Fragmentos

 

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Hechos polvo… Así se encuentra la redacción de Charlie Hebdo después del odioso crimen. Diezmados con kalashnikov, todos han muerto con entereza. Sin embargo, nosotros, los supervivientes, deberemos durante mucho tiempo aún recoger los fragmentos y ver qué podemos hacer con ellos. Fragmentos de memoria, para que cada uno reconstituya la escena que no ha visto, que jamás quisiera haber visto y que nunca más abandonará nuestra memoria individual y colectiva. No, nadie puede ni quiere olvidar. ¿Cómo echar atrás la ausencia? ¿Cómo echar atrás esa espada de Damocles que lleva tanto tiempo colgada sobre nuestras cabezas, que ha caído ahora, y que sigue colgada? Ellos han muerto, pero nosotros vivimos, y tardaremos mucho, muchísimo rato en recoger los fragmentos.

¿Quién estaba sentado dónde? ¿quién habría sobrevivido si…? ¿Cuáles eran las últimas palabras, dichas al azar, y no como adiós, porque ellos no pensaban decirnos adiós? Las cuestiones más trágicas tardan mucho en encontrar respuesta. La primera cuestión, hecha desde la misma mañana del miércoles 7 de enero, es: ¿quién ha muerto y quién ha sobrevivido?

“Charb, deja de gritar Allah Akbar, que el día que lleguen para despacharte, no vamos a saber si es broma o no”

La mayoría de nosotros no lo supo hasta por la noche. Pasamos horas paralizados por esa terrible cifra de doce muertos en el televisor, y los nombres caían uno tras otro, con el paso de las horas. Los nombres de los supervivientes también. Nadie sabía que se podía estar a la vez devastado por haber perdido a unos y eufórico por tener aún a los otros. Nosotros, los supervivientes, sabemos hasta qué punto la vida nos ha mimado por habernos dejado vivir, pero irremediablemente hemos perdido la confianza en ella.

Allah Akbar

Los asesinos lo gritaron dos veces antes de ejecutar al equipo: “Dios es el más grande”. Pues no, imbéciles, si existiera, te puedes imaginar que no habría permitido que tu estupidez insondable asesinara la brillante inteligencia de Wolinski, Cabu, Honoré, Charb, Tignous, Bernard Maris, Elsa Cayat y Mustapha Ourrad. “Allah Akbar” era el grito de guerra de Charb, su saludo en los mails y los sms: ¡Allah Akbar! ¿crees que puedes entregar tu texto de aquí a mañana? Un día, en la redacción tuvimos esa discusión, para reírnos: “Charb, deja de gritar eso, que el día que lleguen para despacharte, no vamos a saber si es broma o no”. Llegaron. Nosotros, en Charlie, sabíamos que el humor es una cosa muy seria.

El dolor será largo, se renovará, se estirará en el tiempo… Pero tardaremos mucho, muchísimo, para descubrir y redescubrir los tesoros escondidos e insospechados de vuestra herencia. Mientras esperamos, vosotros nos dejáis los aplausos, aunque habéis vivido despreciados, habéis muerto mal amados, para que a nosotros por fin nos comprendan. Gracias a vosotros ¡tendremos incluso un año de franqueo gratuito en Correos! Todo el mundo nos quiere ayudar, leernos, suscribirse, invitarnos a un café, una copa, un billete… Nos estáis malcriando después de haber muerto, pero ahora lo sabemos, lo tememos: cuando vuelvan las penurias, volverán sin vosotros.

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Acerca del autor

Zineb El Rhazoui
Periodista marroquí. Durante varios años trabajaba para Le Journal, una de las revistas más...

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