Mafiosos, ¡a votar!

 

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Palermo | Febrero 2018

El 4 de marzo, los mafiosos acudirán a votar. Votarán las listas y los candidatos que les resulten más simpáticos. Se acercarán a las urnas no solo de Palermo, sino de toda Italia. La mafia se ha extendido desde hace tiempo por todo el territorio nacional, después de haberse infiltrado en las regiones que hasta ahora les estaban vedadas. Alguna vez Sicilia y Calabria, Campania y la Puglia, representaban aquella ciénaga desolada y armada hasta los dientes que Giorgio Bocca esbozaba con páginas dramáticas para denunciar que el Estado estaba perdiendo su control del territorio. Hablamos de un cuarto de siglo atrás.

Ya no están aquellos curas heterodoxos que empleaban sus homilías para estigmatizar los crímenes

Giorgio Bocca ya no está. Y se nota la ausencia. Y hace rato que ya no existe tampoco aquella República “suya” –nos referimos al periódico La Repubblica, que tanto contribuyó a difundir y a reforzar la conciencia antimafiosa de todos los italianos. Ya no están, hay que recordarlos también, aquellos curas y aquellos obispos heterodoxos que empleaban sus homilías, sus pastorales, el momento de la confesión, para cristianamente estigmatizar los crímenes y la omertá, el hedonismo de los hombres de negocios y los rituales que eran pura apariencia. Así quedaron sin eco las duras palabras –hoy remachadas, convencidas, pronunciadas, diría uno, para una memoria futura– del papa Francisco.

Se fueron, hay que recordarlos también, grandes personalidades de la cultura y la política que dieron su opinión sobre el tema, e incluyeron los “valores antimafiosos” entre los valores esenciales de una sociedad moderna. En la Italia de hoy, un líder como Enrico Berlinguer, con su obstinación en imponer la Cuestión Ética en el centro de la agenda política, sería considerado “blasfemo” por parte de los maniquíes de lo políticamente correcto que triunfan por doquier, y hospitalizado de urgencia.

Ya no existe, desde hace tiempo, toda una izquierda que durante décadas hizo del empeño antimafia su buque insignia, su principal razón de ser, su deslumbrante tarjeta de visita.

Todo eso ha pasado no porque la mafia, mientras tanto, saliera de escena hasta el punto de desaparecer.

Todo eso ha pasado no porque fuesen insignificantes los golpes represivos anotados por miles de policías, carabineros, policía tributaria, magistrados, testigos valientes e incluso colaboradores de la Justicia. Todo lo contrario.

La política ha sido arrollada por la Mafia, se ha visto infiltrada por aquellos sujetos criminales

Todo eso, en definitiva, no ha pasado por que hubiera un déficit de conciencia civil, por una rendición incondicional de quienes en otras épocas, en otras estaciones, habían creído en ello.

Todo eso ha pasado porque la política se ha desbordado, ha sido arrollada por la Mafia, se ha visto infiltrada por aquellos mismos sujetos criminales a los que le competía arrinconar para siempre.

Serán los historiadores, pero los de un futuro todavía muy lejano, quienes deban explicarse a fondo los nefastos frutos del andreottismo que perduran todavía hoy.

Giulio Andreotti fue siete veces presidente del consejo que no tuvo reparos –palabra del Tribunal Supremo– en encontrarse con los Bontade y Riina en la astuta ilusión de que la “palabra democristiana” pudiera dominar a la “palabra de Cosa Nostra”, la de las armas y los atentados.
Y sin embargo Andreotti, en comparación con ciertos políticos de hoy, parece una inmaculada florecilla del campo dentro de una selva de cactus y de cardos.

Sabemos cómo ha sido.

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Acerca del autor

Saverio Lodato
Periodista (Reggio Emilia, 1951). Vive en Palermo, como reportero y ensayista especializado en temas de la...

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