Hambre de líderes

 
Pablo Iglesias saluda a Alexis Tsipras, líder de Syriza | © Facebook de A. Tsipras

Pablo Iglesias saluda a Alexis Tsipras, líder de Syriza | © Facebook de A. Tsipras

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Dos de las grandes esperanzas para la izquierda en Europa se dan la mano. El recién llegado, conocido ya por todos en España, viene a sumarse a esa ola de cambio que surgirá con ímpetu del Sur, para construir una Europa de los pueblos y no del capital; de la solidaridad y no de la explotación… Una ola en la que, por motivos estratégicos, una de las caras más visibles es la de Alexis Tsipras, el coordinador de Syriza, la coalición de la izquierda que ha sido la fuerza más votada en Grecia en las Europeas.

La foto se ha publicado con motivo de las conversaciones para la integración de los 5 eurodiputados de Podemos en el NGL/GUE, el grupo parlamentario del Partido de la Izquierda Europea, cuyo candidato a presidir la Comisión no es otro que el griego. Y tal y como atestigua la creación de una lista exclusiva en su apoyo en Italia (La Otra Europa con Tsipras), que ha obtenido tres escaños, la silueta de Syriza comienza a proyectarse más allá de Grecia. El modelo que propugnan la coalición y otras fuerzas afines comienza a concretarse y a descubrir una vocación amplia para el Sur europeo.

Pero, ¿qué es lo significativo de esta narrativa a la que ha venido a sumarse Podemos? En primer lugar, su existencia como algo creíble para las personas que se identifican con ella. Sin que sepamos aún si se conlleva un cambio sustancial o si se trata sólo del empaque, tras décadas infructuosas la izquierda comienza por fin a parir un discurso lo suficientemente hegemónico para que resulte convincente -al menos en Grecia o en España- al margen de los círculos más ideologizados.

La izquierda comienza a parir un discurso hegemónico como para ser convincente al margen de los círculos más ideologizados

En segundo lugar, ha sido construida con pericia una Imagen con mayúsculas para integrarse en la sociedad del espectáculo, a sabiendas de que es ésta en la que hay que influir, y no en una extinta o idealizada. Y también imágenes, como ésta con la que encabezamos, que en Facebook suscita comentarios como: “Pablo, ¡¡dónde has estado todos estos años!!”. O bien: “Pablo mira de frente y a los ojos, no esquiva la mirada, eso dice mucho de la persona,” a lo que alguien responde con fervor: “Sí… Alexis igual.”

Y es que había hambre de “líderes carismáticos”. Al margen de que, en, en vista del panorama político, comparativamente hasta una patata aparecería revestida de tal cualidad, los hechos demuestran que mucha gente quiere una “marca” reconocible, una cara visible en la que confiar, puesto que parece que es difícil hacerlo en una colectividad sin nombres propios. Alguien que milita en un movimento social confía en el modelo de organización y de toma de decisiones, anónimamente; mientras que sólo participa a través del voto necesita la garantía de un tipo o una tipa que da la cara.

Así, en una conjunción que por lo demás les era favorable, tanto Syriza como Podemos han logrado acceder al imaginario social. Han ofreciendo a los votantes la posibilidad de que su ideología cristalice en algo mundano, tangible. ¿Y a qué votantes? Los que han “recuperado la ilusión” y disfrutan de la novedad de ser de izquierdas y poder creer en el próximo advenimiento de la izquierda. Y está el efecto llamada: aquellos a los que el partido no convence al 100% pero que, una vez superada una determinada masa crítica, al ver que tiene posibilidades votan para ver qué pasa.

Había hambre de “líderes carismáticos”. Mucha gente quiere una cara visible en la que confiar

Para ello la asertividad es crucial en la estrategia de comunicación del partido. Izquierda Unida, por ejemplo, tiene un discurso modesto: si proclamaran en campaña que van a ganar las elecciones, causarían más bien estupor. Syriza, en cambio, no cesa de recalcar que inminentemente será el próximo gobierno, con eslóganes como “el 25 [de mayo] votamos, el 26 [el actual gobierno y la Troika] se van”). Esta repetición efectivamente acaba haciendo mella en el escepticismo de los votantes, y, si finalmente la revolución se aplaza, es que no les han votado lo suficiente o con la suficiente convicción (le recriminan los militantes al pueblo).

Pero al margen de que tanto Syriza como Podemos han sido la fuerza política que estaba en el momento y en el lugar adecuados debido a la coyuntura de la crisis (sin la cual conservadores y socialistas hubieran continuado su turnismo democrático ad infinitum), entre las dos formaciones hay más diferencias que semejanzas.

En el plano comunicativo, Podemos ha seguido y sigue una estrategia estudiada, que los ha aupado en pocos meses a practicamente igualar a IU, a la que superarán sin duda a la próxima oportunidad. Syriza, en cambio, a pesar de sus declaraciones altisonantes, se ve obligada a improvisar en multitud de cuestiones en las que queda en evidencia la heterogeneidad interna (por no decir desunión).

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Acerca del autor

Clara Palma Hermann
Periodista (Berlín, 1990). Tras licenciarse en Periodismo por la Universidad de Sevilla vive a caballo entre España...

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