Entre el libro verde y la bandera negra

 
Colegio ibadí en Nalut, Libia (2015) | © Karlos Zurutuza

Colegio ibadí en Nalut, Libia (2015) | © Karlos Zurutuza

Nalut (Libia) | Noviembre 2015

Docenas de zapatos y zapatillas de niño se amontonan a la entrada de la escuela islámica de Jadu, en las montañas de Nafusa. Sus voces recitando el Corán en melódica letanía se pueden escuchar a través de la puerta entreabierta, e incluso desde la pequeña mezquita, a escasos 20 metros de allí.

Puede tratarse de una imagen recurrente en cualquier país musulmán, pero en Libia es prácticamente una novedad. No en vano, la escuela Jeque Alí Ganuni es ibadí, y debe su nombre a uno más de los imanes ejecutados por el depuesto líder libio.

“Gadafi nos odiaba porque los ibadíes nunca reconocimos su autoridad”, explica Ramadan Azuza, principal responsable de asuntos religiosos de Jadu, durante un receso entre clases. Aparentemente, el desafío a la autoridad de los ibadíes va mucho más allá del ámbito político:

“Los ibadíes escogemos a nuestros líderes en asambleas según sus aptitudes, no por su procedencia”

“Para los suníes el liderazgo religioso debe venir de la tribu de los Qureish en la Meca, mientras que los chiíes reivindican la descendencia de Alí. Sin embargo, los ibadíes escogemos a nuestros propios líderes en asambleas según sus aptitudes, y no por su etnia o procedencia”, apunta este hombre de 50 años que presume de pertenecer a la rama “más moderada y democrática” del islam.

Pero nunca ha sido fácil para ellos en el Magreb. Al estigma que supone no ser seguidor del sunismo maliki, el predominante en Libia, se le suma el de no ser árabe.

“Si bien hay amazigh que no son ibadíes, todos los ibadíes somos amazigh; no hay árabes entre nosotros”, acota Azuza.

Este pueblo, también llamado “bereber” (un término que muchos de ellos consideran despectivo), se extiende desde la costa de Marruecos hasta la orilla occidental del Nilo, en Egipto. En Libia su número se estima en torno a los 600.000 (el 10% de la población). La llegada de los árabes a la región en el siglo VII dio inicio un inexorable proceso de arabización que se aceleró durante el mandato de Gadafi.

Azuza explica que en Libia trabajan de forma conjunta con el Congreso Supremo Amazigh, una organización “paraguas” para 10 de las localidades donde este pueblo es mayoritario. Entre sus cometidos, dice, está la revisión de los libros de texto que se usan en las escuelas.

“Encontramos el salafismo en los libros de historia y geografía, y hasta en los de matemáticas”

“Pedimos a los maestros de escuela que estén vigilantes porque encontramos el salafismo en los libros de historia y geografía, y hasta en los de matemáticas”, asegura Azuza, quien no duda en apuntar “a países como Arabia Saudí” como principales responsables del auge del islamismo radical.

“Muchos se empeñan en cerrar los ojos pero puede que nos enfrentemos a una amenaza incluso mayor que la de Gadafi”, alerta el responsable religioso. E insiste en que no exagera.

Mitos y realidades

Los ibadíes apenas constituyen un 1% de la población mundial musulmana y sólo son mayoría en el sultanato de Omán. Esto, unido al hecho de ser una variable ajena a la dicotomía entre suníes y chiíes (su origen precede a la división de ambas corrientes) hace que sea un capítulo del islam apenas estudiado

Además de en Libia, también tienen presencia en valle del Mzab en Argelia, la isla de Yerba en Túnez y en la costa swahili, justo debajo del Cuerno de África. Fue allí donde Valerie Hoffman, profesora de estudios islámicos en la Universidad de Illinois y una de las voces más autorizadas en el ibadismo, tuvo su primer contacto con esta doctrina.

“En 1998, un colega me pidió que hiciera un inventario de manuscritos islámicos en Zanzíbar. Yo ya era catedrática de estudios islámicos y daba clases en la universidad pero, durante aquella estancia, descubrí nombres de eruditos islámicos notables de los que no había oído hablar hasta entonces”, explica Hoffman en conversación telefónica.

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Acerca del autor

Karlos Zurutuza
Periodista (Donostia, 1971). Ha trabajado en Iraq, Irán, Afganistán, Kurdistán, Siria, Pakistán y Libia, entre otros...

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