Qué odioso era mi kibbutz

 

Amos Oz
Tierra de chacales

Género: Novela
Editorial: Siruela
Páginas: 276
ISBN: 978-84-1715-121-8
Precio: 24,95 €
Año: 1965 (2017 en España)
Idioma original: hebreo
Traducción: Raquel García Lozano
Título original: ארצות התן (Tierras de chacales)

Hay escritores que escriben una novela, y ya: con esto basta para la inmortalidad (véase Juan Rulfo). Hay otros que se pasan la vida entera escribiendo la misma novela una y otra vez. Con suerte, escriben dos, como mi adorado Juan Marsé (nunca repitió la Muchacha de las bragas de oro: es irrepetible).

Tras leer dos obras de Amos Oz es pronto para juzgar si pertenece a la categoría de los uninovelistas. Lo que sí puedo decir es que el avispero retratado en Quizás en otro lugar (1966) y el del tomo de relatos Tierra de chacales (1962-1965) es el mismo. Coinciden ambientación, tono, lenguaje, tramas. Si usted ha leído uno, ha leído el otro.

Esa atracción sexual que le parece fascinar a Amos Oz: la chica odia al objeto oscuro de su deseo

En otras palabras, podría simplemente copiar aquí mi crítica de la novela susodicha. Incluyendo la observación respecto al rol de los palestinos (“los árabes”) como “enemigo amorfo, universal, presencia ineludible pero reducida a un cañón de arma, a un blanco al fondo de un cañón de arma, inexistentes como humanos” o respecto al “lenguaje épico, lenguaje hermoso, de altos vuelos”. Porque “aquella generación de escritores israelíes, prácticamente la primera que utilizaba para la literatura el hebreo, tenía como único ejemplo literario la Biblia. Y se nota”. Así nos lo explicó Etgar Keret, y si acaso lo dudaban ustedes, no tienen más que hojear el último relato del tomo que nos ocupa (‘En esta mala tierra’).

Pero prefiero copiarle la técnica a José M. López, autor en Estado Crítico, e ir puntuando los relatos uno por uno, para luego sacar la media aritmética. Aunque a diferencia de López, quien juró no volver a a leer a Murakami en su vida, si salía menos de un cinco, sí estoy dispuesto a concederle a Oz algunas oportunidades más: dos libros es poco para juzgar, insisto.

Tierra de chacales‘: Aquí tenemos la historia de atracción sexual entre la chavala adolescente y el tipo raro del kibbutz que podría ser su padre (y que para añadirle interés tal vez lo sea de verdad) que ya conocemos de Quizás en otro lugar. Ese tipo de atracción sexual que le parece fascinar a Amos Oz, en la que la chica odia al objeto oscuro de su deseo, o al menos no para de decírselo, sin hacer lo que debería hacer: coger e irse. Lo que no perdono es que la descripción del polvo que echan – incluso la información de que lo echan – se resume en ese salto de renglón que hay entre el final de la frase “…respondió con oleadas de nostalgia.” y el inicio de la siguiente: “Después…” (Un 6).

En ‘Nómadas y víbora‘ tenemos la misma atracción sexual: la de una chica por un chico que no debería gustarle en absoluto. Solo que esta vez, en lugar de ser un kibbutznik raro que podría ser su padre es algo peor: un nómada árabe, un enemigo. Lo que no perdono es que el polvo que echan – incluso la información de que lo echan – se resume en ese salto de renglón que hay entre el final de la frase “…verdoso, venenoso, y que no dicen nada. Es de noche.” y el inicio de la siguiente: “Y después, el árabe le da la espalda…” Más tarde, ella dirá que fue violación. (Un 4, no por malo sino por copión).

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Acerca del autor

Ilya U. Topper

@ilyatopper

Periodista (Almería, 1972). Vive en Estambul, donde trabaja para la Agencia Efe.
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