Siete mujeres para un 8 de Marzo

 

Bagdad, 8 de marzo de 1433

Manifestación de mujeres en Bagdad (2012)  ©  Karlos Zurutuza

Manifestación de mujeres en Bagdad (2012) © Karlos Zurutuza

Karlos Zurutuza | Bagdad

Los rumores no se confirmaron hasta aquella misma mañana. Contra todo pronóstico, se había dado permiso a un grupo de mujeres para celebrar el Día de la Mujer. Fue hace exactamente tres años, en 1433 según el calendario musulmán. El lugar elegido sería el puente de Kadimiya, al norte de Bagdad; el dispositivo de seguridad, el esperado ante cualquier evento que incluya una multitud en la capital iraquí: tráfico cortado, checkpoints en ambas orillas del puente y acceso restringido únicamente a los informadores tras un riguroso cacheo.

Apenas llegaban al medio centenar pero las rodeaba un cordón de seguridad que las doblaba en número, y que incluía vehículos blindados artillados. Todas cubrían su cabello para evitar los insultos de los soldados, o incluso los escupitajos. Envueltas en telas de tres colores, media docena de ellas formaban una bandera iraquí. Por supuesto, no faltaba el “Dios es el más grande” en el centro: verde sobre fondo blanco. Se trataba de protestar, no de provocar.

Todas cubrían su cabello para evitar los insultos de los soldados, o incluso los escupitajos

Cantaron y bailaron, siempre dentro de los marcos del decoro, y corearon eslóganes por sus derechos sin poner en entredicho ni la labor del Gobierno ni la de la ortodoxia chií.

El final del acto estaba previsto a orillas del Tigris. Se les permitió bajar, de una en una, por una escalera metálica que se descolgaba del puente. Un cordón de seguridad en el cauce del río vigilaba que no hubiera salidas de guión.

Encendieron velas sobre pequeños platos de plástico que lanzaron al río. Inmediatamente después, una motora del Ejército hizo un quiebro provocando una ola que se tragó las ofrendas.

“En los 50 las iraquíes éramos un referente para todas las mujeres de Oriente Medio”, me explicaba después Hanna Edwar, la activista por los derechos de la mujer más conocida de Iraq. “Hoy no paran de recordarnos que vivimos en 1433”.

La paladina contra los curas pederastas

Karlijn Demasure (2015) |  © Darío Menor

Karlijn Demasure (2015) | © Darío Menor

Darío Menor | Roma

Pocos problemas le han provocado un rejonazo tan grande a la Iglesia católica como los abusos sexuales a menores cometidos por religiosos y sacerdotes. Hace unos 20 años, cuando la pederastia se negaba y escondía, una profesora de un instituto belga, Karlijn Demasure, quedaba impresionada después de que una de sus alumnas le confesara que su padre había cometido actos deshonestos con ella. La reflexión abierta en el centro educativo provocó que otras chicas contaran historias similares.

Ante el desconocimiento sobre cómo afrontar este problema, Demasure decidió ponerse a estudiar: volvió a la universidad para realizar una tesis doctoral dedicada a los abusos. Su investigación estaba centrada en la pederastia en las familias, pero tocaba de manera tangencial los casos cometidos dentro de la Iglesia. Madre y católica practicante, decidió dedicar luego un libro a los abusos cometidos por eclesiásticos, haciendo propuestas pastorales para responder a ellos.

Madre y católica practicante, dedicó un libro a los abusos cometidos por eclesiásticos

Convertida en una de las mayores expertas en este campo, la “tolerancia cero” puesta en marcha primero por Benedicto XVI y más tarde por Francisco ha acabado trayéndola a Roma, donde dirige el Centro para la Protección del Niño (CPN), un organismo impulsado por el Vaticano para luchar contra los abusos a menores. Decana de la facultad de ciencias sociales y filosofía en la universidad Saint Paul de Ottawa (Canadá) hasta su nombramiento por la Santa Sede, Demasure, de 60 años, asegura que su fe no se ha visto sacudida por todo lo visto hasta ahora.

“El catolicismo se preocupa por los más débiles y los más débiles son las víctimas”, cuenta en la oficina del CPN recién estrenada de Roma, pues antes la sede se encontraba en Múnich. El principal cometido de Demasure es ahora ultimar el curso por internet para sacerdotes y laicos comprometidos por la Iglesia para aprender cómo establecer protocolos para evitar la pederastia y saber cómo responder cuando se produce un caso. “Más de 1.000 religiosos y curas han seguido ya el curso en sus primeras ediciones. Ahora estamos actualizándolo para que no sea tan académico y resulte más práctico y accesible. La nueva versión empezará en junio”.

 

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