Machismo a través de las ideologías
Sanaa El Aji El Hanafi

Casablanca, Mayo 2026
La libertad de la mujer amenaza la estabilidad familiar.
La dignidad de la mujer amenaza la estabilidad familiar.
Los derechos de la mujer amenazan la estabilidad familiar.
Sin embargo, la violencia no amenaza la estabilidad familiar.
Desperdiciar los derechos civiles, económicos y sociales de la mujer no amenaza la estabilidad familiar.
El acoso sexual en la calle y en el trabajo no amenaza la estabilidad familiar.
La falta de apreciación por el valor del trabajo doméstico no amenaza la estabilidad familiar.
Cada vez que una revista, una organización, un periodista o una escritora plantea un debate sobre los derechos de la mujer, sobre las reformas tan esperadas (¿para cuándo?) del Código de la Familia, sobre el valor del trabajo doméstico, sobre la igualdad en la herencia, sobre la reducción de la violencia contra la mujer… salen ciertas personas con declaraciones que expresan su profunda preocupación respecto a “la estabilidad familiar” si se llegan a implementar estas demandas, su temor a convertir las relaciones emocionales en transacciones económicas y su desazón ante “la reticencia a casarse.”
La reticencia a casarse puede deberse a una decisión personal o a las realidades económicas y sociales actuales
En primer lugar, la posible reticencia a casarse puede deberse a una decisión personal, y debe por lo tanto ser respetada, como también puede ser resultado de las realidades económicas y sociales actuales complejas que enfrenta nuestra sociedad (al igual que la viven la mayoría de las sociedades en la actualidad, porque el fenómeno es universal).
En este caso necesitamos mecanismos para tratar de analizar y entender, no necesariamente con el fin de “encontrar soluciones”, sino para comprender los cambios sociales sin juicios de valor. Tampoco es para que revistemos cambios de valores complejos con conceptos que adoptamos del pasado o de experiencias y conclusiones personales: ¿Hay percepciones nuevas para los patrones de las relaciones entre los y las jóvenes actuales? ¿Lo económico controla lo emocional?¿ Existe entre las nuevas generaciones un cuestionamiento latente de la institución misma del matrimonio en su forma tradicional? Y más preguntas sociológicas que debemos plantear con el fin de entender, y no para hacer saltar las alarmas sobre “el peligro inminente”, según la percepción social que algunos ven como la única forma de vivir. Cuando este modelo podría estar justo experimentando una fase de cuestionamiento: exactamente como la humanidad ha cuestionado a lo largo de la historia los modelos de vida tradicionales en su momento.
Sin embargo, y más importante todavía: ¿qué es lo que hace que algunos piensen y crean que reprimir los derechos de la mujer es lo que provocará la desaparición de la reticencia a casarse (mientras sigan creyendo que el feminismo y el debate sobre los derechos de la mujer es la causa que hace que los jóvenes sean reacios al matrimonio, algo que es, por cierto, una percepción machista pura)?
¿Significa esto que seguir privando a la mujer de sus derechos económicos, sociales, civiles, y así mantener el estado de discriminación y la injusticia constante contra la mujer, es lo que tranquiliza a quienes quieren casarse? Probablemente, sí, porque el hombre ya sabe que no contribuirá a los trabajos domésticos, que podrá usar la violencia sin consecuencias, que podrá divorciarse sin pagar la manutención de sus hijos y amenazar con quitarle la custodia a su exmujer si decide casarse, mientras que él sí puede casarse, y puede incluso aprovechar su tutela legal exclusiva sobre los niños para chantajearla, y que considerará su trabajo doméstico carente de valor (por supuesto, ya que ella “se pasa todo el día en casa”).
Esta es la única explicación posible y plausible para comprender el miedo de algunos a garantizar los derechos de la mujer, y considerar estos derechos como los causantes de la inestabilidad familiar y que provocan la reticencia al matrimonio en los jóvenes.
Por cierto, es increíble cómo la abstención del matrimonio en la percepción social se relaciona con los jóvenes/varones. ¿Y si se debe también a que las mujeres, gracias al desarrollo de su conciencia sobre sus derechos, se han vuelto reacias al matrimonio en su forma tradicional? ¿No dijimos que necesitamos plantear preguntas sociológicas para poder comprender… no para hacer sonar las alarmas y bramar eslóganes reduccionistas y emotivos?
