El frágil refugio de los gays iraníes

 

Naima es una de los aproximadamente 1.900 personas que el ACNUR tiene registrado en Turquía con la inclinación sexual como motivo de su solicitud de asilo. Pero el volumen real refugiados homosexuales podría ser bastante más alta. “Ni siquiera las organizaciones LGBTI tienen cifras exactas. Creemos que son muchos más. Conocemos casos de refugiados que no han querido registrarse en el ACNUR como gay o lesbiana por miedo a que sus familias lo sepan y les rechacen”, asevera Naima en una conversacion por Skype. “El problema es que al no registrarse como refugiado LGBTI, el ACNUR te puede enviar a una ciudad conservadora donde vives constantemente con miedo a que te ataquen por tu condición sexual”, añade.

“ACNUR ha enviado a transexuales a ciudades muy conservadoras, donde se sienten inseguros”

“Aún mostrando abiertamente tu condición sexual se han dado casos en los que el ACNUR ha enviado a transexuales a ciudades muy conservadoras, donde se sienten muy inseguros y les es imposible incluso encontrar piso”, asegura Owen Harris, representante de HumanWire, una organización que abrió en 2017 un refugio en Estambul para solicitantes de asilo LGBTI. Para mantener la seguridad de estas personas, la localización del edificio solo la conocen los voluntarios de HumanWire que dan cursos a los refugiados.

“Ahora albergamos a quince refugiados, la mayoría son iraníes y sirios”, explica Harris. “Aquí tienen un hogar durante tres meses. En este período intentamos cubrir sus necesidades médicas, les damos clases de inglés y turco y también buscamos patrocinadores a través de campañas de crowdfunding para que tengan un poco de dinero cuando salgan del refugio”. No solo trabaja en Estambul: “También hay muchos LGBTI en campos de refugiados de la frontera con Siria y se encuentran en una situación muy grave porque son rechazados por su condición sexual. Hay un chico iraní en nuestro centro que viene de Hatay (sureste del país). En un campo alguien descubrió su condición sexual, le forzó varias veces a tener sexo con él, lo pegó y le obligó a pagarle dinero para no contarle a su familia que era gay”, comenta Harris.

El veto de Trump ha impedido que Ramtin pueda viajar a EE UU, que le concedió asilo

El activista asegura que algunos refugiados iraníes se han adaptado y son felices viviendo en Turquía, pero son casos puntuales. Su condición de solicitantes de asilo no les permite tener un permiso de trabajo y a menudo son explotados. La mayoría intenta conseguir asilo definitivo en Europa o en América. Como Ramtin, que incluso, después de casi tres años en Turquía, lo consiguió a finales de 2016. Le iba a acoger Estados Unidos. Pero el viaje fue frustrado por el veto que el presidente estadounidense, Donald Trump, impuso a los ciudadanos de siete países musulmanes, entre ellos Irán. “No puedo aguantar más así. Primero me dijeron que tenía que esperar tres meses, luego parece que levantaron el veto pero llevo más de seis meses esperando. No puedo pensar en otra cosa. Solo quiero irme de aquí y sentir que mi vida avanza”, dice Ramtin.

Tras llegar a Estambul, donde ha tenido varios trabajos sin contrato, este joven de Teherán sobrevive ahora con ayuda de amigos, trabajando para ONGs y mediante el activismo político. “El activismo me ha salvado. Al llegar a Estambul estaba muy desmotivado, pero conocí a activistas turcos que me hicieron cruzar mis límites. Ahora mientras espero mi visado, puedo ayudar a otra gente, también mantiene mi mente ocupada”, asegura.

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Acerca del autor

Lara Villalón

@vm_lara

Periodista (Barcelona, 1992). Vive en Estambul.
Tras graduarse en la Universidad Ramon Llull y...

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