, el siglo VIII, existen, pero no nos ayudan mucho. Las fuentes de España hablan de los moros, los mauri, pero no dicen nada sobre su identidad religiosa. Parece que los ven simplemente como unos invasores bárbaros o así. Es muy difícil llegar al fondo de esto. Hay tantos puntos de vista diferentes respecto a cómo de islámicos eran lo invasores y cómo de árabes eran.

Un amigo mío profesor dice que la idea de Europa nació con Carlomagno como concepto para distanciarse de la cultura mediterránea. ¿Lo ve así?

«Gran Bretaña nunca ha sido una parte entusiasta en el concepto de la integración europea»

Eso podría decirse de la Unión Europea hoy día… No me convence del todo. No soy experto en los carolingios, pero creo que el uso concepto de Europa era poco más que algo poética, literario, algo afectado que sonaba a gran latín. No creo que tuviera mucho significado como región o cultura concreta.

Usted defendía el Brexit. ¿Qué es lo que no le gusta de la idea de Europa hoy?

Dos cosas. Por una parte está la idea, cada vez más muy común en Reino Unido, de que la Unión Europea se ha convertido en una gran burocracia, más poderosa de lo que debería ser. Hemos visto esto en las peleas sobre las vacunas y sobre Irlanda del Norte. Hemos visto falta de voluntad de sentarse a debatir de una manera cooperativa, y a veces hemos visto errores graves. Esto tiene una larga historia. Este es un punto. El segundo es que Gran Bretaña nunca ha sido realmente una parte entusiasta de Europa en un nivel concreto: el concepto de la integración europea. Eso lo reconocieron los franceses y alemanes, por supuesto, dándose cuenta de que Gran Bretaña actuaba en realidad como freno, intentando ralentizar el movimiento hacia la integración.

¿No se sienten europeos los británicos?

Por supuesto hay una sensación de ser europeo en Gran Bretaña, no me entienda mal, hay un fuerte sentimiento de ser parte de esta civilización. Pero cómo traducir esto a términos políticos, si esto debería incluir controles económicos, eso es algo sobre lo que, desde luego, más de la mitad de los británicos tenían serias dudas. No es una cuestión de rechazar la Unión Europea como concepto para los que desean ser parte de ella. Pero nuestra cultura política británica es distinta: no tenemos una Constitución escrita, algo casi único en el mundo. El sistema legal se basa en precedentes. Eso hace que la manera en la que se lleva a cabo un proceso legal sea muy distinto del modelo europeo desarrollado después de Napoleón, que es más de arriba hacia abajo.

Pero durante años pareció funcionar ¿no?

«Nuestra relación con el mar ha cambiado como resultado del desarrollo del tráfico aéreo»

Siempre hubo una relación incómoda, y esta simplemente se hacía más y más obvia. Todo el mundo había subestimado hasta qué punto el sistema regulador de la Unión Europea significaba que estaríamos siempre sujetos al Tribunal de Justicia Europeo, que podía imponerse a nuestro propio Parlamento en caso de conflicto. Por eso creo que es razonable dar este paso. Además, Gran Bretaña siempre ha tenido relaciones estrechas con países Australia, Nueva Zelanda, Canadá… los restos del Imperio, vale. Pero no solo con países blancos: también está India. Esperemos que se pueda encontrar un modus vivendi con lo que nuestro primer ministro llama “nuestros amigos europeos”, pero tienen que decir que son amigos.

Pese a ya no compartir unidad política, a ver si a usted lo vemos en España un día..

Me gusta el sherry de Sanlúcar, que es inglés. Voy a Gibraltar; hay una universidad allí. A veces lo combino con visitas a Italia. La última vez empecé, de hecho, en Portugal, luego fui a Málaga, que es una ciudad bastante agradable, y luego a Gibraltar. Intento no quedarme solo en el Peñón. Y Ceuta es un contraste llamativo. Las dos ciudades tienen mucho en común, pero también algunas diferencias fundamentales. Ceuta es muy interesante. Me fascina su historia: primero fue una gran corte musulmana, luego fue portuguesa y después española.

¿A usted le gusta hacer vela?

No cruzo mucho el mar, no tengo interés en hacer vela. Eso sí, he viajado en barco todo el camino de Inglaterra al Mediterráneo. Pero no tengo especial interés en hacer viajes por mar. En esto soy hijo del siglo XX tardío: llegar a un lugar en un par de horas en avión es más fácil [ríe]. Nuestra relación con el mar ha cambiado como resultado del desarrollo del tráfico aéreo y también como resultado del tráfico de cargueros, la llegada de la contenedorización. Nuestro contacto directo con el océano es muy limitado hoy día.

Usted prefiere los océanos de papel, pues?

Me temo que he producido océanos de papel: La versión inglesa de mi último libro son unas mil páginas…

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