kurdo

 
El diario kurdo Azadiye Welat, en una manifestación en Estambul (2011) |  © I. U. T /M'Sur

El diario kurdo Azadiye Welat, en una manifestación en Estambul (2011) | © I. U. T /M’Sur

El kurdo es un idioma iraní, hablado por unos 25 millones de nativos en Turquía, Iraq, Irán y Siria. Junto a las lenguas caspias —de las que algunas se consideran a veces dialectos del kurdo— forma parte de la rama iraní noroccidental. Aunque el kurdo se diferencia claramente del farsi, el parentesco entre ambas lenguas puede permitir cierta comunicación rudimentaria.

Se suelen diferenciar dos dialectos del kurdo: el kurmanyi, hablado en Turquía, Siria, el noroeste de Iraq y el norte de Irán, y el sorani, hablado en la mayor parte del Kurdistán iraquí y la región fronteriza occidental de Irán. La diferencia entre ambas es bastante significativa y dificulta  la comunicación entre kurdos turcos e iraquíes. Técnicamente se podría hablar de dos idiomas distintos, aunque cercanos, si bien los hablantes de ambas variantes insisten en llamar “kurdo” a su idioma y en considerarlo una lengua única.

Es de suponer que las diferencia se irá reduciendo en el futuro, dado que los programas de televisión emitidos desde Erbil y Suleimanía en sorani son también muy populares entre los kurdos de Turquía.

El kurdo (en su forma sorani) es hoy la lengua oficial de la región autónoma del Kurdistán iraquí y es cooficial en Iraq, país donde lleva décadas formando parte de la vida cultural nacional: desde mediados del siglo XX existe una regular prensa nacional kurda y desde 1959, el kurdo se enseñaba en los colegios públicos de las zonas habitadas por kurdos, si bien sufría cierta vigilancia política y acoso entre los años setenta y ochenta. Desde 1991, la enseñanza del kurdo se ha vuelto a hacer universal en el Kurdistán iraquí, hasta el punto de que el árabe ya apenas se habla en esta zona.

En los otros tres países con importantes comunidades kurdas, el idioma ha sufrido durante las últimas décadas duras persecuciones. En Irán no se puede utilizar en la enseñanza, aunque existe una prensa local en esta lengua. Hasta el estallido de la guerra civil en Siria, Damasco prohibía la publicación de textos en kurdo, pero no perseguía su uso oral en la vida diaria. Desde 2012, la autonomía de facto establecida por las milicias kurdas en la Rojava, la parte nororiental del país, ha permitido la apertura de escuelas y academias para la enseñanza del kurdo, así como la difusión de periódicos.

Turquía aplicó durante décadas las más severas medidas de represión: declaraba inexistente el kurdo e imponía penas de cárcel por hablar o escribir en este idioma, bajo la extraña acusación de usar ‘un idioma que no existe’. Todo uso del idioma en los colegios —incluso para comunicarse con los padres— estaba vetado y hasta hoy hay denuncias por utilizar palabras kurdas en contextos oficiales.

La severa prohibición se fue relajando a inicios del siglo XXI. Se dejó de perseguir el uso del kurdo en la calle, en 2004 se legalizó la enseñanza del kurdo en academias privadas; en 2005 se inaguraron emisiones en kurdo en televisión y radio, aunque con severas limitaciones, y en 2012 se introdujo el kurdo como materia optativa en el segundo ciclo de la enseñanza primaria, aunque durante ese curso no se elaboró material escolar en kurdo ni había profesores formados.  En 2013 se permitió usar el kurdo en campañas electorales.

El kurmanyi, habitual en Turquía, se escribe en el alfabeto latino, mientras que el sorani, en Iraq, emplea habitualmente el alfabeto árabe. Esta diferencia contribuye a mantener cierta barrera entre kurdos a ambos lados de la frontera e impide a la población kurda en Turquía acceder a la amplia literatura kurda existente en Iraq.

El número total de hablantes kurdos es objeto de numerosas polémicas; la cifra de 25 millones es una aproximación, pero las estimaciones varían entre los 18 y los 35 millones. Dado que Turquía negaba toda existencia de una etnia o un idioma kurdo, los cálculos más antiguos son probablemente demasiado bajos, mientras que hoy, muchos defensores de un estado kurdo independiente tienden a inflar las cifras.

 
 
 

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