«ETA tenía un trato reverencial con la Iglesia Católica»

José María Bandera

 

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Jon Juaristi (Sevilla, Mayo 2018) | © Sara Buzón

Sevilla | Mayo 2018

Jon Juaristi (Bilbao, 1951) recibe a MSur en la caseta de su editorial, Renacimiento, en la Feria del Libro de Sevilla, donde firma ejemplares de su última antología poética, Sonetos de la patria oscura. La capital hispalense, que vive una tarde primaveral, no le es en absoluto ajena. Aquí vivió un par de cursos de su juventud. “Tengo recuerdos confusos, fueron años muy intensos y muy caóticos, el curso 68-69, y 69-70. Los años del consejo de Burgos, de Vilar Palacín…”, evoca.

Militante de una incipiente ETA en su adolescencia, acabó siento amenazado por el entorno abertzale, aunque nada le impidió seguir escribiendo sobre el País Vasco, su historia y sus gentes: El linaje de Aitor. La invención de la tradición vasca (1984), Literatura vasca (1987), Vestigios de Babel. Para una arqueología de los nacionalismos españoles (1992), Auto de Terminación: raza, nación y violencia en el País Vasco (1994), El chimbo expiatorio (la invención de la tradición bilbaína, 1876-1939) (1994), El bucle melancólico. Historias de nacionalistas vascos (1997), Sacra nemesis. Nuevas historias de nacionalistas vascos (1999), La tribu atribulada. El Nacionalismo Vasco explicado a mi padre (2002)…

Poeta, novelista, traductor, posee entre otros el premio Nacional de Literatura y de Ensayo, el Fastenrath, el Comillas y el Espasa. Reside actualmente en Alcobendas, desde donde, asegura, “puedo ver allá a lo lejos Euskadi”.

Quienes visitan hoy el País Vasco no encuentran ni rastro de la melancolía de su famoso bucle, al menos a primera vista. ¿Ha desaparecido?

«Todo lo que pasó en el País Vasco ha servido pagar menos impuestos»

Chico, no lo sé, contra la melancolía actúa el olvido, que tiene sus ventajas y desventajas. Si olvidas lo que ha pasado, puede volver a pasar. El País Vasco se ha vuelto bastante soso, afortunadamente para ellos. No va a ser un país de héroes o guerreros, como se jactaban algunos, sino un país de cocineros, de pinchos, dedicado a la gastronomía.

¿Todo era, al final, cuestión de dinero?

Sí, de mantener un privilegio. Al final se trataba de no ponerse a la altura de las demás comunidades, no despertarse un día siendo españoles normales. Todo lo que pasó ha servido para dos cosas: para eliminar al Estado del ámbito vasco, para que se desvanezca su presencia y hagan de su capa un sayo. Y para pagar menos impuestos. Para eso ha servido ETA, para hacer desistir a los opositores de vivir allí, y aceptar a los demás partidos algo que era el proyecto de Sabina Arana, y que Arana llamaba “de Euskadi” a secas. Por eso ahora todos los partidos que hay son de Euskadi, PP de Euskadi, PSOE de Euskadi…

¿No era ya, en cierto sentido, una comunidad privilegiada?

«Lo que define la identidad vasca no es la raza ni la lengua, sino el fuero, el privilegio»

Ya era comunidad privilegiada anteriormente, pero han logrado blindarla y dar un escarmiento a todos aquellos que pensaban que aquello podía funcionar como una democracia, con una isosnomía, una normalidad a la española. Nunca en el país Vasco, desde el siglo XVI, se ha admitido eso. Ya lo definió muy bien el propio Urkullu: “Nosotros lo que somos es una nación foral”. Es decir, lo que define la identidad vasca no es la raza ni la lengua, sino el fuero, privilegio, la posibilidad de hacer lo que queramos.

Dicho así, ¿se diría que ETA ha sido un éxito?

Sí, yo acuñé hace tiempo una expresión que creo que sigue siendo válida: los nacionalistas vascos siempre pierden para ganar, convierten la derrota en una victoria, se presentan como una comunidad mártir y sobre todo como objeto de una ofensa irreparable por parte de España. ¿Por qué? Porque dentro del propio nacionalismo español, los vascos también tienen un papel privilegiado. Representan la España primitiva, la España anterior a España, lo que garantiza la existencia de una España eterna. Pueden ser la expresión de la españolidad más acrisolada, o de la antiespañolidad. Es complejo, pero esto se ha saldado con una victoria relativa, una paradójica victoria del nacionalismo vasco.

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Alejandro Luque

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Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.
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