Amor y clamor en el desierto
Ilya U. Topper
Ebbaba Hameida
Flores de papel
Género: Novela
Editorial: Península
Año: 2025
Páginas: 280
Precio: 18,90 €
ISBN: 978-84-1100-320-9
Idioma original: Español

—Aisha, ¿cómo se dice sexo en tu idioma?
—No lo sé.
—¿Cómo que no lo sabes?
—No lo sé, yo creo que eso en mi tierra no existe.
La tierra de Aisha es el Sáhara, quizás más que tierra deberíamos decir pedregal, porque arena tampoco hay tanta en esa esquina del desierto en el que se dispersan los campamentos de refugiados en los que ha nacido. No hay casi nada, aparte llanura y cielo, no hay agua, no hay oasis. Y no hay sexo tampoco. O eso creen, eso dicen.
En Italia hay sexo en abundancia, o eso creen, eso dicen. Italia es donde se cría la niña Aisha, acogida por una familia de Milán. Hay tanto sexo en su liceo, o eso aseguran sus compañeras de clase, que ella misma se tiene que inventar a un novio, porque si no, no eres nadie. Tenerlo, no, eso no; eso no se hace si una es del desierto. Pero ¿de dónde es una? ¿Italiana? ¿Saharaui?
El dilema de sentirse de un lado y el otro a la vez, o de ninguno de los dos, nos puede parecer familiar si hemos leído las novelas de Najat El Hachmi, como El último patriarca o, mucho mejor, La hija extranjera. Entendemos este dilema de educarse entre dos mundos, el magrebí-islámico y el europeo-agnóstico, sentirse perteneciente a una parte por lazos familiares y cierta nostalgia de tradiciones, y a la otra por el impulso natural de querer ser tan libre como las demás. Pero hay una gran diferencia entre la adolescencia de la Sara de Barcelona y la Aisha de Milán: la primera necesita luchar contra la imposición de las normas patriarcales que su familia, inmigrante en España, le vende como ineludible pack religioso; necesita rebelarse contra su origen para ganar la libertad. La segunda ya tiene la libertad, su familia biológica está lejos y su madre de acogida simplemente la trata como una italianita más; lo que ella anhela es recuperar su origen, pese a significar prohibiciones, tabúes, vetos.
El Sáhara es mucho más que un accidente geográfico: en su parte más occidental es un concepto político
El origen. El Sáhara. No hablo del desierto. El Sáhara es mucho más que un accidente geográfico: en su parte más occidental es un concepto político. Un Estado anhelado y nunca realizado, proyectado, incluso proclamado, pero fata morgana siempre. Ya lo dijo el bardo: no hay nada más bello que lo que nunca he tenido. Los saharauis nunca han tenido un Estado. Son apátridas. No por no tener una patria, sino porque esa patria, bajo ocupación marroquí, no se cristaliza en un pasaporte. Pedir que por su bandera por fin pueda ondear sobre su tierra es un clamor. Aunque sea cada vez más un clamor en el desierto.
Ebbaba Hameida (Tinduf, 1992) ha nacido en el Sáhara. Periodista desde hace una década, reportera de RTVE en Ucrania, Irán, Palestina o Túnez, se ha lanzado ahora con su primer libro de ficción; Flores de papel. Como es casi de esperar, visto las tendencias de la literatura de nuestra década, parcialmente basado en su propia biografía.
No, no se asusten; no es autoficción. Es una novela. A tres voces, a tres vidas: Aisha, Naima y Leila. Un tríptico generacional. Aunque no se formule expresamente, adivinaremos enseguida que Leila, nacida en el sur del vasto territorio saharaui en 1939, es la abuela, Naima, apenas una cría cuando la invasión marroquí de 1975 obliga la familia a exiliarse, es la hija, y Aisha, la niña que vive con una familia adoptiva en Italia, la nieta. Y como tal, un trasunto de la propia autora. Las voces van intercaladas por capítulos; una saga familiar en simultáneo, para así decirlo. Construida con la evidente intención de acercarnos la historia de aquella tierra y sus pobladores: desde la habitualmente pacífica convivencia con los militares españoles en época de la colonia a la brutal invasión militar marroquí de 1975 con sus bombardeos contra civiles (Leila) a la educación patriótica de una joven generación, ilusionada con retomar la guerra para vencer al adversario, entusiasmada con un frente de batalla que aún creen posible convertir en victoria (Naima) al paulatino descubrimiento de una vida en la diáspora, en Europa (Aisha). En consecuencia, las tres mujeres no son realmente protagonistas de la historia; su trayectoria, sus experiencias, sentimientos, sufrimientos, ilusiones o dudas sirven al fin de ilustrar el devenir del protagonista único del relato, el pueblo saharaui.
