Rodaje bajo la ocupación

 
Manifestación en Palestina (2009) |  © Nacho Prieto

Manifestación en Palestina (2009) | © Nacho Prieto

Un nuevo cine ha nacido en Palestina desde la llegada de la era digital. La cámara analógica y la difusión a través de internet son los instrumentos que han permitido un giro en el cine palestino. Junto a un pequeño número de películas de éxito internacional como Intervención divina (2002) de Elia Suleiman o La boda de Rana (2002) y Paradise Now (2005), ambas de Hany Abu Asad, los cortometrajes y documentales palestinos llenan los carteles de los festivales internacionales.

Detrás de la cámara-reacción está una nueva generación de jóvenes cineastas independientes que siente la necesidad de contar cómo la ocupación afecta cada día a sus vidas y de incitar, con sus historias particulares, a la reflexión. Saben que la cultura visual de la pantalla es el medio de comunicación más efectivo e importante y se encuentran con el apoyo de productoras de bajo coste local o fundaciones sin ánimo de lucro.

La revolución de internet les permite, además, difundir su cine independiente con pocos recursos económicos, dándose a conocer de manera rápida y fácil en la escena cinematográfica local e internacional.

El cine palestino refleja la dura realidad de la vida bajo la ocupación

El corto está siendo el protagonista de la imagen de “ficción” de la vida en Palestina mientras el documental es testigo directo de ésta. Por eso la distancia entre ambos en cuanto a ficción y género documental se refiere es escasa ya que ni uno ni otro pueden desgarrarse de la realidad social de la ocupación, como tampoco lo hacen los largometrajes. Son, al fin, registros documentales de lo que sucede.

Un ejemplo del fenómeno de la gran realización de cortos y documentales palestinos son las 27 películas que acaban de proyectarse en el Festival de Cine Palestino de Chicago, de las cuales sólo una es un largometraje: La sal de este mar, de la polifacética Annemarie Jacir, película que está recibiendo una gran acogida por parte del público y de la crítica.

La escasez de largometrajes responde al hecho de que llevar a cabo un gran rodaje en Palestina sigue siendo una ardua tarea, totalmente imposible si no se cuenta con una producción extranjera (como en el caso de La sal de este mar) y en la mayoría de los casos israelí.

Palestina no cuenta con las infraestructuras necesarias para un rodaje. Por eso hablamos de cine palestino pero sólo en términos de dirección y no de producción. Los directores palestinos más importantes —Elia Suleiman, Hany Abu Asad o Michel Khleifi— pertenecen a la generación de los “árabes del 48” (es decir, no expulsados durante la guerra de la independencia de Israel) con nacionalidad israelí y por ley y muy en contra de sus deseos, deben aceptar la participación israelí en la producción, guión o interpretación, incluso cuando el rodaje tiene lugar en los territorios ocupados.

En definitiva, si  no cuentan con dinero y contactos extranjeros, la posibilidad de hacer cine en Palestina por palestinos es realizar un corto o un documental con tecnología digital.

Cines cerrados

Afortunadamente, las opciones de ver este cine en Palestina son cada vez mayores aunque lo fueron mucho más en las décadas anteriores a la Intifada. Posteriormente, las proyecciones cesaron debido a la ocupación, que destruyó la vida social en Palestina, y a motivos económicos y políticos. Los famosos “Cine Dunia” y “Cine Walid” de Ramala cerraron sus puertas cayendo en el olvido y lo mismo ocurrió con casi todas las salas de cine o centros culturales de las grandes ciudades.

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Acerca del autor

Eva Chaves
Arabista (Cantabria, 1979) . Traductora freelance de árabe. Después de licenciarse en Filología Árabe por la...

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