El incendio de la corrupción

 

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Espacio conmemorativo de las víctimas de Colectiv (Ago 2016) | © Miguel Ángel Sánchez

Espacio conmemorativo de las víctimas de Colectiv (Ago 2016) | © Miguel Ángel Sánchez

Bucarest | Agosto 2016

Bucarest, 30 de octubre de 2015. El grupo de rock Goodbye to Gravity presenta su último disco con un concierto en el Club Colectiv. Antes del descanso estallan fuegos artificiales. La espuma que cubre una columna se incendia. Las llamas se extienden al techo rápidamente. En menos de dos minutos la sala es un infierno. “Hay un incendio…. Nos estamos quemando vivos…”. La voz de la llamada al 112 se mezcla con los gritos de horror y el rugido del fuego.

Mihai Grecea respira hondo antes de empezar a hablar. “Básicamente nos freímos. Yo estaba de cara e intenté cubrirme con las manos. Subí la cámara intentando protegerme el rostro. Perdí parte de la oreja, pero al menos todavía funciona… Se me abrasaron las manos. Sabía que tenía que agacharme pero me daba miedo que la gente me pasara por encima. En ese momento me di cuenta de que podíamos morir allí”.

El incendio en Colectiv mostró los trapos sucios de una democracia que pelea por acomodarse en la UE

Grecea, realizador de vídeo, era amigo de los componentes de la banda. Aquel día grababa para ellos la presentación en el Club. Él sobrevivió, pero 64 personas perdieron la vida, muchos de ellos amigos y conocidos de Grecea. En las calles de Bucarest, las mayores protestas desde la caída del comunismo en Rumanía acabaron con la dimisión del Ejecutivo y del primer ministro socialdemócrata Victor Ponta. La palabra más escuchada fue corrupción. Colectiv parecía convertirse en el símbolo que los rumanos necesitaban para unirse contra la epidemia que asuela el país.

Grecea cree que las protestas fueron “una buena excusa para que un gobierno corrupto dimitiera”. “Fue una buena escenificación de cara a la galería. ‘Oh, es una demanda popular, tenemos que dimitir…’ Pero el exprimer ministro estaba tan salpicado… fue una buena salida para él”, concluye.

El más corrupto de la UE

Rumanía es el país más corrupto de la Unión Europea en la lista de Transparencia Internacional 2015. Y el segundo más pobre, según Eurostat. A finales de 2014, se habían registrado más de 6.600 casos de corrupción. Entre ellos el del primer ministro socialdemócrata Victor Ponta, que dimitió tras el incendio de Colectiv, cediendo el cargo a Dacian Ciolos, un tecnócrata excomisario de Agricultura de la Comisión Europea. Ponta estaba siendo investigado por blanqueo de dinero, evasión fiscal, falsedad de documentos y conflictos de intereses y el presidente Klaus Iohannis, líder del Partido Nacional Liberal, había pedido su dimisión sin éxito. La Constitución rumana garantiza inmunidad parlamentaria a senadores y diputados, que no pueden ser imputados sin el acuerdo de la Cámara.

Colectiv puso sobre la mesa los trapos sucios de una democracia que pelea por acomodarse en la Unión Europea a la que se unió en 2007, mientras, en casa, muchos consideran que no podrá hacerlo sin quitarse de encima esos lastres heredados del comunismo. El Club no tenía permiso para grandes aforos ni las salidas necesarias, y usaba materiales inadecuados de construcción, como aislamiento no ignífugo. Según Mihai Grecea, un espejo de cómo se hacen las cosas en Rumanía: “Saltándose las leyes”. “Los dueños del club, ávidos de dinero, sobornan a las autoridades y tienen sus permisos y licencias para el club incluso si no está todo bien”, explica.

La vuelta del Gobierno de antes

Las elecciones parlamentarias del 11 de diciembre no trajeron sorpresas: dieron la victoria al PSD con un 45 por ciento. “Tenemos elecciones. Víctor Ponta fue forzado a dimitir, pero el mafioso Liviu Dragnea, el presidente de su partido, es todavía más popular”, se queja el realizador Mihai Grecea. Dragnea, un exministro de Desarrollo Regional, había sido condenado a dos años de cárcel por fraude electoral. Su mayor rival era Dacian Ciolos, primer ministro en funciones, que se presentó con una candidatura independiente apoyada por dos formaciones conservadoras: la Unión para Salvar Rumanía (USR) y el Partido Nacional Liberal (PNL), que juntos consiguieron el 29 por ciento de las papeletas.

El presidente rumano, el conservador Klaus Iohannis, que ha declarado la guerra a la corrupción, anunció que se opondría al nombramiento de Dragnea como jefe del Gobierno, así que el PSD propuso primero a la exministra Sevil Shhaideh, perteneciente a la minoría tártara, y al ser rechazada, al exministro de telecomunicaciones, Sorin Grindeanu, que juró su cargo el 30 de diciembre. Para Grecea no hay diferencia: “Víctor Ponta quizá no gane pero él es el señor de las marionetas”.

N.T. / I. U. T (Enero 2017)

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Nuria Tesón
Periodista y escritora (Zamora, 1980). Vive en El Cairo.
Tesón ha trabajado para varios medios españoles en...

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