Las tesis de Ayaan

 

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Reformemos el islam

Género: Ensayo
Editorial: Galaxia Gutenberg
Páginas: 286
ISBN: 978-84-1625-274-9
Precio: 19,90 €
Año: 2015
Idioma original: inglés
Título original: Heretic. Why islam needs a reformation now
Traducción: Iván Montes, Irene Oliva, Gabriel Dols

Los refugiados somalíes en Holanda tiran la basura al suelo, y los holandeses mantienen la acera limpia. Por consiguiente, islam y cristianismo son esencialmente diferentes.

En esta caricatura se podría resumir el libro de Ayaan Hirsi Ali, si le echamos suficiente mala voluntad al asunto (más o menos la mala voluntad que inspiró a Oriana Fallaci en su última obra y que inspira hoy a millones de europeos afiliados a la ultraderecha en Europa). Afortunadamente, la reflexión de la basura es únicamente un párrafo desafortunado dentro de un libro no solo muy valiente, sino, también, valioso.

Cuando una deja claro que lo del Corán eterno e inmutable es un montaje se convierte en apóstata

Dejemos claro esto de entrada: es un libro muy valiente. Afirmar que el islam no solo no es la mejor de las religiones (ni la única verdadera) sino que da cobertura a una serie interminable de crímenes, puede ser un acto gratuito de “y tú más” si lo hace un europeo con firmes credenciales cristianas, pero es un acto heroico cuando viene de parte de alguien que nació como musulmán: lo considerarán traidor. Pero cuando una, además, deja claro que lo del Corán eterno e inmutable es un montaje (casi nadie lo dice, ni en las universidades europeas, siendo obvio) y hay que tratar este libro como lo que es, una fabricación de mil piezas diversas elevada al rango de divinidad, entonces se convierte en apóstata, además de traidora.

“Mahoma y el Corán” sea probablemente el capítulo más valioso del libro, porque exige sentar unas bases de debate racional, que ni siquiera Adonis quiso o supo sentar en su reciente opúsculo (escrito de forma mucho más azarosa que la bien estructurada obra de Ayaan): lo que creemos saber del nacimiento del islam y la composición de su texto sagrado no es más que una leyenda dorada y para entenderlo debemos asumir este hecho histórico.

La secta que intentó comerle el coco cuando era una cría le ha comido el coco a medio mundo

Para llegar hasta ahí, Ayaan Hirsi Ali (Mogadiscio, 1969) no lo ha tenido fácil: nacida en Somalia se crió en Arabia Saudí, y luego en Kenia, donde se afilió, adolescente, a una secta islamista. Aprovechó un viaje a Alemania para huir de un matrimonio concertado, pidió asilo en Holanda y fue dejando las creencias en el cajón, desde donde pasaron algún día al cubo de la basura mental.

Pero diez años más tarde —en 2011— se dio cuenta de una cosa: que aquella secta islamista que intentó comerle el coco cuando era una cría le ha comido el coco ya a medio mundo y se ha convertido en el islam oficial. Sobre todo en Holanda, y en Estados Unidos, donde ya no se puede opinar sobre el islam en una universidad sin que te salga un qatarí, un kuwaití o una egipcia para corregirte. Y cuando empieza a haber atentados suicidas a granel, y los jeques de Azhar y cualquier otra mezquita que se precia condenan la violencia pero nunca la ideología que la inspira (como si solo les diera rabia la competencia), la conclusión es obvia: así no hay quien viva.

Parece que para la autora, “el islam”, el único, el verdadero, es el “de Medina”, el violento

Hay que reformar el islam, propone Ayaan Hirsi Ali. Para llegar a este diagnóstico, divide el total de los musulmanes en tres partes: los de toda la vida, que viven la religión como algo espiritual, sin meterse en la vida del vecino, los fanáticos, que intentan imponer sus normas a todos, y los reformistas. A los primeros los llamaremos —sugiere— “los de La Meca” y a los segundos “los de Medina”; (los terceros son, esencialmente, ella misma). Algo no del todo coherente, si luego se nos revela que, en realidad, toda la leyenda de la creación del Corán, con prédica espiritual en la primera fase (La Meca) y ánimo legislador en la segunda (Medina) es un invento.

A partir de ahí empiezan a fallar más elementos. La necesidad de reforma se basa en que el islam, tal y como está ahora, justifica la violencia. A partir de la segunda mitad del libro, una retahíla de episodios terroríficos va subrayándolo: atentados suicidas, Estado Islámico, persecución de apóstatas y homosexuales en Arabia Saudí, Sudán, la Iraq destruida por las milicias ultrafundamentalistas o los fanáticos guetos de inmigrantes en Inglaterra o Estados Unidos… Sí, siempre los mismos. Parece que para la autora, “el islam”, el único, el verdadero, es el “de Medina”. El violento. El otro no cuenta. No se le ve. No existe.

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Acerca del autor

Ilya U. Topper

@ilyatopper

Periodista (Almería, 1972). Vive en Estambul, donde trabaja para la Agencia Efe.
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