Opinión

Se estrecha el cerco

Aïcha Zaïmi Sakhri
Aïcha Zaïmi Sakhri
· 5 minutos

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La reciente polémica a propósito de la película de Nabil Ayouch es un ejemplo de la estrechez de mente que caracteriza los numerosos comentarios que pueden leerse por todos lados en las redes sociales. Desgraciadamente, muchos confunden opinión o libertad de expresión con difamación, insultos, anatema y negación del otro. El Ministerio de Comunicación ha prohibido, cómo no, la difusión de Much Loved en nuestras pantallas marroquíes. Gran parte de la red en Marruecos le ha facilitado –incluso “impuesto”– esta decisión.

Tenemos la democracia que nos merecemos. Quedan excluidas las miorías, la libertad de que te guste o no, de ir al cine o no ir. No. Han decidido por nosotros. Como si, de repente, consumir un producto cultural fuera una obligación. ¡Hay ciudadanos que han llegado incluso a poner una denuncia! Pero, ¿contra qué, exactamente? ¿Hay una ley que obligue a ir al cine?

Es que esta película de Nabil Ayouch trata de la prostitución, y no de la Bella Durmiente

La película, a raíz de los fragmentos generosamente compartidos en internet, ha sido tachada de pornográfica sin que haya ninguna escena explícita. Much Loved no es una película para menores, según el propio testimonio de su director. Es cierto que los diálogos son crudos, a veces difíciles de escuchar para unos oídos castos y pudorosos. Pero es que esta película trata de la prostitución, y no de la Bella Durmiente. La prostitución es una realidad en nuestro país. La miseria, la falta de educación, el paro o, para algunas, el poder de atracción del “dinero fácil” llevan a las marroquíes (igual que otras ciudadanas del mundo) a dedicarse a la profesión más antigua del mundo.

Uno de los reproches que se le han hecho al cineasta es el de no trabajar siempre con actores de verdad. El director suele reclutar a sus actores en el entorno en el que se desarrolla la problemática que quiere tratar, lo que se ha convertido en su marca de fábrica. Algunos lo acusan de exponer a estas personas, de utilizarlas para su gloria personal y abandonarlas después. Es cierto que Loubna Abidar (una actriz reconocida), que encarna al personaje principal, ha recibido amenazas de muerte y ha tenido que cerrar su cuenta de Facebook. Pero dejemos de confundir las responsabilidades de unos y de otros. Un director no es una ONG, ¡esa no es su misión! Su función como creador es mostrar, dar su visión de una faceta de la realidad marroquí. ¡Está en su más absoluto derecho!

¡Hacer de prostituta no significa que lo seas, que estés en proceso de serlo o que incites a las espectadoras a que lo sean! Las impresiones que habría que intercambiar tanto con las actrices como con el cineasta deberían referirse a la lacra de la prostitución, de la que viven familias enteras, lo queramos o no. ¿Cómo salir de esto? ¿Cómo evitarlo? ¿Por qué castigar únicamente a las chicas y no a los clientes? Por desgracia para las prostitutas que nunca vemos, el “debate” ha dado otro giro.

La prostitución no va a desaparecer cerrando los ojos: se consolida en la hipocresía

La opinión las ha condenado por segunda vez, y ha preferido refugiarse en la hipocresía y en la esquizofrenia. Estas chicas también son ciudadanas marroquíes que quieren ser escuchadas y defendidas, pero la opinión pública y el Ministerio de Comunicación han decidido otra cosa. Esta lucha por la libertad y la dignidad de todas debe continuar. La prostitución no va a desaparecer cerrando los ojos. T