Jesucristo

Representación de Jesucristo en el convento de Maalula, Siria | I. U. T./M'Sur
Representación de Jesucristo en el convento de Maalula, Siria | I. U. T./M’Sur

El dogma cristiano proclama la salvación de la humanidad a través de la crucifixión y el sufrimiento del Jesucristo, considerado a la vez hombre, hijo de Dios y Dios en persona.

La vida de Jesucristo, llamado Jesús de Nazaret, está recogida en los Evangelios, parte del Nuevo Testamento (la segunda mitad de la Biblia), donde se le describe como un predicador ambulante en la Palestina de la época romana, nacido en la ciudad de Belén. Tras realizar algunos milagros fue preso por las autoridades romanas, siguiendo las denuncias de la población judía que lo consideraba un hereje, y condenado a morir en la cruz, pena ejecutada en el monte Gólgota, cerca de la ciudad de Jerusalén.

Según dos de los cuatro evangelios (Mateo y Lucas), la madre de Jesus, María, era virgen y dio a luz tras haber sido fecundada por el espíritu divino, una visión que se ha convertido en el dogma de la virginidad de María.

No se ha podido verificar la existencia de Jesucristo a través de fuentes históricas, dado que las únicas referencias fuera de libros religiosos se encuentran en el libro “Antigüedades judías” del escritor romano Flavio Josefo y su autenticidad es muy dudosa.

El Corán y la teología islámica, por su parte, hacen amplias referencias a ‘Isa ben Miriam (Jesús, hijo de María), al que consideran el último profeta antes de Mahoma, dándole una enorme importancia como enviado de Dios, aunque niegan que tenga naturaleza divina o sea hijo de Dios, una visión que también se encontraba en la rama paleocristiana de los arrianos. Eso sí, se mantiene que fue hijo de una virgen.

Las disputas sobre la exacta naturaleza de Jesucristo – divina y humana a la vez, o de forma separada – han dividido la Iglesia Cristiana en sus orígenes en varias ramas. Si la Iglesia Asiria (o nestoriana) asegura que las naturalezas divina y humana de Jesucristo existen de forma separada, las iglesias monofisitas (como la copta), creen que la humana está asimilada en la divina. El dogma de la Iglesia Católica y la Ortodoxa determina que que Jesucristo posee una naturaleza divina unida a otra humana.

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