La destrucción de la sanidad palestina
Amira Hass

Ramallah | Agosto 2026
La mayoría de la población judía de Israel apoya el empeoramiento de las condiciones de los pacientes palestinos, causado por la imposibilidad de recibir los tratamientos necesarios. Esto no es el resultado de ninguna encuesta; nadie incluye en sus cuestionarios una pregunta como: «¿Apoyas la eliminación de la sanidad pública palestina?»
Sin embargo, la conclusión es inevitable, considerando el hecho de que el Ministerio de Finanzas de Israel continúa, sin impedimentos, robando los ingresos de la Autoridad Palestina procedentes de impuestos y aduanas. Esos ingresos están destinados a tratamientos médicos, medicamentos, salarios del personal sanitario y al mantenimiento y desarrollo de hospitales y clínicas.
Los rabinos de los partidos ultraortodoxos no buscaron ni encontraron, ni en el Talmud ni en los dichos de los rabinos, ninguna referencia para protestar por la denegación del tratamiento médico a esas criaturas de Dios que no son judías. Los líderes de los partidos de la oposición sionistas no dirán nada que incomode a un solo hipotético exvotante de Bibi; en todo caso, la mayoría de ellos fueron cómplices del mismo saqueo de la tesorería palestina cuando estaban en el Gobierno.
A los manifestantes anti-Netanyahu no les interesa el sabotaje sistemático de los servicios sociales palestinos
Los investigadores del antisemitismo cobran por contar esvásticas grabadas en tumbas judías alrededor del mundo y para categorizar a políticos que acusan a Israel de genocidio como personas que odian a los judíos. No está en su contrato de trabajo escandalizarse por las muertes dolorosas de los palestinos causadas por el hecho de que el Ministerio de Sanidad palestino no puede comprar medicamentos para enfermedades tratables, como fue ordenado por el Ministro de Finanzas israelí, Bezalel Smotrich.
La Asociación Médica Israelí presentó una única carta de protesta contra esta política. Esa carta se produjo tras los llamamientos de organizaciones internacionales de salud a favor de un boicot de la asociación, ya que no se oponía a la guerra de aniquilación en Gaza. Me gustaría equivocarme, pero no recuerdo que ningún economista de las principales instituciones israelíes hay firmado ningún tipo de manifiesto preocupado por la confiscación de los fondos de la Autoridad Palestina.
El fiscal general, considerado de “izquierdas”, no ha dicho una sola palabra de objeción al robo. Los medios saben que no hay ningún interés público en asuntos palestinos más allá de “la eliminación de los terroristas de Hamás”. Por eso, los medios ni siquiera refutarán la propaganda según la que la Autoridad Palestina financia el terror.
Los análisis de sangre no se llevan a cabo, porque los laboratorios están operando a un octavo de su capacidad
Los manifestantes que protestaban hace años contra la corrupción de Netanyahu y más tarde contra sus pretensiones de reforma judicial echan de menos sus días de protestas masivas en la calle Kaplan o la calle Balfour contra Netanyahu y la reforma judicial. No les interesan asuntos marginales, como el sabotaje sistemático del complejo de los servicios sociales palestinos, especialmente la sanidad y la educación, y el propio colapso de la Autoridad Palestina. Ni siquiera los motiva el hecho de que el arquitecto de dicho colapso es una figura importante del campo que pavimentó el camino para la reforma judicial: el sionismo religioso, por si alguien lo ha olvidado.
Y así, debido a la política oficial de saqueo que hundió al Ministerio de Sanidad de la Autoridad Palestina en una deuda inmensa, los pacientes con cáncer o problemas de corazón no reciben todos los medicamentos que necesitan y no pueden comprarlos tampoco en el mercado privado.
A un tiro de piedra del Hospital Ichilov de Tel Aviv, los pacientes de trasplantes de riñón no pueden obtener medicamentos antirrechazo; los pacientes de diálisis tienen que posponer sesiones debido a los puestos de control y porque la máquina se ha quedado sin líquido. Los análisis de sangre no se llevan a cabo, porque los laboratorios están operando a un octavo de su capacidad. La maquinaria médica está fuera de servicio porque no hay dinero para repararla ni para conseguir piezas de repuesto, o porque los técnicos solo vienen una vez por semana.
A pocos minutos del Hospital Hadassah de Jerusalén, las mujeres embarazadas no pueden recibir un seguimiento regular. Las cirugías ortopédicas se posponen constantemente, los propietarios de las farmacias se endeudan (no pueden negarse a que les paguen a crédito), y los médicos ni siquiera pueden permitirse desplazarse al trabajo más de una vez a la semana.
Ejército, Administración Civil y colonos expulsan a los palestinos de sus tierras mediante una política coordinada
No me he olvidado: cada día, el ejército, la Administración Civil y los colonos expulsan a más palestinos de sus tierras mediante una política planificada y coordinada: unos queman y dan palizas, otros emiten órdenes y envían excavadoras. Es ingenuo esperar una ola de protestas en Israel por la falta de medicamentos en los almacenes palestinos como resultado de una política israelí claramente calculada. Es infantil esperar de la oposición que se comprometa a devolver los fondos robados a sus legítimos propietarios.
Sé que no es muy maduro por mi parte esperar que una gran parte de la opinión pública judía, impasible ante la hambruna infligida deliberadamente a los palestinos en Gaza, se escandalice por la destrucción deliberada de la sanidad pública palestina por parte del Ministerio de Finanzas, que, por un efecto dominó, también lleva al colapso el sistema sanitario no gubernamental y privado.
El mismo público no ve como problema suyo el hecho de que la mayoría de los residentes de la Franja, cada vez más reducida, estén viviendo ahora al borde del hambre y la sed. No se alarma por la ingeniosa burocracia organizada por agentes y funcionarios israelíes en el sistema de coordinación civil, que está impidiendo el suministro constante de medicamentos, analgésicos y anestésicos a los enfermos y heridos de la Franja, y está impidiendo que los pacientes gravemente enfermos y heridos puedan salir al extranjero.
Este es el mismo público que sigue convencido de que los altos comandantes de las Fuerzas de Defensa de Israel actuaron correctamente cuando ordenaron la matanza masiva y sistemática de civiles palestinos para matar a los milicianos de Hamás. Sigue convencido de que el Ejército actuó correctamente cuando destruyó y borró de la faz de la tierra ciudades, campos de refugiados, pueblos y tierras de cultivo.
Con gran pesar, tienes que concluir que, a ojos de demasiados judíos en Israel, también la matanza lenta de palestinos, simplemente porque son palestinos, es una política legítima.
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© Amira Hass | Publicado en Internazionale (14 Ago 2026) | Original publicado en Haaretz · 13 Ago 2026 | Traducción del inglés: Romaissa Boussetta
