Crítica

Tiene tela

Ilya U. Topper
Ilya U. Topper
· 4 minutos

Papicha

Dirección: Mounia Meddour

Género: Drama
Intérpretes: Lyna Khoudry, Shirin Boutella, Amira Hilda Douaouda
Guión: Mounia Meddour, Fadette Drouard
Produccción: The Ink Connection
Duración: 136 minutos
Estreno: 2019
País: Argelia
Idioma: magrebí, francés

Meddour Papicha

“Hermana: sé decente. Vístete a la manera islámica”. Unos carteles fotocopiados con la silueta de una mujer cubierta por un niqab negro —enteramente tapada, eso es— y este mensaje aparecen pegados una buena mañana en los pasillos de la residencia universitaria donde estudian Nedjma, Wassila y sus amigas. Estudian de día, porque de noche cortan la valla, salen afuera, se suben al coche de un colega de confianza, se cambian de arriba abajo en el asiento trasero, maquillaje, trapitos, zapatitos, y se meten en la discoteca del centro para bailar hasta el amanecer, cuando toca volver a convertirse en estudiantes modosas. Estamos en Argel, años 90.

Nedjma no solo baila en la discoteca: también vende a las colegas creaciones de moda propias que fabrica en su habitación de la residencia con cuatro telas compradas en la tienda del barrio y una máquina de coser. A sus 18 años, ella se cree Coco Chanel, es cierto. El problema es que los otros, los y las que ponen los carteles del burka negro —y lo visten incluso en la facultad— se creen Osama bin Laden. O lo que será una década más tarde Osama bin Laden.

Nedjma maneja las tijeras, sí, pero los otros —y las otras: hay ya todo un contingente de ‘hermanas’ en la Facultad que siguen la indicación del cartel— se imponen. Primero a lo bruto, arrastrando fuera al profesor que habla francés. Y más tarde hablarán las pistolas.

El filme nos muestra una Argelia que se hunde lentamente en el terror islamista y donde ya se convierte en un acto de resistencia caminar por la calle sin velo, irse a la playa y bañarse sin velo, comprar telas para hacer algo que no sean velos. O incluso, atrevimiento más allá de toda cautela, hacer un pase de modelos con las creaciones de Nedjma. Por más que solo sea en el interior de la residencia universitaria femenina, donde solo hay chicas, y por más que esta colección de Nedjma se componga de variaciones del haik, la tradicional prenda larga y blanca de las argelinas. Tiene tela la cosa.

Siempre hay una sombra sobre la próxima escena de la que no sabemos si vamos a emerger vivos

Mounia Meddour no ha querido caer en el drama total, me dije, cuando faltaba poco para el final del filme, aunque la historia no para de derrapar muy cerca del drama desde casi los primeros minutos. Hay una tremenda gana de vivir en todos los fotogramas, hay también mucha belleza visual, pese a la estética sostenida de cámara al hombro, pero hay también siempre una especie de sombra cerniéndose sobre la próxima escena de la que no sabemos si vamos a emerger vivos.

Quizás la cineasta se extralimite unos centímetros de celuloide al retratar la furia creadora de Nedjma, espoleada por la tristeza, la rabia, la desesperación, tornando algunas escenas – esas raíces de remolacha, tinte rojo, en un surco al alba, manchado de tierra cara y camisón – en una imagen onírica, menos coherente con la línea fiel a la realidad de la película, pero sería difícil no quererlas en el filme, no querer el filme precisamente por esa huida de lo documental hacia lo visual.

Papicha —el título alude al nombre con el que se conocen en argelino las chicas guapas que van de discotecas— obtuvo muy buenas y muy merecidas críticas en Cannes en mayo y se convirtió en candidato de Argelia al Oscar a la mejor pelicula de habla no inglesa de 2020. Un detalle muestra que lo que cuenta no es simplemente Historia, no está superada: tras la enorme expectación creada, las autoridades argelinas cancelaron en septiembre el estreno de la película en su país, condición imprescindible para concurrir a los premios de Hollywood. La Academia hizo una excepción: Papicha seguirá en la carrera. Y seguirá la guerra entre las hermanas vestidas de negro y chicas rebeldes como Nedjma, entre Osama bin Laden y Coco Chanel.

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© Ilya U. Topper | Especial para M’Sur

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