Israel prepara la expulsión
Amira Hass

Ramallah | Septiembre 2026
Gadi Eisenkot, el favorito en las elecciones y líder del partido Yashar, tiene una postura sobre un Estado palestino que es, en última instancia, irrelevante. Lo que está en juego hoy no es una “solución diplomática”, sino la misma existencia del pueblo palestino entre el río Jordán y el mar Mediterráneo. Las fuerzas israelíes empeñadas en “eliminar» este pueblo no reconocen límites ni restricciones. Sus partidarios son demasiado numerosos como para fiarnos únicamente de la firmeza y resistencia de un pueblo que ya ha padecido anteriores planes de expulsión perpetrados por Israel.
El mundo observa sin intervenir. La izquierda es minúscula, débil y ha quedado afónica de lanzar tantas advertencias. La oposición anti-Bibi oscila entre minimizar la importancia del peligro, permanecer indiferente y directamente apoyar la expulsión. Las condenas esporádicas, impulsadas principalmente por algo que el embajador de Estados Unidos publicó en X son tan útiles como un colador en una tormenta. Los falangistas judíos atacan constantemente y en todas partes, no solo en Qusra.
El debate sobre un Estado, dos Estados o una federación es más teórico que nunca. Cualquier solución consensuada requiere primero reconocer el problema y estar de acuerdo sobre qué es. Demasiados judíos en Israel han sido condicionados a creer que el problema es la misma presencia en esta tierra de un pueblo palestino con raíces, continuidad histórica y económica, capital cultural y recursos materiales, una rica herencia agrícola y un profundo amor por la tierra natal.
La política israelí está diseñada para hacer insoportable la vida de los palestinos dondequiera que vivan
La «eliminación” es la solución de pesadilla que se imprime en la realidad cada día. Las leyes de la Knéset, las declaraciones de los políticos, las órdenes militares, los libros escolares y los batallones sagrados de las inmobiliarias que operan en Gaza, Cisjordania y el Néguev funcionan todos, juntos y por separado, para avanzar esta “solución” sin descanso y sin miedo a las condenas internacionales.
La política israelí está diseñada para hacer insoportable la vida de los palestinos dondequiera que vivan, para que su emigración pueda ser descrita como un acto de libre albedrío. Dentro de Israel mismo, las autoridades dan vía libre a organizaciones criminales árabes para armarse y matar a ciudadanos palestinos en sus casas. En Cisjordania, esas mismas autoridades israelíes dan vía libre a los “batallones de Dios” para armarse, matar y expulsar, mientras el Ejército oficial continúa sus incursiones día y noche. En una Gaza devastada y sedienta, el Gobierno y el Ejército cultivan milicias armadas de colaboradores criminales, mientras que los pilotos israelíes continúan lanzando misiles de venganza y retribución que arrebatan la vida de todavía más niños. Todas estas acciones impulsados por la testosterona están interconectados.
Al mismo tiempo, Israel está destruyendo o restringiendo severamente la capacidad de los palestinos para ganarse la vida. En Gaza, esa misión ya se ha completado. Una población de “muertos vivientes” de receptores de ayuda, dos millones de personas cargando el peso de unas 74.000 tumbas recientes, familias y memorias, talentos y profesiones, y ahorros esfumados, están amontonados en unos 150 kilómetros cuadrados de tierra quemada. La creatividad, el ingenio y la ayuda mutua quedan eclipsados por la escala de la destrucción y por la prohibición de Israel de reconstruir y recuperarse.
Están creando la infraestructura material, ideológica y psicológica para otra expulsión masiva de palestinos
En Cisjordania, la soga financiera del Ministerio de Finanzas se está estrechando alrededor del cuello de aproximadamente tres millones de personas y de la Autoridad Palestina. El robo sistemático de los ingresos se agrava aún más por las campañas de destrucción del ejército en ciudades y campos de refugiados, así como por los otros métodos usados para impedir que los palestinos cultiven y desarrollen su tierra: puestos de control, prohibiciones burocráticas, verjas y pastores judío-israelíes.
Dentro de Israel, la “judaización de Galilea y Néguev” era y sigue siendo un código para robar tierras y recursos a los ciudadanos palestinos de Israel. La discriminación contra ellos en fondos asignados, subsidios y empleo, junto con prohibiciones de construcción y demoliciones, siempre ha caracterizado notablemente la política oficial dentro de la Línea Verde.
Lo voy a reiterar: la existencia misma del pueblo palestino entre el mar y el río está ahora en peligro. Demasiadas fuerzas activas están creando ese peligro: el poder y las capacidades del ejército israelí; el culto del servicio militar bajo todas las condiciones y bajo todo Gobierno; la obediencia como valor; las armas y los ataques militares como modus operandi estándar; la normalización del síndrome de estrés postraumático entre los soldados y de los soldados que mueren por suicidio; las atracciones de una carrera militar y las puertas que abre; el señuelo de una mansión asequible en una comunidad exclusiva en Galilea o en un suburbio de colonos en Samaria; las falsedades de la propaganda oficial y no oficial; la indiferencia hacia el infierno en la tierra que Israel ha creado en la Franja de Gaza; la negación de 60 años de ocupación y dominio forzado; la respuesta pavloviana de “Pero el 7 de octubre”; la sinergia entre el Ejército, el Gobierno, los rabinos y los militantes con kipá en Cisjordania; ecuanimidad ante la destrucción del Líbano; falta de consideración hacia la ocupación de más partes de Siria; la normalización del discurso de expulsión; sistemas judiciales y educativos marcados por el racismo laico y religioso; y el ejército de carceleros que abusan de miles de prisioneros palestinos, tanto bajo órdenes como por elección.
Juntas, estas fuerzas y otras similares están creando la infraestructura material, ideológica y psicológica dentro de la sociedad judío-israelí para otra expulsión masiva de palestinos y para lo que pueda acompañarla: una carnicería masiva.
Los héroes de las milicias de colonos declaran abiertamente que la expulsión es su objetivo. Reconocen claramente la disposición de amplios sectores de la sociedad judío-israelí a participar y llevarla a cabo, activa o pasivamente, directa o indirectamente. Mediante sus provocaciones y crímenes diarios, cometidos a plena luz del día y posibles únicamente gracias al apoyo institucional, los falangistas buscan constantemente provocar un acto palestino de furia y venganza que “triunfe”, para poder explotarlo como la mecha que encienda una nueva guerra santa.
Los falangistas judíos y las organizaciones derechistas que los alimentan cuentan con una amplia movilización, incluidos los líderes, votantes y partidarios de Yashar y del partido liberal Los Demócratas, para una guerra a la que ya podría dársele el eslogan: “Un pueblo, un ejército, una tierra limpia de árabes”.
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© Amira Hass | Publicado en Internazionale · 4 Sep 2026 · Traducción de la versión en inglés de Haaretz: Romaissa Boussetta
