Gambito de rey
Mimunt Hamido Yahia

Melilla | Oct 2026
En el mundo, a veces, las relaciones internacionales se asemejan mucho a una partida de ajedrez: atacas, te defiendes, avanzas, reculas… El gambito de rey es una jugada arriesgada. En el juego, se sacrifica el peón que está al lado del rey y a cambio se gana iniciativa en el juego… Hoy, los Reyes de España han tomado la iniciativa. Hoy, no solo han visitado Ceuta, también han rendido homenaje en el cementerio musulmán a las más de 80 personas que murieron intentando llegar a España el pasado 30 de julio.
En cien años, la monarquía española ha visitado las ciudades de Ceuta y Melilla tres veces: Alfonso XIII en 1927 y su nieto Juan Carlos I en 2007. Ahora ha sido el turno de Felipe VI. Hace 99 años, su bisabuelo se dio una vuelta por el Marruecos ocupado y por las plazas de Ceuta y Melilla. La cruenta guerra del Rif había acabado y ese viaje era un intento de afianzar la ocupación española en la zona, un gesto hacia Marruecos y también hacia Francia, que se había quedado, como no, con la mejor parte del país marroquí.
Su nieto, Juan Carlos I, llegó a Ceuta el 3 de noviembre del 2007, justo cuando se cumplía el 32º aniversario de la Marcha Verde al Sahara. Fue de la mano del presidente socialista José Luis Rodríguez Zapatero, que tuvo que hacer juegos malabares cuando las relaciones hispanomarroquies se tensaron a cuenta de esta visita. Las relaciones nunca volvieron a ser las mismas. Casi diecinueve años después, los Reyes de España van a Ceuta y a Melilla, ciudad desde dónde escribo esta columna.
La avalancha de Ceuta no tenía hambre de comida; tenia y tiene hambre de justicia y esperanza
Las visitas reales a estas dos ciudades siempre han tenido un contexto político; y cómo no tenerlo: Marruecos seguirá por siempre reclamándolas para su territorio y España seguirá gritando, hasta que pueda o la deje la UE, que Ceuta y Melilla son españolas.
¿Es tan extraño que Marruecos reclame su soberanía sobre estas dos ciudades? Pues tan extraño como que España, a pesar de tener buenas relaciones con el Gobierno gibraltareño (hasta el punto de haber borrado la frontera que separa La Linea de la Concepción de Gibraltar), siga reclamando su soberanía sobre el Peñón. No nos metamos en fechas históricas, véamoslo con el realismo que debemos y no amparándonos en fechas y sentimientos patrióticos.
El contexto de esta última visita es un contexto que está muy de moda: «La inmigración”. 80.000 personas, entre ellos niños, adolescentes, hombres, mujeres y hasta bebés, cruzaron la frontera ilegalmente, por mar y por tierra. Se calcula que más de 80 de ellos murieron en el intento.
La gestión de este inesperado aluvión de gente ha sido nefasta por parte del Gobierno central y por parte del Gobierno ceutí, que, en lugar de ponerse las pilas como sí lo hizo en el 2021, ha pecado de dejadez por conveniencia electoralista, al igual que el Gobierno central, que también ha querido jugar sus cartas electorales. Partida que se juega cómodamente, porque solo arriesga la salud mental de los ceutíes y la salud física de miles de marroquíes.
Hay mucho patriota de pulserita echando bilis antimonárquica: “El rey, nuestro Rey, ¡en un cementerio musulmán”!
Mientras, nadie se atrevía a ponerle el cascabel al gato, gato que tiene nombre y dirección en palacio. Porque sí, puede que esa avalancha fuese debida a que se les fue de las manos a quienes pensaron que era una buena idea mandar a grupos de whatsapp la consigna de que la frontera estaba abierta y era una oportunidad que no se podía desaprovechar. Puede que los servicios secretos estuviesen más comedidos de lo que debieran, puede… Pero si hay algo seguro es que la gente no arriesga su vida por salir de un país, si ese país les proporciona lo mínimo para pensar que el futuro de sus hijos, de su familia, no es una entelequia. Porque esa avalancha no tenía hambre de comida, tenia y tiene hambre de justicia y esperanza, algo de lo que Marruecos carece, así que, de uno u otro modo, es culpable.
Las redes sociales arden con el problema ceutí. Invasión lo llaman unos. Crisis migratoria otros.
“¿Por qué no va el Rey? El Rey tiene que ir”. Esta demanda la hemos visto mil veces repetida estos meses. Sigue pareciéndome extraño que tanta gente, monárquicos sobre todo, no sepan que el Rey va donde el Gobierno lo mande, no donde quiera. Y menos mal que está establecido así en nuestra Constitución, porque de no ser así, tendríamos una monarquía absolutista como la marroquí, y eso no lo queremos, ¿o sí?
Para mi queda muy claro que la vista de los reyes al cementerio musulmán son un doble “zasca”
Por fin el Rey ha ido a Ceuta. ¿Está la derecha contenta? Pues no del todo, porque entre su apretada agenda, el Rey Felipe VI y su consorte, Leticia Ortiz, han visitado el cementerio musulmán de Ceuta para orar y rendir un sentido homenaje a aquellos que perdieron la vida por una esperanza.
Hay mucho influencer enfadado, mucho patriota de pulserita echando bilis antimonárquica en las redes. “El rey, nuestro Rey, ¡en un cementerio musulmán”! Lo más bonito que le han llamado ha sido “traidor”. Es curioso ver este espectáculo, sobre todo si, como yo, se es antimonárquico.
Pensar, reflexionar en el por qué y en el para qué está sobrevalorado para quien solo tiene “sentimiento patrio”. Diplomacia, estrategia son palabras vacías, no tienen sentido para quienes quieren ver una guerra desde su cómodo salón. Poco piensan estos “patriotas” en los ceutíes y melillenses que tenemos la frontera a dos pasos y sabemos que todas, absolutamente todas las fronteras son permeables. Pero claro, ¿cómo un señor de Torrejón va a saber lo que es vivir en una ciudad fronteriza?
Para mí y para muchos queda muy claro que la vista de los reyes al cementerio musulmán son un doble “zasca”. Uno para el Rey de Marruecos, que ni se ha dignado a tener un gesto digno para con sus súbditos muertos en el mar, a dos pasos de sus casas. Otro para aquellos que creen que una avalancha de descamisados descalzos es una invasión. Porque no, ningún rey rinde homenaje a invasores.
No se a quién debemos el que se haya agendado una visita al cementerio musulmán de Ceuta para rendir homenaje a 80 personas, niños, mujeres y hombres marroquíes. Pero si se le ha ocurrido al Rey, da para pensar que debe de ser un gran jugador de ajedrez y eso hay que saber apreciarlo.
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© Mimunt Hamido Yahia | Especial para MSur
