Los dineros del imam

 

Por ello, las autoridades holandesas buscan trazar la corriente de dinero, aunque esta tarea no ha resultado ser fácil. A petición oficial, la consultora Rand hizo un intento de examinar la financiación de las mezquitas, y el resultado de la investigación, en 2015, llevó a una gran decepción: las mezquitas no son transparentes y su financiación es inaccesible. En respuesta hay quien pide una prohibición general de la financiación extranjera, especialmente del Golfo, de las mezquitas situadas en Holanda.

Sin embargo, el ministro de Asuntos Sociales, Lodewijk Asscher, ha reiterado en varias ocasiones que esta opción va en contra de la libertad de religión. “Las comunidades religiosas tienen la libertad de atraer fondos de su país y del extranjero. El Gabinete explora las posibilidades de limitar la financiación extranjera no deseado a través de la ley”, aseguró.

La embajada de Qatar en La Haya ha enviado 200.000 euros a una mezquita danesa radical

Holanda sirve incluso de país de tránsito para el dinero hacia otros países europeos. A principios de 2017 se hizo público que la embajada de Qatar en La Haya había enviado el año anterior unos 200.000 euros a la polémica mezquita danesa Hamad bin Khalifa, considerada una de las más grandes de Europa. Ese templo fue denunciado por propaganda radical y por intentar imponer la ley islámica entre los musulmanes residentes en Dinamarca. Se trata de un complejo de 6.700 metros cuadradas, levantado gracias a 20 millones de euros entregados por Qatar. Lleva el nombre de su emir. Qatar no tiene representación diplomática directa en Dinamarca y son los cargos consulares de La Haya quienes se encargan de la comunidad qatarí en el país escandinavo.

Said Bouharrou, religioso y portavoz de las mezquitas marroquíes en Holanda, también advierte sobre la creciente expansión de las ideas salafistas en toda Europa. El salafismo es una corriente fundamentalista que no representa a la mayoría de los musulmanes –razona- pero que ha declarado una guerra por el poder en las mezquitas.

“Ellos ven su fe como la más pura y única forma de seguir el islam verdadero, y así se lo hacen saber a los creyentes. Lo que ellos predican realmente no es tolerancia ni respeto, eso se ve en sus opiniones sobre las mujeres o su rechazo a la música. El problema es que el salafismo radical está ya en todos lados y está poniendo en peligro a nuestros jóvenes, vulnerables a los sermones de sus jeques radicales. Solos no podemos luchar contra ellos”, afirma Bouharrou.

“Quieren ese dinero para tener más influencia en las mezquitas, y así llegar a más creyentes”

El religioso advierte contra la financiación extranjera “a cualquier institución nacional”, tanto religiosa como política, porque considera que eso “solo tiene el objetivo de influir en la ideología” de la organización. “Quieren ese dinero para tener más influencia en las mezquitas, y así llegar a más creyentes, a más jóvenes. Tienen ideas y sermones radicales y muy intolerantes”, alerta Bouharrou.

La lucha contra la fundación Al Fitrah continúa. Como las libertades ancladas en la Constitución neerlandesa no permiten cerrar el centro, el Gobierno ha visto su tabla de salvación en una decisión judicial sobre el alquiler del espacio que ocupaba el centro salafista. El propietario del edificio acudió a los tribunales en varias ocasiones para poner fin al contrato y para exigir el pago de 24 meses de alquiler, que nadie depositó desde que se firmó el acuerdo en 2015. En verano pasado, por fin, la Justicia parecía terminar con la pesadilla del Gobierno: dio a la fundación un plazo hasta finales de septiembre para cerrar sus puertas y rendir cuentas, acorde al contrato. El 4 de octubre, insistió una última vez: la evacuación era inminente.

Al día siguiente, el 5 de octubre de 2017, el imam Suhayb Salam acudió al notario y puso en la mesa 1,8 millones de euros… para adquirir el edificio entero, activando una opción de compra que figuraba en el contrato. Las deudas quedaban saldadas, y la fundación Al Fitrah se convirtió en propietario de su espacio. Nadie quiso divulgar de dónde había sacado de repente el dinero, tras atrasar tanto el pago de alquiler. La prensa asegura que detrás había “un inversor holandés”. Solo quedaba claro que el salafismo ha llegado para quedarse.

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Acerca del autor

Imane Rachidi
Periodista (Chauen, 1991). Vive en La Haya.
Nacida en Marruecos, Rachidi se traslada en 2002 a España, donde...

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