Opinión

Jefa. Punto

Aïcha Zaïmi Sakhri
Aïcha Zaïmi Sakhri
· 4 minutos
Opinion mgf

Septiembre 2026

Este martes, 29 de septiembre, una mujer, Fatima-Ezzahra El Mansouri, ha sido nombrada jefa del Gobierno. En Marruecos. ¡Esto es una primicia!

Sí, estoy contenta. Sí, estoy orgullosa. Y no tengo ganas ningunas de pedir disculpar por sentirme contenta y orgullosa.

Desde hace varios días, leo comentarios, escucho, observo, y en todas partes salen preguntas que nunca se le han hecho a un hombre. El pasado 24 de septiembre, un periodista le pregunté cómo una mujer podría rezar al lado del Rey, y si el protocolo no complicaría este nombramiento. El protocolo real tiene su importancia, desde luego. Pero el Rey ha decidido la cuestión: la ha nombrado. Ella nos había recordado, por cierto, que el soberano es un gran defensor de los derechos de las mujeres. Y tiene razón: la reforma de la Mudawana, el código de la familia, de 2004 y las tareas iniciadas en 2023 llevan la marca de ese compromiso.

Antes de las elecciones, a El Mansouri también le preguntaban si tenía ambiciones. Nadie ha preguntado esto a sus homólogos masculinos.

Y esto no es nuevo: ya en 2016 le preguntaron en televisión si la política había causado su divorcio. Ella respondió con calma. No. Y agregó que sus adversarios utilizaban ese divorcio para menospreciar sus competencias por su condición de mujer. Diez años más tarde, la mirada no ha cambiado. Una mujer que se divorcia habrá sacrificado su hogar por su ambición. Cuando un hombre se divorcia, nadie le pregunta nada.

¿Han preguntado a uno solo de sus predecesores si la política les ha roto el matrimonio? ¿Cómo concilian la vida familiar y el Consejo del Gobierno? Jamás. Ni una sola vez.

Un hombre ambicioso es un hombre de Estado. Una mujer ambiciosa, eso es necesariamente sospechoso.

Un hombre ambicioso es un hombre de Estado; una mujer ambiciosa, eso es necesariamente sospechoso

En el fondo, estas cuestiones dicen mucho más de nuestra sociedad que de ella. Cuando una mujer tiene éxito, escarban en su vida. Cuando un hombre tiene éxito, miran lo que ha conseguido. Hablemos, pues, de su trayectoria. Abogada. Alcaldesa de Marrakech. Diputada. Ministra. Coordinadora de la dirección colegiada del partido PAM. Una trayectoria que se celebraría sin vacilar si tuviera un nombre de pila masculino.

A los detractores, solo les voy a decir una cosa: os aguantáis. El techo de cristal se ha roto. Y ya no se podrá volver a pegar.

Y a ella, la aplaudo. Con sinceridad.

Pero tampoco voy a caer en el exceso inverso. Una mujer no es un ángel. Puede equivocarse. Puede ceder a arreglos. Olvidar sus promesas. ¡Igual que un hombre! Una mujer en la cumbre no se traduce necesariamente en una política feminista. La igualdad no depende de la cara, ni del sexo: es un asunto de los derechos. Está recogida en el artículo 19 de nuestra Constitución desde 2011 y todavía está esperando para entrar en nuestras leyes y en nuestras vidas.

Juzgaré, por lo tanto, este Gobierno por sus actos. En primer lugar por la reforma de la Mudawana, que lleva esperando tres años y que afecta a cada una de las familias de este país. También respecto al empleo de las mujeres, que está en retroceso. Respecto a la violencia, que no está en retroceso. Respecto a las mujeres rurales, que todavía caminan kilómetros para buscar agua, para ir al colegio o al centro de salud, y para las que este nombramiento no cambia nada, si no le siguen actos.

Una primicia no sirve de nada, si no abre la puerta a quienes le siguen. Si al final queda en una excepción, solo se convierte en una coartada.

Señora jefa del Gobierno, nosotros estamos aquí, cuenta usted con nuestro apoyo. Porque si usted tiene éxito, también, de alguna forma, lo tendremos nosotras.

© Aïcha Zaïmi Sakhri | Primero publicado en Égalitemag · 30 Sep 2026 | Traducción del francés: Ilya U. Topper