«Tener fe solo sirve para convertirnos en ciegos»

Andrés Ibáñez

 

Tengo entendido que toca jazz al piano. ¿Hay músicas más propicias que otras para alcanzar esa paz interior?

No lo sé. La música puede ser una forma de meditación, y hay muchas culturas que la usan. En África, el ritmo se usa para entrar en trance. O bailar y cantar durante horas, como los derviches giróvagos en Turquía, los indios americanos… La música es probablemente el lenguaje más antiguo que conoce el hombre. El orfismo es una cultura musical, una visión del mundo como música. En el yoga hay una técnica que consiste en cantar mantras en grupo durante media hora, una hora, dos, un día entero, es una forma de meditar.

Hemos hablado antes de pasada de las religiones. ¿Ha cambiado mucho su papel, y su poder, en la tarea de buscarse un alma?

«Las religiones se han convertido en algo reaccionario que nos llena de normas, miedos, prohibiciones»

No quiero ofender a nadie, hubo un momento en que las religiones tuvieron un papel evolutivo, liberador, pero en la mayoría de los casos se han convertido en algo reaccionario, que coarta la libertad, nos llena de normas, de miedos, de prohibiciones, de ritos externos. No creo que sean necesarias. De hecho, a menudo las personas más horribles de la sociedad, como tienen el alma podrida y oscura, y necesitan algo de luz, dicen: Uy, religión. La búsqueda interior no puede hacerse desde la religión. Tiene que ser algo libre y personal. Las creencias son un verdadero problema. Uno no puede investigar con creencias previas. Tener fe o creencias solo sirve para convertirnos en fanáticos, ciegos y sordos.

No recomienda sustituir la meditación por el rezo…

Cada uno tiene que hacer lo que crea que es lo mejor para él. En el rezo, claro está, hay una parte de tradición heredada, de lo que aprendiste de tus abuelos. Son cosas muy diferentes.

A veces hablamos de cultura (“la España de las tres culturas”) cuando en realidad queremos decir religión, ¿no cree?

A veces pasa, que la cultura se mezcla con las nociones de raza, y de religión. Es bueno que en Europa no exista ya el concepto de raza. Pero una cultura es una construcción a través de los siglos, que crea un sistema de valores. En nuestra cultura es importante la religión cristiana, pero también el pensamiento griego, y la Ilustración, la democracia… El cristianismo ha traído la cultura laica, que surge directamente de los escritos de San Pablo. Nuestra cultura se basa en la libertad del individuo. Así, nadie tiene la verdad absoluta, y estamos obligados a ponernos de acuerdo. Eso está conectado con la idea del cristianismo, de ayudar al otro y renunciar a la venganza. Ese es el germen del mensaje de Cristo, que es un maestro como Platón o Gandhi o Whitman.

¿Es usted optimista respecto al destino del mundo?

«Pensamos que el mundo es horrible, pero cada vez hay más sensibilidad hacia el dolor de los demás»

Si miramos el mundo, está cada vez mejor. Nos encanta decir que es horrible, pero cada vez hay menos dictaduras, menos guerras y más sensibilidad hacia el dolor de los demás. Antes, los muertos en un atentado o en una guerra parecían lo normal. Ahora se considera una tragedia internacional, y es bueno que así sea. Pero nos confundimos y pensamos que nunca hemos vivido peor. Claramente entramos en una época de más corazón, de más compasión, y hay más sensibilidad que nunca en aspectos como la violencia contra las mujeres, que antes pasaba desapercibida.

Ha venido usted a Sevilla a hablar de Nabokov. Me preguntaba si la actual ola de neo-puritanismo no podría alterar la lectura que se ha venido haciendo de Lolita.

¿Por qué habría de hacerlo?

Azar Nafisi ya hizo una lectura crítica de esa novela en Leer Lolita en Teherán

Hay una tentación de juzgar a todo el mundo, y la corrección política llega a todo. La libertad es la cosa más difícil del mundo, pero cuando en nombre de la libertad se empieza a poner todo tipo de normas… se mata la libertad también. Lolita es una de las historias de Nabokov de víctima y verdugo. Es una defensa del débil, del que no tiene voz: representa a los niños, a los pobres, a los derrotados, a los que están sometidos. Todo lo vemos a través de los ojos de su raptor, pero se trata de un libro profundamente humano. Sus dos grandes temas son la crueldad y la dialéctica del verdugo y del esclavo.

Acabando con la meditación, ¿cómo recomendaría empezar a quien esté interesado?

Cada uno empieza a su manera, uno con un libro, otro buscando un sitio de meditadores… Es importante encontrar un grupo, alguien que sepa más que tú. Puedes empezar solo, pero hay un montón de fuerzas que te distraen, y el silencio del grupo te lleva al lugar adecuado. Para llegar a eso hay caminos muy duros, y otros suaves. El de la meditación es suave.

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Acerca del autor

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.
Tras trabajar en la...

Andrés Ibáñez
 
 

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