Luttwak, Fallaci y el ISIL

 

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Es muy fácil decir ISIL, pero de “califatos” feroces e insensatos está llena la historia de la humanidad. “Califatos” también en Occidente, convendría decir. ¿Hubo algo más “occidental” que el nazismo en el siglo pasado? ¿O que el exterminio de los aztecas y de los mayas en América central, con firma española, portuguesa y de la Compañía de Jesús? ¿Hubo algo más “occidental” que el exterminio de los indios en América como el precio a pagar para el nacimiento de una nación? ¿Y acaso el primer y hasta ahora único bombardeo atómico de la historia, sobre Hiroshima y Nagasaki, no fue desencadenado por manos occidentales en su más amplio sentido?

Las carnicerías y limpiezas étnicas en los países africanos para truncar el espejismo de una independencia panafricana ya desde su nacimiento, ¿no se llevaron a cabo acaso con armas belgas, francesas, inglesas o alemanas? Y así podríamos seguir hasta el infinito, pero no llegaríamos a ninguna parte.

Cuando los tiempos se vuelven oscuros, se ve menos; aumenta la ceguera de quien debería entender

Porque, en sentido contrario, se podría hacer una larga lista de gulags soviéticos, remontarnos a la época de los hunos, a los mongoles y a las barbaries de algunas dinastías chinas que se movían en dirección geográfica opuesta.

Lo que queremos decir es que siempre son tiempos oscuros en época de llamada a las armas, de reclutamiento forzoso, de proclamas bélicas contra un invasor que ya ha atravesado las puertas, de terapias marciales, de presuntas superioridades raciales, de invitaciones a la defensa de “nuestros” valores religiosos por encima de los de los demás, de eliminación de la diversidad que forma el mosaico del planeta Tierra tal y como se ha venido configurando durante milenios. Es precisamente para la conservación de ese mosaico para lo que todos deberíamos trabajar, no para su eliminación.

Porque, cuando los tiempos se vuelven oscuros, ya se sabe, se ve menos. Aumenta la ceguera de quien tendría la obligación de entender, distinguir, razonar. Y actuar en consecuencia.

Si fuera tan simple, Occidente podrían construir algo parecido a la Gran Muralla China

Los rascacielos de Miami se construyeron con cemento armado y sus ventanas tienen cristales con una docena de centímetros de espesor porque esa arquitectura fue precisamente diseñada ante el riesgo de los huracanes, siempre al acecho en la costa del Océano Atlántico. El hombre ha construido rompeolas para mantener lejos la fuerza bruta de la naturaleza que puede manifestarse en cualquier momento. Pero está claro que no podemos considerar los comportamientos de otros pueblos, de otras etnias, de otros países, como si fueran un huracán o un terremoto de los que defendernos con masas de cemento armado o cierres blindados resistentes.

Y en cambio, ¿no se parecen acaso a la “arquitectura de Miami” (por poner un ejemplo) las políticas de gobiernos europeos que recientemente se han visto tentados de erigir muros y alambradas para defender sus propias fronteras, convencidos de que esta es la única barrera contra los flujos migratorios procedentes del Este? Si fuera tan simple como eso, Occidente y los defensores de su superioridad podrían construir algo parecido a la Gran Muralla China, delimitando de una vez por todas las fronteras de Europa, construyendo un invernadero gigantesco donde cultivar los gigantescos valores de la “civilización” y el “cristianismo”. Y no habría nada más que hablar.

Cuando los tiempos se vuelven oscuros no se ve más allá de las propias narices y cuanto más imbécil se es, más se arma uno de valor viendo al enemigo a cada paso, alzando la voz contra el “fantasma” que está dentro de nosotros mismos y confundiéndolo con el “extraño” que porta amenazas y peligros.

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Acerca del autor

Saverio Lodato
Periodista (Reggio Emilia, 1951). Vive en Palermo, como reportero y ensayista especializado en temas de la...

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