Uno de los promotores de la teoría de “la amenaza de la estabilidad familiar debida a los derechos de la mujer” y “la amenaza de las feministas a la familia” escribió recientemente que aquel que se case con una mujer divorciada, ha perdido su hombría, ya que «se casó con los restos de alguien mejor que él” (“se casó con las sobras de su amo”, tal cual). En primer lugar me he preguntado: ¿y si esta supuesta mujer eligió el divorcio porque estuvo casada con una persona nefasta? En segundo lugar me pregunté, mientras hacía memoria: ¿Y qué hay del Profeta, cuyas esposas eran en su mayoría divorciadas y viudas?
Son izquierdistas y progresistas, pero los derechos de la mujer los espantan, al igual que a los islamistas y conservadores
La verdad es que los defensores de este discurso utilizan la religión solo para afianzar la denigración de la mujer. De no ser así, ¿por qué se posicionan en contra de las divorciadas y su derecho al matrimonio, siendo un hecho que el islam no prohíbe casarse con divorciadas, y el Profeta mismo y la mayoría de sus compañeros se casaron con mujeres divorciadas o viudas con hijos sin que sus exparejas las amenazaran con quitarles la custodia por el mero hecho de haberse casado? ¿O es que el modelo profético solo los atrae cuando se trata de la poligamia y el matrimonio de menores?
En resumen, estas perspectivas exponen la terrible verdad: la oposición a los derechos de la mujer no es solo una lógica de los islamistas y conservadores, tampoco es exclusiva a los que ven en la libertad, emancipación e independencia de la mujer una amenaza a la jerarquía que han creado las sociedades tradicionales y los textos antiguos; sino que es una lógica en la que participan muchos islamistas, muchos conservadores… y también muchos de los que proclaman lemas izquierdistas, democráticos, progresistas, y defensores de los derechos humanos. Son izquierdistas, progresistas, y defensores de los derechos humanos cuando se trata de la forma del Gobierno nacional y de la naturaleza del poder. Sin embargo, los derechos de la mujer los aterran, de la misma manera que espantan a los islamistas y conservadores.
Para ellos, los derechos humanos se limitan a los derechos políticos. En cambio, ¿valorar el trabajo doméstico?, ¿la igualdad en la herencia?, ¿el derecho de la mujer a controlar su propio cuerpo y tomar sus propias decisiones?, ¿el aborto?, ¿prohibir la poligamia y el matrimonio de niñas menores? Todo esto es un discurso feminista occidental que amenaza los valores de la familia.
La alta tasa de divorcio es culpa de ellas: “Las tías es que ya no tienen la paciencia necesaria”
La cruda verdad es que el machismo, como ideología compartida, supera las tendencias y clasificaciones tradicionales.
También es verdad que los datos, las cifras, y los testimonios sobre el estado actual de nuestras familias… demuestran a quienes aún buscan pruebas, que nuestras familias en su mayoría no son estables, porque muchas de sus mujeres, hijas y niños sufren opresión.
En cuanto a la alta tasa de divorcios (un fenómeno complejo que requiere ser analizado y comprendido, más que ser utilizado como motivo de alarma), una de las razones subyacentes más significativas sigue siendo que cientos de mujeres, que anteriormente soportaban injusticias por motivos económicos y sociales, ahora priorizan su libertad por encima de una vida de humillación o inquietud. E incluso esto se convierte en una acusación que algunos difunden: “Las tías es que ya no tienen la paciencia necesaria”; entonces, para conservar la estabilidad familiar, no necesitamos cambiar las leyes, ni las mentalidades, ni necesitamos cumplir leyes justas, sino que tan solo necesitamos a mujeres dispuestas a ser pacientes ante la injusticia y la violencia (obligadas, en lo general, cuando no hay otra salida que proteja sus derechos y su dignidad).
A lo mejor, la estabilidad que defienden aquellos es la que refleja el dicho popular: “Si ves que dos llevan mucho tiempo juntos, ten por seguro que uno de ellos está soportando toda la carga”. Así que, ¿cuál es el problema, si la mujer continúa soportando las injusticias desde distintos lados de la vida, mientras sigamos conservando la imagen y la ilusión de una familia estable (sin divorcios, por supuesto), independientemente de la felicidad de los miembros que la componen?
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© Sanaa El Aji El Hanafi | Primero publicado en Marayana · 4 Mayo 2026 | Traducción del árabe: Romaissa Boussetta
