El trabajo sucio de la «fortaleza Europa»

 
Una bandera griega ondea sobre concertinas | © Clara Palma

Una bandera griega ondea sobre concertinas | © Clara Palma

Atenas | Septiembre 2014

La noticia sorprendió desde el primer momento: un exministro de Defensa, el griego Dimitris Avramopoulos, elegido para ocupar la nueva cartera de Inmigración en la Comisión Europea (CE). ¿Quién es? Avramopoulos, representante de Grecia en la CE, tiene un perfil discreto pero constituye una pieza clave en Nueva Democracia, la formación conservadora liderada por el primer ministro Andonis Samarás. No parece casual que el nombramiento recaiga sobre el enviado de la coalición que gobierna en Grecia –Nueva Democracia y los socialdemócratas del Pasok–: el país al que representa, principal puerta de entrada a Europa de inmigrantes y refugiados, lleva años encargándose de parte del “trabajo sucio” de mantener selladas las fronteras mientras reclama que el resto de estados “compartan su carga”.

El Gobierno griego ha interpretado el nombramiento como un espaldarazo a su gestión y reivindicaciones. “La necesidad de hacer frente a la inmigración ilegal siempre estuvo entre las prioridades del Ejecutivo”, ha señalado el primer ministro. Entretanto, la portavoz del Gobierno, Sofía Vultepsi, relaciona la designación de Avrampoulos con el hecho de que el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, se había referido al nuevo puesto como una forma de dar prioridad a una nueva política que “se enfrente con decisión al problema de la inmigración ilegal”.

La última legislatura de Nueva Democracia se ha caracterizado por una gestión controvertida del fenómeno migratorio, tanto en el terreno legislativo como en la prevención de las entradas irregulares. Sus políticas le han costado numerosas acusaciones por parte de ONG y oposición.

La última legislatura de Nueva Democracia se ha caracterizado por una gestión controvertida del fenómeno migratorio

Tras asumir el Ejecutivo en 2012, la coalición de Nueva Democracia y Pasok se vio forzada a modernizar la caótica y obsoleta legislación migratoria. Limitado por la exigua mayoría parlamentaria, el partido conservador batalló por cada posible restricción. En marzo, finalmente, se aprobaba un código de inmigración destinado a unificar 20 leyes, 6 decretos y 46 regulaciones y cuya principal novedad era un nuevo permiso de residencia que autoriza a viajar y trabajar en la UE. No obstante, la polémica se inició con una provisión para deportar de inmediato a los extranjeros que acusen falsamente de crímenes racistas a las instituciones del Estado, como la Policía. Tras la indignación generalizada y un comentario del comisario para los derechos humanos del Consejo de Europa, Nils Muižnieks, la propuesta tuvo que ser retirada.

Un limbo legal

Poco antes, el Consejo del Estado falló en contra de que los extranjeros nacidos o educados en Grecia puedan obtener la nacionalidad o participar en las elecciones. En lugar de modificar la ley para que los inmigrantes de segunda y tercera generación opten de inmediato a la nacionalidad, como defendía Syriza, Nueva Democracia optó por una solución de compromiso: los jóvenes deben esperar hasta los 18 años para solicitarla, permaneciendo mientras tanto en un limbo legal. Más de 100.000 solicitudes están pendientes de revisión.

Los puntos de vista más extremos de Nueva Democracia se han manifestado en el discurso mediático, convirtiendo a los inmigrantes en chivo expiatorio de una sociedad en crisis. En época electoral sus promesas de mano dura y los mensajes alarmistas se multiplicaron.

Nueva Democracia rivaliza con Amanecer Dorado por captar a los votantes más xenófobos

El partido rivaliza con Amanecer Dorado por captar a los votantes más xenófobos. “Nuestras ciudades han sido ocupadas por inmigrantes ilegales; tenemos que recuperarlas”, afirmó Samarás en la campaña de 2012, calificando a los invasores de “tiranos de la sociedad griega”. En las últimas elecciones locales, el candidato de Nueva Democracia a la alcaldía de Atenas y exministro de Educación se opuso a la construcción de una mezquita –se trata de la única capital europea en la que no son legales– para evitar “la aparición de campamentos tercermundistas bajo la roca sagrada de la Acrópolis”.

Nikos Dendias, el anterior ministro de Orden Público, es otro asiduo de la retórica más alarmista. “Los inmigrantes ilegales son la mayor amenaza para la democracia y la seguridad de los ciudadanos”. La “mayor invasión desde tiempos de los dorios” constituye para el político un problema, “quizá incluso mayor que el financiero”.

Pero las declaraciones más agresivas proceden del ala dura de Nueva Democracia, formada en gran parte por exmiembros de partidos ultranacionalistas como LAOS.

Poco antes de convertirse en ministro de Sanidad, Adonis Georgiadis hablaba sin tapujos del propósito de las actuaciones policiales: “Hacerles la vida lo más difícil que podamos [a los inmigrantes]” para que entiendan que “no son bienvenidos”. Unas palabras que repetiría casi textualmente el máximo responsable de la policía griega en la filtración de las instrucciones a sus subordinados.

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Acerca del autor

Clara Palma Hermann
Periodista (Berlín, 1990). Tras licenciarse en Periodismo por la Universidad de Sevilla vive a caballo entre España...

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