Voces de Sefarad

Alberto Mesirca

 

Una deliciosa arqueología sonora

Alberto Mesirca | © Giulio Favotto / Cedida

Alberto Mesirca | ©  Cedida

Intérprete exquisito, maestro precoz, Alberto Mesirca ha publicado recientemente el disco Voces de Sefarad, donde ahonda en la tradición de la diáspora hebraica.

“Siempre me ha fascinado el repertorio musical hebreo, porque es uno de los corpus sonoros más antiguos que han llegado a nuestros días. Normalmente, el repertorio que se conoce está conectado con la tradición asquenazí, procedente de Polonia, Rusia, Ucrania… El repertorio sefardí no es menos fascinante, está muy ligado a la música dedicada al espectro guitarrístico, justamente porque procede del territorio hispano”, comenta.

“Es inevitable que los grandes compositores, como Albéniz –él mismo de origen judío–, Falla o Rodrigo –que armonizó cuatro canciones sefardíes– fueran influenciados por esta maravillosa música. Para los guitarristas y los vihuelistas, el repertorio sefardí es de una fundamental importancia histórica, mientras que Alonso Mudarra, gran vihuelista renacentista, ha escrito la primera canción de texto religioso en lengua vernácula: Triste estaba el rey David, la misma que abre el disco”, agrega el músico.

El álbum ha sido realizado en colaboración con la gran cantante barroca Romina Basso y un ensemble turco de grandes músicos expertos en música otomana. “El motivo de la elección del grupo turco se debe al hecho de que cuando, en el 1495, los judíos fueron expulsados de España, tuvieron que emigrar y encontraron un hábitat idóneo, y sobre todo nada hostil, en Constantinopla, donde mezclaron su tradición de cantos con las melodías turcas. El rito del maftirim es el ejemplo más evidente, que emplea incluso melodías sufíes sobre textos hebreos”.

En este proyecto, para Mesirca lo más complejo “ha sido seguramente realizar una búsqueda que no cayese en la banalidad ni que permaneciera en la superficie”. “Pero para ello he estado rodeado de grandes expertos en la elección del repertorio que íbamos a grabar: en primer lugar, Aron Saltiel, que me aconsejó las maravillosas melodías del Rey de muncho madruga (un romance hispánico que sobrevivió gracias a la voluntad de preservar la memoria de parte de la comunidad que vivía en el Norte de África, Marruecos y Argelia), el Romance del Conde Niño y la espléndida Nani Nani, una nana cuya melodía ha sido hallada gracias a una grabación de una señora anciana que vivía en Esmirna.

La música reunida ha llegado fundamentalmente por transmisión oral, de modo que las piezas son cantadas: quedan los textos (sorprendentemente muy similares en las diversas comunidades, en Turquía, en los Balcanes o en el norte de África), y las melodías y ritmos empleados, sobre todo tomados en préstamo de melodías preexistentes en sus respectivas comunidades.

El trabajo de orquestación para los diversos instrumentos y los arreglos han requerido un cierto esfuerzo, pero la fascinación que nos producía lo compensaba. Los músicos turcos han usado instrumentos tradicionales (kemence, kanun, percusiones, ney, baglama) y para crear un hilo ininterrumpido entre los temas les he pedido crear pequeñas improvisaciones (taksim) sobres escalas o modos (makam) empleados en las distintas canciones”.

[Alejandro Luque]

 

Una muestra del disco Voces de Sefarad, con Romina Basso:

 

Además, el artista ha cedido a M’Sur tres ejemplos de su interpretación de la música renacentista italiana, tomados del disco Ricercare (2013), que versa sobre las composiciones de Francesco da Milano (1497-1543).

 

 

 

 
 

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