El frágil refugio de los gays iraníes

 

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Refugiados iraníes LGBTI se manifiestan en Estambul (Mayo 2017) © Lara Villalón

Refugiados iraníes LGBTI se manifiestan en Estambul (Mayo 2017) © Lara Villalón

Estambul | Septiembre 2017


Ramtin corre a abrazar a Sina
y le presenta ante el resto de sus compañeros. Como casi todos los demás, Ramtin y Sina son refugiados que viven en Turquía para escapar de la persecución que les esperaba en su país.. y de una posible pena de muerte. Son gays. Y son iraníes.

“En Irán tenía una buena vida. Una buena familia y amigos. Tenía un buen trabajo y reputación, pero alguien denunció al gobierno que yo era gay y tuve que huir”, relata Sina Kiani, un joven cineasta, que ha venido desde Denizli, una ciudad del suroeste de Turquía. “Llevo tres años aquí. Ahora sobrevivo con ayuda de amigos que me pasan trabajos de edición de vídeo, de fotografía”.

Sina y Ramtin se encuentran con otros compañeros en la sala de un hotel en Estambul, lugar de una reunión organizada por la asociación kurda Hevi LGBT. Para algunas es la primera vez que se encuentran con otras personas de su misma condición fuera de las redes sociales o de citas esporádicas en algun café. Venir a Estambul es un soplo de aire fresco para muchos.

“Apenas salgo a la calle durante el día y nunca por la noche porque me da miedo que me ataquen”

Denizli, aunque no forma parte de la franja más religiosa de Anatolia, “no es un sitio seguro para refugiados LGBTI”, asegura Ramtin. Aunque allí hay cerca de 400 iraníes, los refugiados gays “sufren amenazas por parte de los locales, que son muy conservadores, y a veces por parte de otros iraníes homófobos”, añade. Sina Kiani lo sabe bien: allí realizó, gracias a una fondos de la Comisión Internacional de Derechos Humanos de Gays y Lesbianas (IGLHRC) el documental The Life of LGBT. En él trata la aceptación personal de su identidad sexual, la relación con la familia, con la comunidad, la huida a Turquía…

“La vida en Denizli es muy dura. La ciudad es muy conservadora. Apenas salgo a la calle durante el día y nunca por la noche porque me da miedo que me ataquen. Es evidente que soy gay”, explica Sina. Pero no tiene mucha opción: está registrado como refugiado en el ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados) pero no como “refugiado por motivos de inclinación sexual”. “Mi familia sabe que vivo aquí como refugiado, pero algunos de mis parientes ignoran que soy gay, por eso me registré solo como refugiado”, explica el cineasta.

También Ramtin llegó a Turquía tratando de huir de un conflicto con su familia por su condición sexual, después de que él tomara conciencia de su identidad gay. “La película Harvey Milk me ayudó a querer dar un paso adelante y mejorar mi vida. Me enseñó que siempre se puede encontrar una comunidad que te apoye, que te respalde, y juntos podemos cambiar muchas cosas. Mi tío me compró un billete de avión para Turquía porque para este viaje no necesitaba visado”, explica Ramtin.

“Conozco casos de homosexuales que se han cambiado de sexo para poder seguir viviendo en Irán”

Turquía albergaba en enero pasado unos 31.000 solicitantes de asilo procedentes de Irán, el tercer mayor colectivo tras Iraq y Afganistán (los tres millones de sirios no pasan a través del registro del ACNUR). Los motivos pueden ser muy diversos: actividad política, conversión a la religión cristiana – normalmente protestante – , algo tan sencillo como tocar la guitarra en un grupo considerado subversivo por su música, o inclinación sexual.

La homosexualidad es delito en Irán y se puede castigar hasta con la pena de muerte, si se demuestra un acto de penetración entre hombres. La ley prevé 100 latigazos para actividades lesbianas. Por otra parte, la transexualidad se considera una “enfermedad”, y el gobierno facilita el cambio de sexo. Por eso, algunos homosexuales reciben presiones de su familia para someterse a la operación quirúrgica y así evitar un castigo. “Conozco casos de homosexuales que se han cambiado de sexo para poder seguir viviendo en Irán. No creo que sea una solución: arrastran muchos problemas psicológicos. Algunos se han suicidado”, comenta Naima, una mujer iraní lesbiana que vive en Eskisehir, en el noroeste de Turquía.

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Lara Villalón

@vm_lara

Periodista (Barcelona, 1992). Vive en Estambul.
Tras graduarse en la Universidad Ramon Llull y...

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