Se fugan los años sesenta

 

Sorry, this entry is only available in European Spanish. For the sake of viewer convenience, the content is shown below in the alternative language. You may click the link to switch the active language.

opinion

 

Al despertar el martes 5 de diciembre, recibí un sms de una amiga que, en un primer momento, me alarmó: “¡Qué dolor! Mi amigo ha muerto”. Yo, inquieto: “¿Quién?”. “Mi amigo Jojo”. No escucho la radio por la mañana, por eso tardé unos segundos en entender que se trataba de Johnny Hallyday. “Duele tanto como cuando murió mi hermano”.

Es difícil entender la emoción desatada por la muerte de Johnny en Francia. El rockero era prácticamente un desconocido fuera de Francia y del área francófona. Pero el 100% de los franceses saben quién era, y todos conocen varias de sus canciones.

Johnny era como un hermano para millones de francesas y franceses: ídolo de la clase obrera

Johnny Hallyday no tenía nada de norteamericano: se llamaba Jean-Philippe Smet y era de origen belga. Al inicio de los años sesenta, los productores apodaban a muchos debutantes con nombres de películas del Oeste, muy populares en aquel entonces: Johnny Hallyday, Dick Rivers, Eddy Mitchell, Mike Brant, Sheila, Ringo… No todos cambiaban de nombre: el elenco se completa con Sylvie Vartan (casada con Johnny ante el acoso de todos los medios, como ocurrió con la boda de Sheila y Ringo), Françoise Hardy y Jacques Dutronc (otra pareja mítica), Claude François, Christophe, Michel Polnareff, Barbara, Antoine, Michel Delpech, France Gall…

Casi todos estos artistas irrumpieron al mismo tiempo gracias al impacto de la televisión, cuya presencia se fue generalizando en los años sesenta, que difundía programas de “variétés” y concursos para jóvenes cantantes. La tele inventó la ola “yé-yé”, como llegaron a ser calificados los que cantaban versiones en francés de hitos norteamericanos: Johnny Hallyday y Sylvie Vartan fueron los más destacados.

Johnny era como un hermano para millones de francesas y franceses. Algunos comentaristas han considerado que solo era querido y acompañado en su entierro por la gente “blanca”, en una lectura racializada del pueblo que ya empleó Olivier Todd para “analizar” el movimiento Je Suis Charlie. Tal inclinación ideológica, disfrazada de sociología, a identificar la raza como rasgo fundamental del comportamiento, se ha vuelto corriente en importantes sectores de la izquierda. Yo conozco a bastante gente de origen argelino o marroquí – con quienes he crecido – que lo idolatraban, como para poder afirmar que Johnny Hallyday era, sencillamente, el ídolo de buena parte de la clase obrera, es decir, hoy en día, millones de paradas y parados.

Con Johnny los medios escenificaron el “sueño americano” a la francesa

Johnny empezó como representante de los jóvenes gamberros, que destrozaban la sala de L’Olympia en sus conciertos, se gastaban su sueldo mínimo del trabajo en la fábrica para comprar una moto e ir a emborracharse y pelearse en bares del barrio de La Bastille en París. Su fama cobró una dimensión especial con la escenificación del cuento de su vida, marcada en sus inicios por el abandono de su padre y una infancia sin ver a su madre, su gran belleza de varón y su personalidad singular mezclando violencia en su cante, virilidad en su actitud, timidez y aparente buena educación cuando contestaba a entrevistas.

Con Johnny los medios escenificaron el “sueño americano” a la francesa: Johnny en Harley Davidson recorriendo la ruta 66 de EEUU, Johnny tumbado en su limusina, drogado y borracho, Johnny conquistando actrices y modelos, agregándolas a su colección, Johnny y su yate lujoso, su casa en Los Ángeles y su chalé en la isla caribeña francesa de Saint-Barth’, allí tomando copas con sus vecinos: celebridades francesas, corruptos y evasores fiscales… como él.

La gente que lo amaba tenía su edad, y los hijos e hijas de esos primeros fans entregados y otra generación más heredaron esa devoción sorprendente. Johnny se convirtió en el que conseguía la vida que ellos sonaban, cumpliendo ese sueño de éxito individual total mientras ellos seguían viviendo su condición modesta de obrero o empleado. Tal sueño no aparece tan amable, progre, generoso y solidario como suele ser la clase obrera soñada por la mística revolucionaria y filmada por Ken Loach.

1 2 3Página siguiente

 
 

About the author

Alberto Arricruz

@Alberto03021962

(Paris, 1962) Hijo de emigrantes sevillanos, trabaja en Francia de funcionario en cuestiones...

Tags

,

Related Posts

Se fugan los años sesenta
 
 

0 Comments

You can be the first one to leave a comment.

 
 

Leave a Comment