zoroastras

 
Templo zoroastra en Yazd, Irán | ©  Lluis Miquel Hurtado/ M'Sur

Templo zoroastra en Yazd, Irán | © Lluis Miquel Hurtado/ M’Sur

Los zoroastras, también conocidos como mazdeos, siguen una religión monoteísta con fuertes rasgos del dualismo: su cosmovisión se centra en la lucha entre las fuerzas del bien y el mal, entre el dios Ahura Mazda y el demonio Ahriman, aunque en la convicción que al final de los tiempos, el bien vencerá el mal.

El mítico fundador de esta religión es Zoroastro (o Zaratustra), que probablemente vivió en Persia oriental en algún momento del I milenio a.C., aunque es difícil de ubicar históricamente.  Más tarde, las creencias zoroastras influyeron las religiones monoteístas, sobre todo el judaismo. Los conceptos de dios y diablo, paraíso e infierno, juicio final y ángeles se encuentran todos en el zoroastrismo.

El libro santo del mazdaísmo es el Avesta (o Zend-Avesta), que contiene una colección de oraciones e himnos, escritas en lengua avéstica, una variante antigua de las lenguas iraníes, es decir relacionada con el farsi, aunque se cree que el idioma actual más cercano puede ser el osetio. Se trata de una lengua muerta, que únicamente se emplea en el contexto religioso zoroastra, y que emplea el alfabeto avéstico, desarrollado a partir del siriaco (arameo).

El elemento central del culto zoroastra es el fuego, por lo que a menudo se les califica de “adoradores del fuego”, aunque la lumbre es un mero símbolo de la divinidad, no un ser sagrado.  En los templos mazdeos, o delante de ellos, se mantiene viva de forma continua una llama. Las fachadas de los templos – como el de Yazd en Irán – muestran a veces un ser medio humano, medio águila, que representa al dios Ahura Mazda.

Otro detalle característico es la costumbre de no enterrar a los muertos ni incinerarlos – para evitar que contaminen fuego, tierra o agua – sino de exponerlos en torres construidas a este efecto, los llamados ‘dajma’, donde las partes blandas son devoradas por buitres, y los huesos se secan al sol, antes de ser recogidos al pie de la torre, donde se descomponen.  La costumbre fue gradualmente abandonada y reemplazada por algunos zoroastras, pero se mantuvo en ciertas comunidades de Irán hasta los años 70 del siglo XX, cuando fue prohibida por ley. En India continúa existiendo.

Yazd es uno de los principales centros de los zoroastros en Irán, y alberga a varias decenas de miles de mazdeos; otras comunidades existen en las ciudades de Kerman y Teherán.  Otras poblaciones importantes viven en India (donde se les conoce como parsis). También existen grupos minoritarios en Turquía. Pese a una creencia extendida, no hay hoy en día zoroastras en Azerbaiyán, y el famoso “templo de fuego” de Bakú es hindú, no mazdeo.

El zoroastrismo sirvió también de base para el maniqueísmo, una religión dualista que mezclaba elementos mazdeos con cristianos y budistas y en la temprana Edad Media se difundió por toda Asia Occidental y grandes partes del Mediterráneo, aunque hoy no quedan comunidades de seguidores.

 
 
 

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