La sociedad saharaui actual, sabemos, es una etapa transitoria, un escalón en el camino hacia el futuro Estado
El lenguaje apasionado, fresco y lírico del relato compensa la sensación didáctica subyacente, al tiempo que la abundancia de vocabulario saharaui explicada en nota a pie deja traslucir cierta voluntad de documentación antropológica, de cuidar todos los detalles del cuadro que va pintando. Es, en definitiva, un libro escrito para enseñar, compartir, explicar. Para traernos el Sáhara hasta casa.
O digamos: para traernos la versión pública del Sáhara a casa. Porque en eso se quedan los personajes: en la ilusión por su Estado, por su causa noble, su nación vapuleada y exiliada. Una reflexión geopolítica, un planteamiento de la cuestión a dónde puede llevar una lucha nacional tras 50 años de lucha nacional, no podemos esperar en este contexto: sería dudar de la causa, y quien clama en el desierto no puede dudar. Tampoco una reflexión política, un planteamiento de la cuestión a qué sociedad ya han llevado esos 50 años de lucha: sería desviar la mirada del futuro. Porque la sociedad saharaui actual, eso lo sabemos, es una mera etapa transitoria, un escalón en el camino hacia el futuro Estado; si tiene fallos, son consecuencia de las circunstancias; detenerse en ellos no es justo y solo retrasaría el avance. También en esto, la novela es un fiel reflejo de la sociedad saharaui.
Quien haya seguido el valiente periodismo de Ebbaba Hameida, su búsqueda de la noticia en varios continentes, su apasionada defensa de los derechos humanos, puede extrañarse de esta renuncia a mirar más allá de las alegres ceremonias del té y las risas entre compañeras en una jaima. Puede desconcertarnos que la cuestión planteada en la primera página, que condensa en dos líneas magistrales siglos de una represión patriarcal común a todo el Mediterráneo —¿cómo se dice sexo en tu tierra?—, más que resolverse se difumina con una experiencia fugaz de que también en el desierto puede haber besuqueos en los asientos de atrás de un landrover, solo que nadie habla de eso. Lo que significa este silencio, esto lo calla hasta Aisha. Ha vuelto al desierto para amar a su pueblo, su nación, no para cuestionar sus lados oscuros, sus secretos inconfesables. Se cierran los párpados al amar.
Flores de papel es el gesto de reconciliación de una mujer rebelde con la sociedad que la vio nacer
Quien haya conocido a Ebbaba Hameida, que obviamente sí ha llevado a cabo su rebelión personal contra los lados oscuros y los tabúes de su sociedad, los comunes a gran parte del sur del Mediterráneo, puede extrañarse de que nada de esto se relate en la novela. Yo me he extrañado. Las varias entrevistas que Hameida ha dado en la prensa me dieron la clave: habla de un sentimiento de culpa por vivir en España —eso es: por vivir en libertad— y define la novela como «un ejercicio de reconciliación con las mujeres» de su vida, su familia. Esto es.
Es decir: la rebelión la ha hecho Ebbaba Hameida, la libertad se la ha conquistado. Y podemos estar seguros de que esta rebeldía ha dejado sus heridas, porque siempre los deja, lean a Najat El Hachmi, lean a Malika Mokeddem. Pero una vez rotas las cadenas, ganada la libertad, se envainan las armas, no se guarda rencor. Y menos a un pueblo tan perseguido, tan necesitado de apoyo, como el saharaui. Flores de papel es el gesto de reconciliación de una mujer rebelde con la sociedad que la vio nacer, un ejercicio de mostrar la humanidad de quien fue durante una fase, ineludible pero dolorosa, la adversaria, expresarle ternura, decirle ante testigos, ante el público lector, que todo está bien y que se comparte su clamor. La sociedad saharaui es maravillosa, es todo lo que se puede contar en este libro, porque para eso fue escrito: como una declaración de amor.
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© Ilya U, Topper | Especial para MSur
