La Iglesia abusa… ¿y nosotros?

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Sanaa El Aji

@SanaaElAji

Socióloga (Casablanca, 1977). Empieza a trabajar como periodista en el semanario Nichane en 2006 con un reportaje sobre chistes irreverentes, por el que se le condena a tres años de cárcel (con pena suspendida). Continúa publicando en diversos medios marroquíes y hasta 2017 fue columnista del diario arabófono Al Ahdath Al Maghribia, uno de los diez periódicos más vendidos de Marruecos.

Publicado el 19 Nov 2021

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Dicen las noticias que en varias iglesias de Francia se cometieron miles de abusos sexuales contra niños pequeños. Este es el resultado de una investigación llevada a cabo por una comisión independiente especial dedicada a los delitos sexuales de la Iglesia y que se presentaron al público el pasado 5 de octubre.

Hay numerosos comentarios (distintos en su forma, pero todos iguales en el fondo) que afirman “Si los perpetradores hubieran sido personajes religiosos musulmanes, ya se habrían elevado voces de protesta, pero como el crimen lo cometió la Iglesia, pues nadie hace el menor caso”.

En realidad, el comentario que deberíamos hacer, la pregunta que deberíamos plantearnos es la siguiente: ¿seríamos capaces nosotros, en Marruecos o Egipto o Arabia Saudí o Kuwait, o en cualquier país de nuestra región, de establecer una comisión independiente que investigue con objetividad las denuncias de abusos sexuales cometidos por hombres religiosos musulmanes en las mezquitas o las escuelas coránicas?

Hoy día basta con que una familia denuncie que un niño ha sido víctima de abusos sexuales por parte de un religioso (como ocurrió hace unos meses en Marruecos) para que muchos salgan de inmediato afirmando que se trata de una conspiración contra el islam y contra los ulema. Y basta con que la prensa hable del asunto para que muchos digan que todo es un ataque contra el islam y los musulmanes y para que se eleven “algunas voces” lanzando la pregunta: “¿Y por qué no habláis de los abusos sexuales de la Iglesia?”

Nunca hemos oído decir, demostrados los abusos de la Iglesia, que hay una conspiración contra la cristiandad

Cierto: los abusos sexuales contra niños en las iglesias de Italia, Francia, Estados Unidos de América y otros muchos países son una verdad innegable. Pero la diferencia es que esa realidad es hoy día tema de numerosas películas, reportajes en la prensa, investigaciones de comisiones independientes… que quizás todos hayan tenido que afrontar lobbies que se esfuerzan para ocultar la realidad. Pero la verdad queda evidente al final y se debate en los periódicos, en las redes sociales y en los platós de televisión. Y en la mayoría de los casos, cuando esta verdad queda demostrada, la Iglesia la reconoce y pide disculpas.

Nunca hemos oído decir, una vez demostrados los hechos y frente al testimonio de las víctimas y sus familiares, que se trata de una conspiración del Cáucaso contra la cristiandad o un ataque de Oriente contra la Iglesia.

Y esta es la diferencia fundamental y esencial entre una cultura que asume sus vicios para avanzar, y una cultura que intenta absolverse de sus errores y fallos, aunque sea denunciando que otros cometen los mismos errores, o directamente negando que los cometa y achacando todo a ataques y conspiraciones.

La violencia, la misoginia, la pedofilia, los textos sagrados que incitan al odio y al rechazo, las guerras y la explotación sexual y económica en nombre de la fe, y otras muchas formas de opresión, se encuentran en todas las culturas y religiones, en todas las épocas y regiones.

Lo que sucede es que hay sociedades que han asumido sus vicios y trabajan para cambiarlas y reformarse, teniendo claro que el camino de la reforma empieza por reconocer que este tipo de lacras existen. Y hay otras culturas que tienen miedo a mirarse en el espejo.

¿Somos capaces de ver una película sobre los abusos sexuales sin matar al cineasta?

¿Seremos un día capaces de afrontar nuestra imagen en el espejo para reconocer nuestras deformaciones? ¿Estamos preparados para reconocer los aspectos de opresión, violencia y esclavitud que existen en las escrituras, y para darnos cuenta de que forman parte de un contexto determinado que ya no es adecuado en nuestros tiempos?

Estamos preparados para reconocer la explotación sexual en nombre de la religión de mujeres y niños en cautividad o esclavitud, históricamente, y hoy día por parte de algunos religiosos tanto suníes como chiíes? ¿Estamos preparados para reconocer la misoginia y pedofilia en nombre de la religión y las tradiciones, las costumbres y los hábitos culturales, sin achacarlo a una “conspiración occidental”? ¿Estamos dispuestos a aceptar los hallazgos de comisiones independientes y periodistas sobre la riqueza de los representantes religiosos o su explotación sexual de niños y mujeres, sus llamamientos a la violencia u otros aspectos, sin hablar de conspiraciones? ¿Somos capaces de ver una película sobre todos estos asuntos sin matar al cineasta, a los actores y al productor y a cualquiera que haya participado en la realización del filme, acusándolos de atentar contra las creencias de los musulmanes, de distorsionar el islam y de sacudir los cimientos de la fe?

Estas son las preguntas que nos deberíamos hacer, cuando leemos noticias sobre una comisión independiente que ha investigado los abusos sexuales cometidos durante 70 años por hombres de la Iglesia contra niños pequeños. Y cuando tengamos la capacidad de tratar estos problemas de manera similar, entonces podemos empezar a comparar.

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© Sanaa El Aji | Primero publicado en Al Hurra · 7 Oct 2021 | Traducción del árabe: Ilya U. Topper

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