«Europa es un hogar para muchos fascistas»

Dubravka Ugresic

 

Hay varios libros suyos que no están traducidos en España.

Es una pena que estos dos libros míos, Karaoke Culture and Europe in sepia, no se hayan traducido. Sé que son ensayos, pero últimamente, el ensayo es un género que editores y lectores aprecian bastante. Y yo aprecio a los lectores. Luego estoy un poco triste de que mi novela, que es bastante ambiciosa, Baba Yaga puso un huevo, no esté traducido al español. Estoy algo orgullosa de cómo traté este tema difícil y extremamente rico.

¿Qué está escribiendo ahora?

Estoy a punto de terminar una novela, bueno, yo lo llamo novela, aunque los críticos probablemente no estén de acuerdo. Los lectores igual tampoco, porque se les ha enseñado a reconocer qué es una novela y qué no. Es una novela con cierta manera musical, con muchas cosas que me importan. Está el tema de relación entre literatura y vida, la fabricación de la historia y la publicación de la biografía, qué es real, qué es fabricado. Todo eso con el arte de narrar. Parte de esa novela ya se publicó en un ejemplar de Music and Literature, una revista estadounidense.

«En Holanda siento culpa cultural. Es un país bonito, pero vivo allí como si estuviera en el aeropuerto»

¿Puede imaginarse volviendo a Croacia?

Sí, puedo, tanto por la edad, como porque tengo familia allí, un sobrino , una sobrina… Me gusta pensar que me necesitan, aunque en realidad desde luego no me necesitan.

¿Cómo es su vida normal en Amsterdam? ¿Tiene ambiente literario allí?

No. Llevo una vida extraña, muy desconectada. No enseño, no tengo trabajo, ni un grupo al que vincularme, no tengo nada. Estoy flotando en una especie de limbo. Sí, tengo un par de amistades.

¿Se siente cómoda en este limbo?

No, no me siento cómoda, pero es mi estilo de vida, porque viajo mucho. A menudo estoy rato fuera de Holanda. He dado clases en Estados Unidos y otros sitios. Con este estilo de vida nómada es difícil integrarse del todo.

Integrarse no es una obligación ¿verdad?

No, pero siento una especie de culpa cultural. Es un país bonito, pero vivo allí como si estuviera en el aeropuerto. Siento esta culpa, como la sentiría cualquiera. Hay más comunidades que tampoco están integradas, y que viven una vida paralela: la comunidad tradicional marroquí, la turca… que tienen su mezquita allí, y viven su pequeña vida alrededor de esta mezquita, el supermercado y la guardería de los niños, y eso es todo.

¿Puede entender qué pasa con esas comunidades en Europa, cómo se explica esa frustración o ese odio que les lleva a integrarse en el Daesh?

Pienso que ambas comunidades, con sus banderas, no tienen simpatía por mí. Miles de turcos y marroquíes, musulmanes, un día determinado, cuando se para todo el tráfico en Amsterdam, cuando la gente en el coche toca la bocina y ondea banderas verdes y se precipita hacia la mezquita central… A mí no me gusta ver eso. Como tampoco me gusta ver a los holandeses con sus banderas durante un equipo de fútbol. No votaría por ninguno de los dos.

¿Y qué falta por hacer?

Creo que lo que nos falta, pese a a los esfuerzos de colocar a la gente en alguna parte, si ves la televisión holandesa ves a representantes de todo tipo de racistas y colores, es como en la antigua Yugoslavia. Los mismos principios de propaganda. Y pese a la voluntad y la tolerancia, creo que no hay un diálogo de verdad. Se les llama “invitados”, porque pertenecen a un grupo distinto religiosos, de clase, racial, lo que sea, y ellos insisten muchísimo en sus tradiciones como “su cultura”. Todo musulmán te dirá “Esta es nuestra cultura y no la abandonaremos”. De hecho, es una cultura masculina. Porque no veo a mujeres que van a la mezquita. Tal vez vayan a las cinco de la madrugada. Son hombres reivindicando su cultura.

«Si Europa quiere seguir ese camino, seremos un puñado de tribus, con sus banderas, sus identidades…»

El gobierno catalán ha pedido “luchar contra el dragón de la lengua española”. En la ex Yugoslavia se usó la lengua como motivo de división. ¿Podría ocurrir algo parecido a una balcanización en el resto de Europa, o es exagerar demasiado?

Podría pasar en cualquier lugar de Europa. Porque a la gente le gustan esos discursos, porque sacan su beneficio. Bueno, piensan que sacan beneficio, pero en realidad es barbarización, empobrecimiento y humillación de los otros. Si Europa quiere seguir ese camino, seremos un puñado de tribus, con sus banderas, sus identidades, sus hábitos, mataremos a gente viva, la mataremos muerta, la cocinaremos, la asaremos, y esas cosas. ¿Por qué no? Si la gente realmente piensa que eso es el futuro de Europa… Vivimos en sociedades democráticas, y la gente no debe olvidar que vota, de hecho, a favor de esto. Es su elección. Todos lo olvidamos. Podemos decir en Croacia lo que queramos, pero en las elecciones ganó el partido de derechas, semifascista, porque la gente votó por este partido. Y si los estadounidenses eligen a Donald Trump, esta será su voluntad. Eso se olvida. Es la belleza y el horror de la democracia.

Pero un norteamericano podría decir –estoy de broma, claro– que ellos fueron quienes pusieron fin a la guerra de los Balcanes…

Ah, por los acuerdos de Dayton. ¿Qué puedo responder a eso? Nada. Mejor nada.

 

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Acerca del autor

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.
Tras trabajar en la...

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